Un Corazón Humano para la Inteligencia Artificial
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Un Corazón Humano para la Inteligencia Artificial

El Papa León XIV no sólo ha sorprendido recientemente al afirmar que no tiene miedo de quienes se ostentan con gran poder militar y político. También nos sorprende al realizar una lectura crítica – y a la vez esperanzada – de la nueva sociedad que comienza a dibujarse con la redistribución del poder global y la aparición de nuevas tecnologías que desafían la condición humana.

Con la Encíclica “Magnifica humanitas”León XIV no sólo toca algunas de las cuestiones más acuciantes de nuestro tiempo – la concentración de poder en nuevas élites tecnológicas y económicas; el diseño puramente pragmático de la “inteligencia artificial”; y nuevas inequidades que están emergiendo –, sino que, más allá de todo este escenario social, económico, político y cultural, el Papa avanza hacia un territorio censurado o al menos “domesticado”: la cuestión de fondo es qué tipo de mundo estamos construyendo, cuáles son sus premisas antropológicas más profundas, y dentro de ellas, qué tanto reconocemos nuestra limitación y nuestra necesidad de reorientarnos personal y socialmente en función de Aquel que da sentido último a la vida.

En tiempos de san Agustín, el Imperio romano se encontraba en crisis y los “chivos expiatorios” aparecían con facilidad. Agustín conocía el escenario, pero en lugar de contentarse con lo que hoy podríamos llamar análisis político o geopolítico, descubre que el corazón humano, el “punto cero” desde el que existimos y miramos el mundo, requiere hacer una opción fundamental.

Así es cómo se escribe el libro “La Ciudad de Dios” a inicios del siglo V. Una lectura creyente de la historia en medio de un mundo en crisis. En sus páginas encontramos que hay dos modos de convivir, dos “ciudades” que se construyen desde el interior: una en la que el poder, la petulancia y la auto-referencialidad definen las relaciones, y otra, en la que la cooperación y la fraternidad son signo de que somos conscientes de nuestra dependencia constitutiva a un Tú que nos sobrepasa. Este es el mismo ejercicio que León XIV realiza en el siglo XXI, a través de “Magnifica humanitas”. Ejercicio necesario para recuperar la consciencia de que existe un camino diverso al de la tecnocracia falsamente redentora.

Para relanzar este camino es preciso reaprender a dialogar. Ideales de vida como la amistad, la solidaridad y el amor, parecen utopías cuando el diálogo se elude o se finge. La actividad diplomática y la recuperación del multilateralismo en el orden internacional son amplios ejercicios de diálogo que con paciencia abren una alternativa a la guerra y a las violencias, hoy tan comunes.

En el fondo, la virtualidad que ofrecen las tecnologías contemporáneas requiere de una reorientación que nos permita recuperar la capacidad para encontrarnos y cooperar solidariamente. Requiere de justicia social para no dejar a nadie abandonado en el camino. Y requiere de amistad estable, en particular, con los más pobres y marginados, que nos ayude a construir una civilización en la que el amor sea posible, no solo como experiencia de vida privada sino como método de convivencia. En una palabra, en tiempos de inteligencia artificial y pragmatismo descarnado, nada como recuperar un corazón verdaderamente humano para discernir, decidir y actuar.

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