En la era de la comunicación se ha llegado a decir que aquél que no está en los medios o en las redes, es como si no existiera. Por ello, para muchos políticos, líderes sociales, sindicales, deportistas y artistas, estar presentes es una necesidad patológica. Por ello, pareciera que cada vez se convierte en un axioma la frase que se atribuye a quien durante años fuera dirigente de la CTM hasta su muerte. Fidel Velázquez dijo alguna vez: “que hablen de mí, aunque sea mal”.

 

Bajo esta consigna, el presidente Andrés López Obrador adoptó la estrategia de la presencia permanente y, cuando ha tenido cargos públicos, su prioridad ha sido marcar la agenda de la comunicación social. Lo hizo al frente del Gobierno del DF y lo practica actualmente a través de “las mañaneras”. Y, a decir verdad, le funciona.

 

Quien sea el asesor que le dicta los temas, o se le ocurren a él, siempre tiene algo que decir, aunque sea un disparate. Por eso se dice que tenemos un gobierno de ocurrencias. Si lo dicho pega, se mantiene mientras sirva para que se hable de él, o estar en los “memes”. Y como le gusta imitar o rivalizar con Luis Echeverría, lo ha desplazado en los chistes que se elaboran de su persona, muchos de los cuales no elogian su inteligencia, sus conceptos políticos, su sabiduría económica o, al menos, su sentido común. Pero, eso sí, todos hablan de él.

 

Pero no todos los decires son intrascendentes e inocuos. Los hay que nacen, ofenden, se critican y se olvidan. Pero hay otros que lo meten en líos y de paso arrastra a sus seguidores. Tal es el caso de la rifa del avión Morelos I, que pareció una broma, se convirtió en todo un caso que llevó a la bancada de Morena a proponer una reforma de Ley que permitiera a la Lotería Nacional rifar objetos para que, finalmente, el mismo presidente saliera con que la rifa debe ser de dinero para terminar de pagar el aparato. Y es que, además de la dificultad legal que se subsanaría con la reforma de los diputados, tampoco es lícito vender lo que no es propio. Esto sería el máximo acto de corrupción, engañando a quienes compraran su cachito y se sacaran un aparato que se está pagando mediante un arrendamiento financiero y, por tanto, es ajeno.

 

Por ideas no paramos. Ahora le salió lo pedagogo en historia y decidió que para no olvidar los hechos históricos que nos dan identidad, los “puentes” que se realizan con la movilidad de algunas festividades, deben derrumbarse porque sabotean el desarrollo cívico de los mexicanos. Así pues, anunció que promoverá el retorno a la costumbre del pasado, de los días inhábiles en las efemérides patrias, para que se afirme en la conciencia del mexicano la importancia del hecho y de la fecha. Para sostener su dicho, pidió una encuesta entre el alumnado para interrogarlos respecto de las conmemoraciones móviles. También habría que hacer un examen a los universitarios a quienes no les tocó vivir esos puentes, o a los adultos, y se vería que la ignorancia no tiene que ver con esos días de descanso, sino en el pésimo sistema educativo mexicano.

 

Pero lo que podía parecer intrascendente, no lo es, ya que el tema tiene que ver con el turismo y sus efectos económicos. La razón de los puentes como están operando ahora fue optimizar una fecha no laborable para que los mexicanos realizaran turismo, generalmente de corta distancia, activando unos servicios que van desde los hoteles hasta los artesanos, los restaurantes y las cocinas típicas. Esto incide, por supuesto, en el Producto Interno Bruto, y en momentos en que éste va a la baja, la medida anunciada suena a harakiri. Por un lado, se levantó el clamor popular protestando por la pérdida de este beneficio, y por el otro, los organismos empresariales del ramo también han señalado los perjuicios que generaría esta medida. Ojalá que más allá de la ocurrencia que más que patriótica parece patriotera, se atiendan las razones de quienes defienden la permanencia de este modelo de “puentes”.

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No. 290

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