Trabajadores del Reino
Jesús no enseña que todos estamos llamados a trabajar en su Reino.
En la parábola de los trabajadores de la viña, el dueño sale una y otra vez a buscar, a buscar a quienes están sin trabajo. A todos les ofrece la misma recompensa. La vida eterna.
Esta parábola revela la dignidad del trabajo, la preocupación de Dios por quienes no tienen oportunidades.
En México esta preocupación resuena con fuerza. Millones de personas carecen de empleo digno. Especialmente jóvenes que ante la falta de opciones son tentados por caminos de violencia, por caminos de destrucción.
La falta de trabajo justo es una grave injusticia, atenta contra el derecho a vivir con dignidad. Por eso son condenables la explotación, la trata de personas, la extorsión y toda forma de violencia que destruye la vida comunitaria.
El crimen nunca puede ser considerado trabajo. Es negación del bien común. El trabajo auténtico es siempre con y para los demás. No es solo medio para obtener bienes materiales, sino un don y misión para colaborar con el plan de Dios.
Cuando se realiza con amor, el trabajo se convierte en oración. Lo decía San Benito “Ora et labora”.
El médico que atiende con vocación. El maestro que educa con pasión, el agricultor que cuida la tierra, la trabajadora del hogar que sirve con dignidad. Todos construyen el Reino con su labor diría.
El trabajo verdadero enriquece el alma, no solo el bolsillo. En un País tentado por el dinero fácil y la corrupción.
San José nos enseña la belleza del trabajo honesto. Una familia que vive de su esfuerzo limpio edifica más reino que quien se enriquece injustamente.
Vemos el Reino cuando cooperativas prosperan justamente, cuando pequeños empresarios generan empleos dignos, cuando profesionistas sirven a su comunidad con excelencia.
Que Santa María de Guadalupe nos acompañe para que, siguiendo en ejemplo de San José, anunciemos con nuestro trabajo cotidiano el Reino de Dios en México.
Venga a nosotros tu Reino

