La Guerra que Busca más Poder y Control

La Guerra que Busca más Poder y Control

En la medida que una guerra se prolonga es más difícil de resolver, las afrentas crecen, la cordura se pierde, los intereses se radicalizan; pero cuando hablamos de un conflicto en el Medio Oriente, estas dificultades se multiplican, pues ahí convergen una mezcla de factores religiosos, financieros, comerciales y geográficos, que convierten a la región en una bomba de tiempo.

En lo que es una frágil y atropellada tregua, hay graves indicios de que se pueden reiniciar las actividades bélicas entre Estados Unidos, Israel e Irán, a través del operativo militar norteamericano “Proyecto Libertad”, que consiste en asegurar militarmente el tránsito de buques por el estrecho de Ormuz, o de cualquier otra acción.

Durante los días de la tregua, no todo ha estado tranquilo, además de los ataques esporádicos a mercantes; ahora han surgido diferencias entre los países árabes que integran el Consejo de Cooperación del Golfo, los Emiratos Árabes Unidos abandonaron la OPEP; Arabia Saudita y Kuwait negaron el uso de sus instalaciones y territorio para que desde ahí se ataque a Irán y ejercen fuertes presiones para que se suspenda la guerra y haya negociaciones diplomáticas; Israel intensifica sus ataques en contra de la milicia de Hezbolá del Líbano, no sin pagar un alto precio y, finalmente, Rusia y China, se alejan cada vez más del perfil bajo que habían mantenido en su simpatía hacia Irán. El conflicto más que estar entrampado, avanza de manera lenta pero constante hacia una mayor complicación.

LOS BENEFICIADOS POR LA GUERRA

Si bien es cierto que muchos países se disputan el petróleo ruso y de otras regiones alejadas de la zona de conflicto, sin importar los precios a los que se les vendan, también es cierto, como ya lo señalamos en otra ocasión, que las petroleras norteamericanas están haciendo su “agosto”.

Los ingresos de todos ellos crecen en la medida que escasee los combustibles, esto quiere decir, que, si la guerra destruyera la región y las llamadas petromonarquías, la riqueza energética quedaría bajo el control de los Estados Unidos y de Israel, y quizás el orden sería: De Israel y de los Estados Unidos.

TRUMP NO QUIERE LA PAZ

No obstante que en territorio norteamericano las tensiones crecen a diario, pues legisladores demócratas han enviado una carta a Marco Rubio, secretario de Estado, solicitando se detenga la guerra; que el índice de aprobación de Donald Trump se desplomó. Según CNN se encuentra en 35 por ciento; que la estructura de respaldo de los Republicanos y de Trump (MAGA) está fracturada; y que el costo de vida crece de manera constante y con ello, el repudio a la guerra con Irán y al gobierno de Trump, el presidente estadounidense parece ignorar todo.

Por esa razón, analistas financieros han llegado a la conclusión de que en realidad Trump no quiere la paz, sino que solo administra sus declaraciones, las promesas de paz y las supuestas negociaciones con Irán, como una forma de evitar que los mercados se desplomen y que el petróleo se mantenga al alza, aunque no tanto porque si se dispara provocaría una alteración grave en la economía. Sería entonces una estrategia que postergue el caos, busque los mayores ingresos posibles y el control de los hidrocarburos.

Algo que refuerza la idea belicista, es la gran cantidad de vuelos a Israel y a la región, llevando toneladas de misiles y armamentos, lo que hizo pensar que el fin de semana pasado habría un fuerte ataque contra Irán.

IRAN Y LAS PETROMONARQUÍAS TIENEN SU PROPIO JUEGO

En contraparte, Irán mantiene el control del Estrecho de Ormuz en aparente acuerdo con Omán, lo que ha llevado a que las operaciones de venta del petróleo, incluyendo el pago para tener el derecho de paso por el canal ya no se realicen en petrodólares, sino en yuanes. La estrategia de Irán venía siendo atacar a los países del Golfo Pérsico que colaboraran con Estados Unidos y con Israel, pero algo ha cambiado.

Es posible que Irán se haya percatado de que, sin querer, estaba haciendo el trabajo sucio para Israel y los Estados Unidos, al destruir buena parte de la infraestructura de las petromonarquías, y por esa razón, frente a las últimas provocaciones, evitó atacar infraestructura clave para la supervivencia, como es el caso de las plantas desalinizadoras. La destrucción de estas instalaciones haría inhabitable la región y las modernas ciudades serían inoperables.

La negativa de Arabia Saudita, Kuwait y posiblemente de Baréin, de permitir que sus instalaciones y territorio sean utilizados para efectuar ataques en contra de Irán, y de apostar por negociaciones coordinadas por Paquistán, es un quiebre importante en las relaciones de estas naciones con Estados Unidos y de manera indirecta con Israel.

La pérdida de confianza comenzó desde el inicio de esta etapa del conflicto, el 28 de febrero del 2026. Los países del Golfo Pérsico se dieron cuenta de que era un fracaso el acuerdo de realizar la compra-venta de energéticos con petrodólares a cambio de ser protegidos militarmente por Estados Unidos. Conforme pasa el tiempo, los monarcas han visto avanzar la destrucción de su infraestructura y de sus ciudades.

Un elemento que se agrega como presión para los países del Golfo Pérsico, es la agitación interna que se ha comenzado a presentar en algunos lugares y que ha llevado a la expulsión de grupos de paquistaníes y de árabes de religión chiita, incluidos clérigos, con el pretexto de realizar acciones en contra del terrorismo. No se debe olvidar que las monarquías son de religión sunita, y en su interior existe grupos chiitas que pueden estar manifestándose a favor de apoyar a Irán.

De esta manera, los antiguos aliados incondicionales de los Estados Unidos han empezado a cambiar su estrategia y se alejan del gobierno de Trump.

DOS ESTRATEGIAS ENFRENTADAS

Atrás de una guerra por supuestas violaciones al uso de la energía nuclear, por la existencia de armas nucleares o incluso, por la falta de respeto a los derechos humanos, se encuentran otros intereses. Una vez más, descubrimos que todo es poder y dinero.

De triunfar Estados Unidos e Israel, se convertirán en los dueños absolutos de la región y sus riquezas, de lo contrario, es posible que consigan efectos opuestos y no deseados: La unificación de las principales naciones del Medio Oriente, superando momentáneamente las diferencias religiosas; la expulsión de la región o por lo menos, la disminución sustancial de la influencia de los Estados Unidos en la zona y; la desaparición o redimensión del poder y presencia de Israel.

Otra posibilidad, no deseada, pero factible, es el escalamiento de la guerra y la destrucción parcial o total de varios de los protagonistas.

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