El trato diferenciado del gobierno de Andrés Manuel López Obrador al Cártel de Sinaloa, exhibe no solo protección, forma parte de una estrategia de relevo generacional dentro de esa organización.

 

Quienes fueron durante décadas las figuras de esa y otras organizaciones criminales han desaparecido de la escena y solo dos sobreviven: Mario Ismael “El mayo” Zambada García y Rafael Caro Quintero.

 

Mientras el primero de ellos es considerado el jefe de Sinaloa, del segundo se divide claramente su actuación en dos etapas (antes y después de la cárcel) en donde es señalado como abierto enemigo de la DEA y ésta ubica sus operaciones en Sonora.

 

Ellos dos han trascendido una supuesta guerra oficial en contra de grupos del narcotráfico los últimos sexenios, cuyos saldos se ven claramente en el descabezamiento, fragmentación de organizaciones como los Valencia, la Familia Michoacana, el Cártel del Golfo, los Beltrán Leyva, Los Arellano Félix.

 

Pero el grupo originario de Sinaloa se ha mantenido, sus líneas de mando siguen bajo control de las familias de mayor poder a su interior y una línea de relevo ha comenzado a trazarse claramente.

 

Los Herrera, el modelo.

La necesidad de una vinculación más fuerte que lo legal, por tratarse de actividades ilícitas ha sido una de las características fundamentales para la sobrevivencia de algunas organizaciones criminales. La consanguinidad es una condición para la complicidad en esos grupos.

 

En la época reciente, fueron los Herrera en Durango quienes funcionaron bajo este modelo para traficar heroína desde los años 50 hasta los 80 del siglo pasado.

 

Bajo la jefatura de Jaime Herrera Nevarez, operaron lo que las autoridades norteamericanas y posteriormente la DEA denominaron el “freeway DurangoChicago” de la heroína.

 

Según el expediente de las autoridades norteamericanas (en México no fueron perseguidos) se trataba de una organización en la cual solo admitían familiares; eran sigilosos en su actuar; solo se dedicaban a traficar heroína, sus ganancias la reinvirtieron en nuestro país y no hay registro de matanzas o asesinatos.

 

La estructura se fragmentó, de su fundador casi nada se sabe (nunca fue detenido).

 

Posteriormente surgieron los Félix Gallardo; los Caro Quintero; los Carrillo Fuentes; los Arellano Félix; los Beltrán Leyva, Los Coronel Villarreal, los Guzmán Loera y etcétera.

 

A todos ellos les tocó todo el proceso de cambio de pasar de un sistema hegemónico en donde el narcotráfico era un negocio para ciertos sectores políticos y se le trataba como una enfermedad bajo control. Por la complejidad del fenómeno del narcotráfico es difícil asegurar que existe un capo de capos o un jefe de jefes. Han sobrevivido algunos.

 

Los herederos.

De esa generación de los años ochenta y del grupo predominante, el de Sinaloa, solo está vigente “El Mayo” Zambada, quien –según la versión oficial- hoy es un hombre de 72 años y alrededor de él se encuentran los parientes de otros de sus contemporáneos.

 

El Mayo es el jefe de ese clan, pero existen otros grupos (producto de la fragmentación de los últimos años) que se mueven con su propia estructura y su propia lógica.

 

En ese contexto, se percibe con claridad el trato diferenciado del gobierno de López Obrador a Sinaloa y el combate a otros grupos.

 

Mientras a un pariente de Caro Quintero lo detienen con un operativo militar impecable (Ver Video en Rio Doce https://youtu.be/XgwlkT-4BeA, a Ovidio lo liberan bajo el pretexto de un desastroso operativo de la Guardia Nacional.

 

Y la difusión de la boda de Giselle Guzmán Salazar en Culiacán con Edgar Cázares, sobrino de Blanca Margarita Cázares, La Emperatriz, señalada cómo parte del grupo del Mayo Zambada, confirma que al paso del tiempo han procurado estrechar esas relaciones entre las familias inmersas en esos ambientes.

 

Ha sido un proceso de varios años y entre los nombres publicados de esa nueva generación aparecen varios apellidos conocidos.

 

En marzo de 2017, de la cárcel de Aguaruto en Sinaloa (llamado Centro estatal de las Consecuencias Jurídicas del Delito) se fugaron cinco reos de alta peligrosidad y otros personajes del Cártel de Sinaloa. El más destacado era Juan José Esparragoza Monzón, alias El negro o El azulito.

 

Está identificado como hijo de Juan José Esparragoza Moreno, El azul, de ahí su apodo.

 

Los hermanos Jesús Alfredo; Archivaldo Iván Guzmán Salazar y Ovidio Guzmán López a quienes el gobierno norteamericano les concede “un papel significativo en el cártel”. Ninguno de ellos es mayor de 40 años.

Jesús Vicente Zambada Niebla, Vicentillo, (hijo del MayoZambada) está procesado en Estados Unidos y después de haber colaborado con las autoridades norteamericanas cumple una condena que ya casi llega a su fin. Por lo que se prevé, le darán otra identidad a él y a su familia y podría quedarse a vivir en Estados Unidos.

 

Hay otro cuyo rastro se pierde, Vicente Carrillo Leyva, hijo de Amado Carrillo Fuentes.

 

A diferencia de sus padres, esta generación ya fue criada en ese ambiente; algunos tienen estudios y varios de ellos están directamente involucrados en trasiego de drogas. Hoy, por lo que sabe, son el relevo generacional.

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No. 290

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