“Querida Amazonia”, del Papa Francisco, ha frustrado buena parte de las expectativas de Amerindia, la más amplia y bien articulada red de teólogos de la liberación en América Latina, y le ha impuesto, al menos, tres derrotas.

 

Los dos primeros descalabros, y de mayor impacto mediático, son que el Papa no aprobó ni la ordenación sacerdotal de hombres casados, ni la de mujeres al diaconado (numerales: 90, 100, 101 y 103).

 

Pero además, el Pontífice rechazó que la misión de la Iglesia sea resolver las cuestiones sociales, ecológicas o políticas. Éstas, son importantes y deben ser atendidas por sus laicos, y no directamente por los ministros ordenados o por misioneros, que deben, ante todo, anunciar a Cristo.

 

Esta es la tercera derrota de Amerindia (numerales 62, 63, 64 y 65).

Las dos primeras bloquean - al menos temporalmente - el avance de una agenda de reformas hacia el interior de la Iglesia que también es impulsado en amplia escala y de forma agresiva por la Conferencia Episcopal Alemana.

 

La tercera coloca un freno al abordaje que parte del clero latinoamericano da a su acción pastoral, y que contribuyó a la progresiva disminución de católicos, al aumento de “evangélicos”, y al avance político de organizaciones y partidos de izquierda en la región.

 

Una vasta red “liberacionista”

Amerindia lleva cuarenta años impulsando una reforma radical en la Iglesia Católica en Latinoamérica a partir de la teología de la liberación.

 

Han trabajado de forma organizada, disciplinada, sistemática, vinculando y “hermanando” a centenas. Gracias a ellos, la teología de la liberación no murió luego de la implosión del comunismo y de que Roma arremetió contra la corriente en las décadas de ochenta y noventa.

 

Clave de su éxito es que es una “red” y actúa como tal: flexible, ágil, capilar, de estructura simple, de fácil adhesión, bastante heterogénea. Opera con el criterio de sumar, no restar. Ha trabajado para ganarse el respaldo de parte de la jerarquía y han intentado sistemáticamente incidir en las asambleas de obispos de la región.

En 1979 estuvieron en Puebla, durante la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Celam); en 1992, en Santo Domingo, para el IV Celam; en 1997, en Roma, para el Sínodo para América; en 2007, en Aparecida, para el V Celam.

 

Su modus operandi en esos eventos fue siempre el mismo: montaban un “cuartel general” en local, organizaban eventos paralelos con la participación de organizaciones religiosas y políticas de izquierda, y creaban narrativas de presión sobre la jerarquía con un buen uso de la comunicación.

 

Y, sobre todo, sus teólogos asesoraban y escribían las intervenciones de algunos de los obispos que participaban de esas asambleas.

 

Durante años su actuación fue semiclandestina. En la III Celam de Puebla operaron en una casa ubicada en la calle Washinton #14 y usaron el servicio de lavandería para entregar las intervenciones en secreto a los prelados.

 

En la IV Celam de Santo Domingo repitieron el modelo de generar un grupo de contenidos y otro que dentro de la sala de prensa del evento promovían a quienes les eran afines.

 

En la V Celam de Aparecida actuaron por primera vez abiertamente, con el respaldo del presidente del encuentro y la inconformidad de otros obispos. Eran poco más de 30 teólogos operando desde la Casa Sao Canisio.

 

Dentro del Sínodo

El año pasado, por lo menos 7 de sus miembros estuvieron presentes en la sala del Sínodo: los brasileños Paulo Suess, Agenor Brighenti, Justino Sarmento y Roberto Malvezzi; el mexicano Eleazar López Hernández; el argentino Carlos María Galli; y el español radicado en Bolivia, Víctor Codina.

 

De estos nombres, tres son de gran peso por su intenso activismo: Suess, por décadas secretario general y eterno asesor del Consejo Indigenista Misionero (Cimi), vinculado a la Conferencia de Obispos de Brasil; López Hernández, principal exponente de la “teología índia” en México; y Víctor Codina, un liberacionista “histórico” contemporáneo de Gustavo Gutiérrez.

 

Además, dos prelados, que guardan estrechos vínculos con la red, desempeñaron un papel destacado en la conducción y articulaciones de la asamblea: el cardenal Claudio Hummes, arzobispo emérito de Sao Paulo y relator del Sínodo; y Erwin Krautler, obispo emérito de Xingu, Brasil.

 

Amerindia publicó “Hacia el Sínodo Panamazónico - Desafíos y Aportes” y “Perspectivas de Sinodalidad - Hacia una Iglesia con Rostro Amazónico”, en junio y septiembre de 2019, respectivamente. Buena parte de las propuestas allí registradas están en el instrumentum laboris para la asamblea.

 

Amerindia colaboró estrechamente con los trabajos que durante cuatro años realizó la Red Eclesial Panamazónica (REPAN) para convencer al Papa de convocar un Sínodo para esa región. El primer pedido lo hizo el obispo Krautler en 2014 durante una entrevista con el Pontífice en el Vaticano. Francisco lo convocó en 2017.

 

La REPAN integra a todas las diócesis de esa macroregión y es dirigida por los cardenales Hummes y Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo, Perú. Todo ese trabajo fue financiado, en gran parte, por Adveniat, una fundación de ayuda a la Iglesia en Latinoamérica de los obispos alemanes.

 

Este vinculó no es irrelevante pues la Conferencia Episcopal Alemana está inmersa en un “proceso sinodal” que preocupa a Roma, y, curiosamente, pide también la ordenación de hombres casados y de mujeres al diaconado.

 

El presidente de Adveniat, Miguel Heinz, y el cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, también estuvieron presentes en el aula sinodal.

 

Durante el Sínodo, Amerindia reprodujo su modus operandi: montaron una amplia agenda de actividades alternas - algunas de ellas con claro matiz político - , erigieron como centro simbólico de “operaciones” la Tienda de la Casa Común, de forma similar a la que montaron como Tienda de los Mártires, en Aparecia, en 2007.

 

Además, organizaron un “via crucis de los mártires” en el que se recordaba, entre otros, al sindicalista y activista Chico Mendes, metieron una imagen de “Pachamama” a la Basílica de San Pedro y a la Iglesia de Santa María en Traspontina, y organizaron la renovación del Pacto de las Catacumbas.

 

Este último acto fue propuesto por un miembro destacado de la red, Oscar Beozzo, coordinador del Centro Ecuménico de Servicios a la Evangelización y la Educación Popular (CESEP), de Sao Paulo, impedido de participar en Roma a causa de un cáncer que le aqueja.

A pesar de la ostensiva articulación y de contar con un posicionamiento que difícilmente podrían haber soñado hace 40 años, Amerindia no consiguió imponer tres tópicos prioritarios de su agenda, que cayeron por tierra con 8 párrafos escritos por Francisco.

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No. 290

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