El término “sabadazo”, popular entre los mexicanos, se ha aplicado de diversos modos. Inicialmente se refirió a esos arrestos que se hacían en los fines de semana, cuando era imposible realizar adecuadamente la defensa legal y que obligaban al detenido, generalmente de manera injustificada, a permanecer en la cárcel un rato, en tanto se podía utilizar la defensa adecuada. En pocas palabras, era un momento donde se aplicaba un estado de indefensión temporal y, como dice el dicho, “palo dado ni Dios lo quita”.

 

Otro caso de “sabadazo” se aplicó a la devaluación del peso mexicano en abril de 1954, cuando el presidente Ruiz Cortines aprovechó el Sábado Santo para realizar un cambio en la paridad del peso a 12.50, con lo cual nadie pudo especular ni sacar capitales que agravaran la situación. Eso no dejó de tener efectos posteriores, pues durante algunos años cuando se acercaba la Semana Santa se manifestaban algunos temores, los cuales desaparecieron con los años, ya que el peso se mantuvo estable hasta el desorden financiero de Luis Echeverría.

 

Por ahora convendría aplicar el término, analógicamente, a las acciones que están realizando el presidente López Obrador y su partido Morena, aprovechando el confinamiento a que nos hemos tenido que someter debido a la pandemia del COVID-19.

 

La primera acción, ya ejecutada, fue el aprovechamiento del momento para aprobar de manera precipitada la Ley de Amnistía, citando expresamente a los legisladores para abordar ese único tema y desoyendo las demandas de la oposición para que, en todo caso, se incluyeran otros temas. Fue una maniobra distractora e innecesaria, debido a que los efectos de dicha amnistía, promovida por el presidente antes de la crisis de la pandemia, pues aunque la prisa se justificó para desahogar las cárceles y proteger a un grupo de detenidos, el efecto de la misma será limitada en el tiempo –no ahora– y en la cantidad –cerca de 400–, ya que se trata de una disposición aplicable a delitos federales y no válida a nivel de los estados. No fue posible un debate adecuado y se aplicará, por ejemplo, a hombres que violentaron a mujeres para obligarlas a abortar, pues ninguna mujer se encuentra detenida por ese delito a nivel federal.

 

Pero, también, aprovechando la situación, algunos legisladores de Morena se volvieron de repente muy creativos, proponiendo reformas legales para incrementar el poder gubernamental, en detrimento de los ciudadanos.

 

Por un lado, Lorenia Iveth Valles Sampedro ha propuesto reformar los artículos 29 y 65 de la Constitución, para dar facultades a las juntas de coordinación política del Senado y de la Cámara de Diputados, para que puedan autorizar al presidente a la cancelación de los derechos fundamentales, ante algunas emergencias. Facultad que por ahora corresponde a las Cámaras en pleno y, en los recesos, a la Comisión Permanente del Congreso. Lo propuesto reduciría dicha facultad a un reducido grupúsculo que fácilmente puede ser controlado por el presidente, generando con ello un grave riesgo de autoritarismo. El pretexto es, por supuesto, la crisis actual, pero si fueron capaces de aprobar la Ley de Amnistía, ¿por qué concentrar en unos pocos una facultad tan riesgosa de suspender derechos?

 

Una segunda iniciativa es la de Edelmiro Santiago Sánchez Díaz, quien propone la desaparición de las AFORES y el traslado de los recursos de los trabajadores al BANSEFI, disque para dar protección a los mismos y para eliminar las comisiones que cobran actualmente las mismas. Yo me pregunto a quién le gustaría poner sus recursos en manos del gobierno, de la burocracia o del poder que en cuanto tiene dinero en las manos se da prisa en gastarlo, y no siempre muy bien, ya sea por corrupción o por incompetencia. Hoy por hoy, el sistema de ahorro para el retiro, con las afores se ha ido perfeccionando, y aunque no es perfecto, mediante la competencia es posible que los trabajadores elijan dónde quieren que se maneje su dinero y cambiarse si lo consideran pertinente, pero nunca a una donde los beneficios sean menores que los que ya se tienen.

 

Finalmente, Rubén Cayetano ha propuesto que desaparezca la posibilidad de la condonación de impuestos, por los abusos que se han cometido. Si bien sabemos que ha habido abusos, también es comprensible que en algunos casos, siempre limitados, se condonen impuestos, pues cuando son impagables no tiene sentido mantenerlos hasta el infinito, generando pasivos imaginarios que sólo alteran la percepción de las finanzas.

 

La pregunta sobre esta creatividad legislativa de última hora es si se trata de promociones de los diputados por su propia iniciativa, son el medio mediante el cual el líder de la Cámara lanza globos sonda para conocer cómo se reciben las propuestas o, finalmente, son instrucciones del presidente para llevar adelante la 4T, concentrando más poder en el gobierno.

 

Como quiera que sea, el anillo al dedo ya enseñó el cobre.

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No. 297

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