Los malos ejemplos e incongruencias de algunos políticos y gobernantes generan un hartazgo sobre los asuntos públicos que orillan a la anarquía, al cinismo, al populismo y a la falta de participación. Por ello cada vez es más necesario que haya políticos y gobernantes que a través de su congruencia, preparación y buen humor, recuperen la esperanza y el ánimo para construir procesos de bien común.

 

Hace casi 20 años, san Juan Pablo II constituyó y declaró “Patrono de los Gobernantes y de los Políticos a santo Tomás Moro”, a través de un Motu proprio “por el testimonio, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, (…) ejemplo imperecedero de coherencia moral.” Y porque “entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana.”

 

¿Cuántos políticos conocen capaces de mantenerse firmes y con buen ánimo frente al poder de un gobernante, al grado de preferir renunciar al más alto cargo de gobierno antes que actuar contra su consciencia, ser capaces de soportar aislamiento, pobreza, cárcel, e incluso las presiones de todos sus amigos, familiares y compañeros, y después ser condenados en juicio con falsos testigos para finalmente ser ejecutados por decapitación?

 

Recientemente he sido edificado por el testimonio de mujeres en la política que se han sostenido con valor y serenidad frente a presiones, infundios e injurias de sus propios compañeros por defender sus convicciones y mantener posiciones de acuerdo con su consciencia, o que han renunciado a puestos de gobierno por no avalar con su pasividad, la destrucción de instituciones.

 

El despliegue de capacidades de algunos gobernantes y líderes para minimizar el impacto en la salud y el empleo de los ciudadanos por la contingencia sanitaria, así como el trabajo de muchos servidores públicos que aún a riesgo de su salud mantienen funcionando servicios esenciales para la comunidad, también permiten observar la voluntad de atender a personas que sufren.

 

El buen humor manifestado en varios escritos como sus “bienaventuranzas” le permitió a santo Tomás ser querido y aceptado por sus contemporáneos, y la erudición, justicia y profesionalismo en sus actuaciones de gobierno le granjearon el respeto del rey, de otras autoridades y del pueblo. Su ejemplo invita a la excelencia en el trabajo y al buen trato de los servidores públicos para con sus conciudadanos.

 

El entorno político actual que se caracteriza por la posverdad, el dominio de la mentira, la manipulación, las “fake news”, y lo efímero de los temas, requiere de testigos que puedan conducirse con la verdad, con firmes convicciones y capacidad para atender problemas de raíz.

 

La postura del político populista privilegia el acceso al poder sin importar la verdad, prefiere las ocurrencias simplistas a las soluciones reales para los complejos problemas de cada país, estado o ciudad. Por eso le estorban las instituciones y las personas preparadas de pensamiento crítico que no se dejan llevar por ideologías, respetos humanos (el ¿qué dirán?) o (in)seguridades políticas y económicas.

 

La vasta cultura del santo inglés que festejamos esta semana, le permitió abordar los problemas integralmente, desde sus elementos políticos, legales, sociales y económicos, un verdadero humanista renacentista que puso al servicio de su comunidad su formación humana, religiosa y científica, su vida es ejemplo de un político preparado y comprometido en constante superación.

 

Les propongo tres claves para entablar una conversación con este modelo para los políticos y gobernantes de hoy: Sostener la verdad frente al poder; Utilizar la preparación al servicio de la persona; y llevar una vida de oración que incluya la oración del buen humor compuesta por el santo mártir Tomás Moro que el Papa Francisco acostumbra rezar

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No. 302

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