Aprendizajes de la Cristiada y los Abusos de la 4T
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Aprendizajes de la Cristiada y los Abusos de la 4T

Hace unos días, producto de las circunstancias y de las condiciones meteorológicas, se realizó un evento que seguramente hizo que los abanderados de la ideología laicista o laicicista y del autoritarismo, como es el caso de la gran mayoría de los políticos y gobernantes morenista de la 4T, se revolcaran del berrinche. Bajo el monumento del Santuario Votivo de Cristo Rey de la Paz en Silao, Guanajuato, se reunieron autoridades religiosas y civiles, para celebrar los Cien años de la Cristiada, mediante una ceremonia civil y posteriormente, una misa concelebrada.

Originalmente estaba previsto que el evento cívico fuera realizado en unas carpas, a un lado del santuario, en la misma cima del cerro del Cubilete, para después trasladarse al interior del recinto; sin embargo, la lluvia y los fuertes vientos, llevaron a tomar la decisión de que los dos momentos, la ceremonia cívica y la religiosa, se llevaran a efecto en el interior, justo debajo de la cúpula sobre la que reposa la escultura del Cristo Rey, de 20 metros de altura.

La simbología del hecho es muy grande, debido a que el entorno social y político autoritario y de control sobre la sociedad, previo a la represión en contra de los católicos y de la libertad religiosa, que fue el detonante del movimiento armado surgido en 1926 y conocido como la Cristiada, tiene semejanzas con el que han ido conformando los ideólogos de los gobiernos morenistas, mediante reformas legales, intervención y dominio partidista sobre los poderes de la República, uso de la educación para manipular el pensamiento de los niños y, en general, un gran abuso del poder.

Para fortuna de los mexicanos y frustración de los políticos de la 4T, los excesos y delitos, que en opinión de muchos han cometido los gobiernos morenistas en contra de la sociedad y sus familias, sumado a las presiones de Estados Unidos que amenaza con una intervención más determinante si el gobierno de Sheinbaum no colabora para llevar a juicio y, en su caso prisión, a todos los políticos que han sido señalados por estar relacionados con los cárteles del narcotráfico y huachicol, han ocasionado un retraso en los planes políticos e ideológicos de Morena. Sin embargo, ellos no desisten, siguen avanzando, aunque sea de forma lenta.

La conmemoración del Centenario de la Cristiada, en palabras del arzobispo de León, Jaime Calderón Calderón, quien encabezó las ceremonias por parte de la Iglesia, “no debe devolvernos a las trincheras, sino hacernos comprender las condiciones que llevaron a esa confrontación para que no vuelva a repetirse”. La Iglesia, con una experiencia de más de dos mil años, algo observa en México que insiste en ese recordatorio.

El arzobispo Calderón Calderón, aclaró que la libertad religiosa, y nosotros podríamos añadir, que cualquier derecho humano, no son concesiones del poder político, son precisamente derechos que emanan de la dignidad de la persona. Y como todos tenemos la misma dignidad, pues tenemos los mismos derechos.

Este punto es fundamental, ya que los gobiernos, liberales o socialistas, se han apoderado de los derechos de las personas, de tal manera que ahora ellos deciden quien es digno de recibirlos y a quien se le pueden quitar. Esa es la razón por la que vemos en el mundo, persecuciones de cristianos y de cualquier opositor a un régimen autoritario. De la misma manera, la ley se convierte en aire, ya que la voluntad del autoritario, siempre estará por encima de ella. Solo hay que recordar la expresión de López Obrador diciendo “no me vengan con que la ley es la ley”.

La medida de la libertad religiosa, y de los derechos humanos en general, así como de la justicia y de la ley, es solo y únicamente la voluntad del autoritario quien, por cierto, casi siempre llega al poder través de la democracia, la misma que luego destruye, para mantenerse y que nadie lo expulse del poder. En la historia reciente, no debemos olvidar a gobernantes como Chávez y a Madura en Venezuela, y a Daniel Ortega en Nicaragua, quien hace unas cuantas horas, acaba de decretar que ningún opositor puede participar en las siguientes elecciones. Es decir, todos tienen que ser de un mismo pensamiento. Si eso no es una dictadura, no sé cómo podríamos calificarla.

El autoritario se apodera de todas las instituciones y las que no le sirven, las desaparece; se apropia de todo el trabajo, los servicios y programas sociales del gobierno, que son generados con los recursos que aportan todos los ciudadanos. Resulta que el gobierno ya no administra el recurso que no es suyo, sino que lo entrega solo a quien le conviene, a quien considera que tiene sometido por engaño o por necesidad, como si fueran recursos propios.

Un gobierno autoritario se apropia hasta de la conciencia del ciudadano. El gobierno decide cuáles deben ser las creencias de una persona, de una sociedad, y en qué no deben creer. Esto no solo es en el plano espiritual, sino que lo aplican hasta en lo cotidiano. Ellos deciden qué es verdadero y qué es falso. Esto recuerda otra vez, el proceder de Morena que desde hace ocho años estableció una conferencia mañanera para decir lo que según ellos es la verdad. Todo el que opine diferente dice mentira y debe ser expuesto. Recientemente la 4T impulsó los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, que no es más que el pretexto para una forma de censura, ya que sanciona a cualquier medio de comunicación que, a juicio de la autoridad, que es la 4T, viole esos derechos.

Por otra parte, la laicidad, que motiva la separación del gobierno y la Iglesia, en sus funciones y atribuciones, ha sido sustituida por los “comecuras” autoritarios, los promotores del laicismo o laicicismo, que se afanan por erradicar de la vida pública cualquier aspecto religioso, de manera particular el catolicismo, violando los derechos que tienen las personas a creer en lo que consideren y a expresar con libertad su pensamiento.

La realidad de 1926 es muy diferente de la que vivimos ahora en el 2026, como hemos visto, las formas de control y manipulación de un gobierno autoritario se han perfeccionado, antes eran más directas, rústicas y violentas; ahora son más discretas, disfrazadas de ayuda y beneficios. La base sobre la que operan es la división y fractura social que ellos mismo han provocado. Divide y vencerás, dice una frase de los emperadores de la vieja Roma imperial.

Es decir, en 1926 el pueblo se encontraba unido en contra de los abusos del gobierno, ahora, los gobiernos de Morena tienen su propio ejército popular, el que ellos han creado a través de reconocerles derechos que a otros les niegan y de otorgarles beneficios. Esta mitad del pueblo la enfrentan a la otra, la que es disidente, la que protesta contra los abusos que cometen. 

Por esa razón, es importante escuchar las llamadas de atención de actores como es la Iglesia, que es señalada como enemiga de gobiernos, igual liberales y capitalistas, que populistas y socialistas, todo por el simple hecho de recordarles que ellos no son los dueños y otorgantes de los derechos humanos, sino quienes deben cuidar que se respeten.

Por ese motivo, el arzobispo de León, en la celebración del Centenario de la Cristiada, destacó la importancia de la responsabilidad del gobierno de garantizar que todo ciudadano pueda ejercer sus libertades y convicciones dentro del orden jurídico, respetando los derechos de los demás. Esto vale, dijo, para los que profesan una religión, para los que pertenecen a otra tradición religiosa y también para los que no tiene fe.

Añadió que la reunión entre autoridades civiles y religiosas, era muy significativa, ya que si bien su presencia conjunta no borraba la historia ni suavizaba los momentos dolorosos, si les permitía mirar juntos aquello que una vez los dividió, y convertirlo en ocasión de encuentro.

Resulta evidente que la Iglesia Católica percibe que nuestro país se encuentra en un momento difícil, que estamos pisando terreno minado, un terreno por el que ya caminaron muchos mexicanos en otros tiempos, y que ocasionó una gran explosión con muchos miles de muertos, de uno y otro bando, pero todos mexicanos. Con este antecedente, prefiere levantar la voz y advertir de los riesgos que se corren.

Antes de que hablara la gobernadora de Guanajuato, don Jaime Calderón Calderón afirmó que la paz social no se construye solo con los derechos de unos, requiere ciudadanos que sean capaces de reconocer y respetar las convicciones distintas de las propias, y una cultura de diálogo que no convierte en enemigo a quien piensa de manera diferente. Esta es una responsabilidad de todos.

En lo que fue una verdadera catequesis sobre la libertad religiosa, los derechos humanos y la paz, el arzobispo sentenció que esos valores, no se preservan solamente proclamándolos, requieren condiciones culturales, jurídicas y sociales que permitan vivirlas, así como la capacidad de resolver las diferencias mediante el diálogo, la justicia y el respeto, evitando que las condiciones que la motivaron vuelvan a repetirse. “Podemos decir que la historia no está condenada a repetirse cuando somos capaces de mirarla con verdad, reconocer sus heridas y aprender de ellas”.

La gobernadora de Guanajuato, Libia Dennise García Muñoz-Ledo no desentonó con su mensaje. Manifestó el compromiso de defender “el derecho irrestricto de la libertad religiosa, de consciencia y de creencia. Ninguna persona debe ser excluida, perseguida, señalada o silenciada por sus convicciones”. “Hoy estamos en pie de lucha ante cualquier forma de autoritarismo que amenace las libertades. Hoy, aquí, estamos reunidos quienes creemos precisamente en que estos derechos son inherentes a la dignidad de cada persona”.

 Añadió que la diversidad de pensamientos, de creencias y de formas de entender el mundo no debilita nunca a una nación, al contrario, la engrandece. La libertad de creer, de no creer, de pensar, de expresarse, constituye uno de los pilares fundamentales de toda sociedad democrática, que reconoce y protege la dignidad humana.

Actualmente tenemos la sensación de estar en una pausa, pero los aires autoritarios siguen recorriendo la nación mexicana, y es bueno que haya voces que nos mantengan alertas sobre intenciones e ideologías que pueden estar esperando el momento adecuado para terminar de consolidarse. En ese momento, cuando queramos protestar, no solo será difícil hacerlo, sino que tendrá costos muy altos.

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