LA CATRINA VISITA GUANAJUATO
El Gobierno de la Gente
En el panteón de Guanajuato,
la Huesuda fue a parar,
buscando un gobierno fuerte
que pudiera gobernar.
Pero encontró una administración
sin trascendencia ni grandeza,
mediocre, temerosa y tibia,
¡con más dudas que firmeza!
La gente esperaba otra cosa,
un gobierno de otro nivel,
pero Libia, entre promesas,
¡no pudo cambiar el papel!
—¡Levántense, gobernantes,
que los vengo a examinar!
¿Dónde está aquel gran proyecto
que nos iban a entregar?
El Acueducto de Solís,
que prometía prosperidad,
hoy descansa en el archivo
de la triste realidad.
La Muerte, alegre y sonriente,
se sentó sobre un sillón:
—¡Claudia ya les dijo que no!
¡Se les cayó la ilusión!
El gran proyecto está caduco,
nadie lo supo operar;
faltó capacidad y oficio,
¡y ahora a quién culparán!
La Calaca, carcajeando,
dio su veredicto fatal:
—¡Por falta de estrategia y rumbo,
esto ya parece un funeral!
Y al mirar por todo el estado,
desde León a Uriangato,
vio tumbas, cruces y fosas
y un panorama insensato.
—¡Qué panteón tan gigantesco
han construido, mis señores!
Aquí sobran las promesas
y escasean los resultados mejores.
La inseguridad galopa,
no conoce distinción:
asesinatos, robos, cobros,
¡y extorsión por tradición!
En municipios y caminos
se repite la canción,
mientras las familias lloran
por tanta desolación.
Desaparecen ciudadanos,
la incertidumbre va en aumento,
y la Muerte cuenta historias
que estremecen hasta el viento.
—¿Dónde está la estrategia?
¿Dónde quedó la prevención?
¿Quién responde por las vidas
que se lleva esta situación?
El gabinete, muy solemne,
se reunió para deliberar,
pero entre tantos discursos
¡nadie sabía qué acordar!
La Flaca pidió los perfiles
de quienes llegaron al poder:
—¿Revisaron sus capacidades
o bastaba con conocer?
¿Dónde quedó la evaluación,
la experiencia y el talento?
¡No se gobierna con aplausos
ni se resuelve con cuento!
La Catrina, muy indignada,
se dispuso a revisar:
—¡Si no pueden con el cargo,
otros tendrán que llegar!
Y entre rumores y pasillos
se oye fuerte el comentario:
que habrá cambios en el gabinete
para evitar otro calvario.
—¡Que se vayan los que estorban,
que se quede quien dé resultados!
¡Guanajuato no merece
seguir contando a sus finados!
La Muerte sacó una tarjeta
con sonrisa angelical:
—¡Les traigo la Tarjeta Rosa,
una promoción fenomenal!
—Con esta súper tarjeta
—dijo la Flaca al pasar—,
si no mejoran sus vidas,
¡a todos voy a visitar!
Pero al ver tanta tragedia,
la Huesuda se puso a pensar:
—No se arregla con tarjetas
lo que se debe gobernar.
No bastan las buenas fotos,
ni los discursos de ocasión;
se necesitan resultados,
estrategia y decisión.
Ya se acerca el nuevo año,
y el futuro está en la balanza;
si no corrigen el rumbo,
se les muere la esperanza.
La Calaca dio tres golpes
con su guadaña en el suelo:
—¡Que despierten los de arriba,
que Guanajuato no es su feudo!
Y antes de cerrar la fosa,
les dejó una advertencia:
—¡Gobernar no es un privilegio,
es servir con competencia!
Pues si siguen por las mismas,
sin respuestas ni visión,
¡la próxima calaverita
será de toda la administración!
Y así termina esta historia,
entre la risa y el espanto:
¡que no entierre la Catrina
el futuro de Guanajuato!
LA CATRINA SE METE EN POLÍTICA
Pleitos de palacio, diferencias en León y un cura en el banquillo
La Catrina llegó a León
con su vestido elegante,
buscando a dos gobernantes
con un pleito interesante.
—¿Qué sucede en Guanajuato?
—preguntó con inquietud—.
¡Hay diferencias en palacio
y en León no hay paz ni quietud!
Alejandra, desde León,
defendía su terreno,
mientras Libia, allá en palacio,
quería mantener el gobierno.
La una por su camino,
la otra con su estrategia;
y entre discursos y gestos
se enredaba la madeja.
La Flaca tomó una silla
y se dispuso a escuchar:
—¿Son diferencias políticas
o nadie quiere aflojar?
—¡Que venga la gobernadora!
—ordenó con voz marcial—.
¡Y que traigan a la alcaldesa,
que esto parece un funeral!
Pero ninguna se asomaba,
cada cual en su trinchera;
y la Muerte, sorprendida,
dijo: —¡Esto va para largo,
como pleito de vecindera!
Mientras tanto, en otro frente,
la Calaca oyó mencionar
a un sacerdote muy famoso
que no se sabe callar.
Era el llamado Padre Pistolas,
de lengua brava y sin temor,
que entre críticas y polémicas
se metió en otro calor.
La Gobernadora, firme,
no quería el tema soltar;
y entre recursos y tribunales,
el asunto iba a continuar.
La Huesuda alzó una ceja
y comenzó a cuestionar:
—¿Tanto empeño en los juzgados?
¿Tanto pleito por ganar?
Si hay violencia que se denuncia,
que la justicia dé respuesta;
pero que nadie confunda
la crítica con una afrenta.
—¡Que se respete la ley
y se investigue lo probado!
¡Que no se use la justicia
como un pleito prolongado!
La Calaca, muy sonriente,
sacó su libreta negra:
—¡Una cosa es defenderse
y otra convertirlo en guerra!
Y mirando hacia palacio,
con su guadaña señaló:
—Gobernar no es ganar pleitos,
ni callar al que opinó;
el poder trae obligaciones
que el aplauso no compró.
Alejandra y Libia,
si se quieren confrontar,
que recuerden que León y el estado
no se pueden descuidar.
Que hay problemas de seguridad,
familias llenas de temor,
y ciudadanos que reclaman
resultados al gobierno,
no disputas de honor.
La Muerte cerró el expediente
y soltó una carcajada:
—¡Tanto pleito entre los vivos
y la paz sigue olvidada!
—A la alcaldesa y la gobernadora
les dejo esta reflexión:
¡que no entierren a Guanajuato
por una confrontación!
Y al Padre Pistolas le dijo,
antes de echarse a caminar:
—¡Si hay justicia, que se aplique;
si hay excesos, que se puedan cuestionar!
Luego montó en su calaca,
con rumbo al camposanto,
dejando a todo Guanajuato
entre preguntas y desencanto.
Y así termina la historia
que la Catrina fue a contar:
¡en política sobran pleitos
cuando falta dialogar!
Porque la Muerte no distingue
ni partido ni posición:
¡a todos se lleva un día,
pero al poder lo juzga la opinión!

