Nadie puede estar feliz con la información que se ha hecho pública sobre el resultado del PIB en 2019. Después de las promesas de crecimiento en la elección del 4%, del 2% para este año, y de la sorpresa internacional que ofrecía el presidente, el resultado del 0.01 por ciento nos habla de una leve recesión, recesión al fin, después de las advertencias sobre el estancamiento y el peligro de la caída. Pero eso no parece importarle al presidente de la República.

 

Cuando estuvo en la oposición, López Obrador no se cansó de criticar los periodos de crecimiento del 2%, y aunque en la era “neoliberal” de este siglo hubo una fuerte caída, ésta fue resultado de la crisis financiera en Estados Unidos por los famosos créditos hipotecarios que inflaron la bolsa y al final resultaron sin consistencia, provocando una crisis a nivel internacional. Pero en esta ocasión, la caída no corresponde a ninguna crisis externa, sino a causas internas.

 

Se puede alegar que todos los inicios de sexenio han registrado una caída, pero no de esta magnitud. Los cambios con que se inició el actual gobierno han provocado que la inversión se frene. La cancelación del Aeropuerto de Texcoco dio la gran señal preventiva y significó un alto costo para el propio gobierno en términos económicos que impidieron, entre otras causas, que hubiera inversión pública. Si a eso se añade la austeridad republicana y el desconcierto en el ejercicio del gasto público, no se podía esperar otra cosa.

 

Adicionalmente a los errores cometidos, y que fueron señalados públicamente por el secretario de Hacienda Carlos Urzúa, vino a ser la puntilla, pues era quien tenía la información, los datos correctos, el conocimiento de la forma como se estaban adoptando las decisiones y la falta de consistencia en muchos proyectos.

 

Las advertencias no fueron escuchadas por el presidente, quien fundado en “otros datos” fantasmas, pues nunca los ha hecho públicos, insistía una y otra vez que íbamos bien. Ni las previsiones de las calificadoras, los datos del Banco de México o de los organismos internacionales, llevaron a la reflexión o a la corrección. La insistencia de las mañaneras y el intento de generar esperanza para alentar la inversión, dieron resultado alguno. Lo único que se provocó, junto con otras mentiras que repite el presidente día a día, fue la pérdida de credibilidad en quien hoy dice que quiere mantener limpia y a salvo la investidura presidencial que él se ocupó de manchar cuantas veces pudo como opositor al gobierno.

 

Afirmar que pese a las cifras negativas hay desarrollo, porque el presidente insiste en tener otros datos, es una evasión que carece de valor concreto, pues el concepto de desarrollo comprende dimensiones que, aunque no son económicas, requieren de recursos para alcanzarse, tanto a nivel personal como regional. El incremento del ingreso al salario mínimo o la distribución de recursos a través de los programas sociales, pueden ayudar en algún aspecto a aliviar carencias, pero no necesariamente al desarrollo de las personas.

 

Por otra parte, el desarrollo tiene que ser regional y transformar las condiciones del entorno donde viven las personas. Resulta particularmente importante el concepto de marginación para detectar si aquellos que reciben recursos, también cuentan con un entorno transformado que les permita cambiar sus condiciones de vida.

 

Sería interesante saber, para tener otros datos, cuál es el índice de marginación en el país y qué ha ocurrido en las localidades de alta y muy alta marginación. Se trata de las llamadas condiciones estructurales que reproducen la pobreza multidimensional de las personas y cuya superación requiere de muchas transformaciones y de periodos prolongados de tiempo. Sería bueno saber qué ha hecho la actual administración, además de repartir dinero, para que se produzca ese cambio.

 

Recordemos que el reparto de dinero no resuelve por sí mismo la condición de pobreza. Por el contrario, si no se dan otros cambios como la educación, la salud y el empleo digno, a lo que dichas políticas conducen es a la generación de dependencia y al estancamiento personal, aunque puede haber excepciones que destaquen, pero no a nivel generalizado.

 

Si hay menos riqueza en el país, y la población crece, no parece fácil pensar que eso ha generado desarrollo. A conocer la realidad nacional contribuirá el Censo Poblacional 2020, pues nos proyectará un retrato de lo que hoy somos, aunque su conocimiento cabal tardará algo de tiempo.

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No. 283

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