Recordando a José Mojica
En la década de los años 30s. del siglo pasado un mexicano inmortal, apuesto galán y tenor de maravillosa voz tuvo al mundo a sus pies.
Un hombre excepcional que conoció la gloria y el triunfo, que atrajo multitudes con la fuerza de un irresistible imán. Un mexicano fuera de serie cuya fama solamente fue superada en su época por el también inmortal Rodolfo Valentino.
Un gran artista que fue aplaudido en urbes como Nueva York, París, Madrid, La Habana, Berlín, Estocolmo, Río de Janeiro y otras grandes ciudades del orbe.
Un excelente actor que participó en varias películas pero que reconoció como la mejor de todas ellas había sido “La Cruz y la Espada” que mucho influyó para que se decidiera por la vocación religiosa.
Mas he aquí que -en el momento cumbre de su popularidad- una fuerza sobrenatural hizo mella en su voluntad impulsándolo a buscar una gloria imperecedera que no se marchitase con el tiempo ni se extinguiese con la muerte.
Nos referimos a José Mojica quien, al cambiar el aplauso de los escenarios por la austeridad de una celda franciscana se convirtió en Fray José Francisco de Guadalupe Mojica.
Su inesperada decisión de abandonar el mundo del arte, regalar su inmensa fortuna a los pobres y convertirse en franciscano conmocionó a millones de aduladores.
Muchos creyeron que se trataba de un ardid publicitario, pero no era así ya que Mojica estaba firmemente decidido tanto así que fue ordenado sacerdote el 13 de julio de 1947 en el templo de San Francisco en Lima (Perú)
Durante su vida conventual, Fray José Francisco de Guadalupe practicó continuamente la caridad. A él se debió la fundación del Colegio Seráfico de San Francisco en Arequipa (Perú).
Dicho colegio quedó destruido por un terremoto en 1958, tragedia que movió al Padre Mojica a publicar sus memorias con el fin de recaudar fondos. El libro se tituló “Yo Pecador” y en el mismo se relata tanto su vida de artista como su conversión.
La atrayente personalidad del famoso franciscano hizo que los productores cinematográficos decidieran filmar la vida de Mojica, tomando como guion el libro autobiográfico.
En dicha cinta hubo un desfile de personalidades de primer nivel como Libertad Lamarque, Pedro Armendáriz, Enrique Rambal, Christian Martell, Andrés Soler, Manola Saavedra, Carmela Rey y muchos más.
Sobra decir que la película fue un rotundo éxito de taquilla.
Con lo que Mojica ganó del libro y de la película (150 mil dólares) reconstruyó el colegio destruido por el terremoto.
José Mojica murió el 20 de septiembre de 1974 en el mismo catre de la misma celda franciscana donde había muerto San Francisco Solano, el gran evangelizador de América del Sur.
José Mojica, el mexicano nacido en San Gabriel (Jalisco) en 1896 fue un ídolo ante quien se postraban las multitudes.
Otro que estuviese en su lugar se habría endiosado y, de haber seguido por el camino de la frivolidad, al envejecer y perder su voz y atributos físicos tal vez hubiese experimentado un doloroso desengaño que quizás lo hubiese conducido a lo peor.
No ocurrió así con Mojica quien, gracias a los desvelos de su piadosa madre doña Virginia, poseía firmes convicciones religiosas que estaban latentes dentro de sí. Esa fue su salvación.
Mojica comprendió -al igual que Jorge Manrique- “de cuan poco valor son las cosas tras que andamos y corremos; que en este mundo traidor aún primero que muramos las perdemos”
Y fue así como el astro rutilante de la pantalla, el tenor de voz maravillosa, el galán que rompía los corazones de sus admiradoras, el acaudalado actor que amasaba millones dejó lo menos por lo más.
Dejó lo material por lo espiritual. Dejó lo mundano y engañoso para dedicarse a servir íntegramente a Dios.
La vida de tan admirado personaje es un claro ejemplo de como son incomprensibles pero maravillosos los caminos de Dios.

