|

No estamos preparados para lo que viene

LA GACETA DE LA IBEROSFERA. Ni Jorge Rey lo vio venir. Este jueves José Luis Ábalos and The Rockstars actúa en la sala Tribunal Supremo y hace meses que no quedan boletos. También se han agotado las palomitas en toda España, incluso las de sabor al curry, que están tan asquerosas que no se agotaban desde las confesiones televisivas de Amedo y Domínguez en los 90. En cuanto a las palomitas sin sal, no hay registros de escasez desde las fotos de la orgía de Roldán en calzoncillos. Ya sabes, el PSOE, con las mujeres desde 1879. 

En las últimas horas, Sánchez ha intentado boicotear a la otra estrella del rock que se subirá al escenario del Supremo este jueves, Koldo Kabezabolo, poniéndose en modo «menuda-inventada» sobre el asunto del caserío. Momento que Koldo y Ábalos han aprovechado para registrar un dueto de una de sus mejores canciones, lanzando el single “Sí que hubo reunión, bribón” y logrando un número 1 mundial en pocas horas. De nada sirvió a Sánchez llamar a sus colegas del metal, e incluso hacer salir del zulo a ese Otegui entre goyesco y geriátrico, consumido por la mala conciencia, a desmentir la información seis veces en diez segundos, con la típica chulería que hasta la llegada de Zapatero los etarras sólo sabían exhibir a rostro encapuchado.

De Ábalos uno puede decir de todo. Desde que la carne es débil hasta que por su maldita culpa estamos donde estamos, que fue él quien llevó a hombros al farsante a La Moncloa de la forma más ilegítima y vergonzosa. Pero también es justo admitir que, de toda esa tropa de clones defectuosos de Bolaños y de mutaciones alucinógenas de María Jesús Montero que rodea a Sánchez, quizá sea José Luis Ábalos el único que nunca se ha dejado practicar la lobotomía que exige el faraón a cualquiera que quiera enrolarse en su séquito de servidores. 

A diferencia de Bolaños, de sangre verde, a Ábalos le late el corazón, aunque a menudo le late más la entrepierna, pero me desvío. A diferencia de Sánchez, a Ábalos le repugnan realmente las deslealtades de su clan, y le duele tanto la traición del amigo como que las putas pasen hambre. Y a diferencia de María Jesús Montero, Ábalos es capaz de emitir tres o cuatro frases seguidas sin declararle la guerra civil a la gramática. 

Es de justicia subrayar que su repugnante enriquecimiento corrupto y sus correrías con faldas no llegan ni a la suela de los zapatos a la montaña de mal y destrucción que Pedro Sánchez ha causado ya a España y a los españoles. Que ya sé que es más resultón hablar y escribir del exministro consultando catálogo de rubias para una noche invernosa de cierta pereza, pero es mucho más grave ser el máximo responsable y decidir aliarse con terroristas, corromperse al alimón con el fiscal general del Estado, vender el Estado a nacionalistas y comunistas, arruinar a las familias y expoliar a los autónomos para equilibrar su incompetencia, o alinearse internacionalmente con el eje del mal. 

Más que para blanquear al exministro, cuento todo esto para que se entienda cómo ha debido sentarle que hasta lo más analfabeto y risible del Gobierno, Yolanda Díaz, salga toda excitada de la peluquería en busca de una alcachofa amiga en donde, frunciendo el ceño como actriz descartada del casting de un anuncio de coches de segunda mano, llamarle «golfo», así, como el niño pequeño que acaba de aprender a decir una palabra y la repite a todas horas: golfo, golfo, golfo. No había terminado la declaración Yolanda, y Ábalos ya le había atizado un zarpazo en Twitter con lo primero que se le ocurrió, el asunto de la vivienda oficial, que es un modo de decir «Señora, no me saque a bailar, que tengo tanto para elegir, que no sé ni por dónde empezar». 

Desde Óscar López, al que le cabe Soto del Real en la cabeza, hasta María Jesús Montero, ni una buena palabra ni una buena acción, pasando por el alienígena forense Félix Bolaños, no hay un solo escudero de Sánchez que se haya escaqueado de la orden de salir a desmentir a los dos viejos rockeros, sin calcular que están a un tris de saber si ingresan en prisión, de modo que tienen la mecha más corta que nunca; dicho sea, José Luis, sin ánimo metafórico alguno. 

Y que a falta de destrozar hoteles como en los tiempos de rock and roll star, están deseosos de llevarse ministerios por delante y de paso ajustar viejas cuentas con todos esos trincones del Consejo de Ministros que llevan meses haciéndose los dignos y tratando de utilizar a la dupla Ábalos-Koldo como cortafuegos, mientras a Cerdán lo tiran al suelo delante para tapar el factor sorpresa, como hacen ahora los futbolistas tolilis en la barrera.  En el sanchismo todo, absolutamente todo, puede ocurrir, pero algo me dice que ahora, tan pronto como se levante el telón del Supremo y comience La Traviata en versión Rage Against the Machine, no estamos preparados para lo que viene.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *