La Iglesia, Bajo Asedio
Las tensiones y gran confusión que se vive en el mundo es una condición que no solo abarca las relaciones internacionales entre países. Desde hace años, pero de manera particular, en los últimos meses, la Iglesia Católica se encuentra viviendo uno de los momentos más críticos de su historia, pues está acosada por grupos internos que amenazan su integridad y su unidad, como ha ocurrido en repetidas ocasiones a lo largo de los siglos.
Ahora, se trata de dos fuerzas que se oponen, pero que, de forma indirecta se utilizan para alcanzar sus objetivos. De un lado, se encuentra lo que podríamos llamar el neo modernismo religioso, liderado por los obispos alemanes; del otro lado está el falso tradicionalismo, que encabeza la Fraternidad San Pio X.
UN EXTREMO, EL MODERNISMO RELIGIOSO
Conocido en el pasado como modernismo, progresismo religioso y ahora, como una especie de neo modernismo, un buen número de obispos alemanes ha venido promoviendo desde el 2019, a través del Camino Sinodal, que en buena medida utilizó como justificación los abusos sexuales cometidos por prelados de la Iglesia, revisar las estructuras, la autoridad eclesial, y abrir el debate sobre el papel de la mujer, el celibato, la moral sexual y la participación de los laicos en el gobierno de la Iglesia.
Esta nueva acometida fue tan fuerte que en el 2021 se llevó a cabo el Sínodo sobre la Sinodalidad, con el que la Iglesia universal inició un proceso de tres años, en el que promovió, mediante un ejercicio en el que todos sus miembros debían de caminar juntos, la comunión, la participación y la misión eclesial.
El Sínodo y los trabajos posteriores, no han estado exentos de intentos de influencias negativas por parte de los obispos alemanes y de algunos otros de sus seguidores.
La estrategia ha sido clara, se busca mezclar el camino sinodal alemán con el Sínodo sobre la Sinodalidad llevado a cabo por toda la Iglesia Católica, y presentarlo como un solo proceso, sin diferencias, sin contradicciones.
Al concluir la sexta asamblea y con ella, la primera etapa del camino sinodal alemán, el obispo presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Georg Bätzing, expresó que “La sinodalidad es la característica distintiva del futuro de la Iglesia, en todo el mundo y en Alemania, y añadió “Me alegra y agradezco que los dos procesos sinodales (el camino romano y nuestro camino) estén ahora tan bien entrelazados. Ya no hay dicotomía; la Iglesia es una comunidad y la sinodalidad es el futuro de la comunidad eclesial. Esta es la vara con la que debemos medirnos”.
La realidad es muy diferente; han sido años de tensiones, de estiras y aflojas entre esta corriente de pensamiento y el Vaticano.
En opinión de algunos analistas y vaticanólogos, los modernistas de la Iglesia se vieron motivados en sus intenciones y pensamiento, por documentos como Amores Laetitia (La Alegría del Amor) y Fiducia Supplicans (Confianza Suplicante), en los que, en su sentir, se presentan ambigüedades, afirmaciones que desorientan, decoloran los principios y propician conductas y opiniones inadecuadas.
En un intento para clarificar dudas, cinco cardenales, Gehard Brandmüller, Raymond Burke, Joseph Zen Ze-Kiu, Robert Sarahy el cardenal emérito de Jalisco, Juan Sandoval Íñiguez, presentaron cinco preguntas respecto a la interpretación de la Revelación Divina, la bendición de uniones entre personas del mismo sexo, la sinodalidad, la ordenación sacerdotal de las mujeres y el arrepentimiento como condición indispensable para la absolución sacramental; aunque hubo respuesta del Papa Francisco, publicadas en el sitio del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, los cardenales consideraron que las respuestas no fueron directas, como marcan las normas de respuestas a las Dubia (dudas), que es sí o no, y reformularon sus preguntas, las cuales hasta el momento no han tenido respuesta.
De esta manera, los obispos alemanes, y su posición neo modernista, ha ido avanzando de forma paulatina pero constante. Primero crearon un comité sinodal que revisó los temas señalados anteriormente, partiendo de supuestos como el de que existe en la estructura eclesial un abuso generalizado del poder y que éste se encuentra muy centralizado, por lo que proponen imprimir en la Iglesia un espíritu democrático; establecen que los laicos deben de intervenir de manera determinante en el gobierno de la Iglesia, y la mujer debe tener igualdad de derechos en su participación en el quehacer de la Iglesia; también plantean que la moral sexual debe adecuarse a las nuevas realidades de las relaciones humanas y de la familia, además de revisar el celibato al que se tiene sometido a los sacerdotes.
Los trabajos han ido avanzando, y la primera etapa del proceso sinodal alemán concluyó con una propuesta de creación de un consejo sinodal, que se establecería de manera permanente, y que vendría a sustituir a la Conferencia Episcopal Alemana; este consejo ya no estaría conformado exclusivamente por los obispos, sino que tendría una representación de laicos, proporcional a los religiosos. Es decir, un modelo muy democrático.
Es fundamental destacar que la representación de laicos que ha participado en el comité, y que, de aprobarse el consejo permanente sinodal, se integraría a este nuevo cuerpo de gobierno, proviene del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK), que curiosamente está conformado mayoritariamente por empleados y trabajadores de los obispados y demás estructuras de la iglesia alemana. Es decir, son subordinados, empleados de los obispos.
A pesar del evidente control que han procurado tener los promotores del modernismo religioso, el proceso sinodal alemán, ha tenido obstáculos y provocado graves divisiones. A mediados del año pasado, cuatro obispos: Rainer Maria Woelki de Colonia, Gregor Maria Hanke de Eichstätt, Stefan Oster de Passau y Rudolf Voderholzer de Ratisbona, expresaron públicamente su rechazo al comité sinodal y afirmaron que no tenía ninguna autoridad para incluirlos; esto lo hicieron mediante una carta enviada el 19 de mayo al presidente de la Conferencia Episcopal, Georg Bätzing, y a la presidenta del Comité Central de los Católicos Alemanes (CdK), Irme Stetter-Karp.
La declaración de estos obispos pone en entredicho la idea que se ha vendido, de que el camino sinodal alemán, tiene un consenso pleno y tiene representación amplia.
Por su parte, el Vaticano, luego de solicitar que no se utilizara el título de consejo sinodal, que es el nombre del organismo permanente al que se aspira, señaló que los obispos alemanes no tienen ninguna autoridad para crear una corporación a nivel nacional que tenga competencias deliberativas.
El Papa Francisco, de forma directa rechazó la creación del consejo sinodal alemán, debido a que «no puede armonizarse con la estructura sacramental de la Iglesia católica».
La relación se ha tensado más, a partir de la difusión del folleto: “Las Bendiciones Fortalecen el Amor”, que fue aprobado por obispos y la representación de laicos alemanes, y que supuestamente se redactó en coordinación con Roma y está inspirado en los planteamientos de la Declaración Fiducia Supplicans; en el texto se autoriza impartir bendiciones a parejas del mismo sexo y a otras uniones fuera del sacramento del Matrimonio.
El Vaticano expresó que los obispos alemanes cruzaron una línea de principios, que los documentos pontificios siempre han preservado, por lo que nunca se autorizó un folleto con esas características.
En una entrevista realizada al secretario de Estado del Vaticano, Piero Parolin, éste resaltó la necesidad de que las diferencias dentro de la Iglesia Católica se resuelvan de forma pacífica, pero añadió que espera que no se tenga que recurrir a sanciones, con lo que no descartó la posibilidad de que Roma se vea obligada a intervenir.
El propio cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, rechazó la interpretación de los obispos alemanes de que el folleto había sido autorizado, además de que en el escrito se promueve algo que el propio Vaticano prohibió.
El Papa León XIV, al ser cuestionado respecto al tema, afirmó que la Iglesia “no está de acuerdo con la bendición formalizada de las parejas”, más allá de los límites que se marcaron durante el pontificado del Papa Francisco.
Así las cosas, la Iglesia se encuentra en un impasse, en el que el Vaticano ha marcado claramente los criterios y los límites, y los obispos alemanes modernistas y sus subordinados laicos, con el pretexto de haber entendido de forma diferente las directrices y otorgar interpretaciones contrarias a la doctrina y tradición, a conceptos, como es el de la “sinodalidad”, van avanzando con pequeños pasos.
EL OTRO EXTREMO, LA FSSPX
Ante los embates de los modernistas, durante muchos años, ciertos sectores de la Iglesia no veían con malos ojos, las posiciones que podríamos llamar ahora ultra ortodoxas, dentro de las que se encuentra las de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X (FSSPX).
La FSSPX se fundó estando en plena comunión con la Santa Sede, pero a los pocos años comenzaron a surgir diferencias, y en un proceso acelerado de menos de dos décadas se afectaron las relaciones y hubo una separación en los principios doctrinales, hasta llegar al momento actual en el que ocurrieron excomuniones automáticas y se ha declarado un cisma.
Luego de que se fundara la FSSPX, en 1970 por el arzobispo suizo Marcel Lefebvre, la Fraternidad fue constituida como sociedad sacerdotal de derecho diocesano.
Sin embargo, menos de cinco años después, aparecieron discrepancias en materia litúrgica y doctrinal, a partir de las reformas del Concilio Vaticano II y de documentos pontificios inspirados en el propio Concilio. Las opiniones y el actuar de clérigos modernistas, se convirtieron también en obstáculos para las relaciones y los acuerdos.
Hay que destacar que las posiciones de la Fraternidad y de su fundador se fueron radicalizando, como lo demuestra el hecho de que Mons. Lefebvre no solo participó en las sesiones del Concilio, sino que firmó los documentos conciliares, ya que era superior general de los Padres del Espíritu Santo.
Algunos hechos que muestran cómo escaló el problema, son la supresión canónica de la Fraternidad por parte del obispo de Friburgo; la suspensión que recibió el obispo Lefebvre para poder ordenar, y más tarde, la suspensión a divinis, que le prohibía ejercer cualquier acto sagrado, incluida la celebración de la Misa.
Esto significaba que había quedado privado del ejercicio del ministerio sacerdotal.
Como respuesta y en desacato a lo ordenado, el fundador de la fraternidad continuó con sus actividades sin ningún tipo de limitación.
Durante todas estas décadas, las relaciones entre Roma y la FSSPX ha tenido altas y bajas, sin embargo, las consagraciones episcopales que se realizaron hace unos días, sin contar con mandato papal, las han puesto en el mismo nivel y condiciones que se presentaron en 1988, cuando Mons. Lefebvre consagró a cuatro obispos sin contar con el mandato pontificio requerido.
Ante este acto de insubordinación, en aquel momento se declaró a la Fraternidad San Pío X como cismática y quedaron excomulgados los involucrados.
El obispo Marcel Lefebvre murió en 1991, sin que se conociera de su arrepentimiento. En los años posteriores, Roma envió diversas señales para tratar de mejorar las relaciones, como fue el reconocer la legitimidad del uso del misal de 1962 de San Juan XXIII y restituirles a los sacerdotes la facultad de confesar a los fieles.
Si bien es cierto que las relaciones entre la Santa Sede y la FSSPX, en buena medida lograron recomponerse, la situación jurídica de fondo no cambió, debido a que muchas de las diferencias se mantuvieron, lo que permitió que los integrantes más radicales en la Fraternidad alcanzaran un mayor control y dominio sobre las que buscaban la reconciliación e incluso la comunión plena con Roma.
Fue así como, siendo superior general de la FSSPX, el sacerdote Davide Pagliarani, se anunció para el 1 de julio de 2026, la ordenación de cuatro nuevos obispos.
Una vez realizada la misa de ordenación, debido a que no existía el permiso del Papa, en forma inmediata el Dicasterio para la Doctrina de la Fe declaró que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se encontraba en situación de cisma, además de que de forma automática los nuevos prelados y los consagrantes quedaban excomulgados.
En opinión de Mons. Nicola Bux, una persona muy cercana al Papa Benedicto XVI, el verdadero problema será el abandono de la Iglesia Católica de un número indeterminado de fieles, los cuales, bajo el argumento de que hay confusión dentro de la Iglesia, buscaron mantener sus principios religiosos al amparo de la Fraternidad.
Ante esta situación, Mons. Bux propone eliminar cualquier obstáculo para la celebración de la misa tradicional y responder las Dubia que presentaron los cardenales. Estas medidas darían claridad doctrinal, permitirían un juicio más certero sobre el camino sinodal de los obispos alemanes y evitaría la salida de católicos de la Iglesia.
El padre Javier Olivera Ravasi, abogado y doctor en Filosofía, al comentar lo ocurrido con la Fraternidad, expresa de forma franca que la FSSPX actúa con soberbia e hipocresía, es una agrupación desleal, pues por un lado dicen defender al Papa, pero en realidad tratan de apoderarse de las llaves de San Pedro. Se abrogan una facultad que es exclusiva del Papa, como es la ordenación de los obispos, con el pretexto de rescatar a la Iglesia.
Agrega que pretenden erigirse en la nueva arca de salvación de la Iglesia y asumen que ellos tienen la verdad absoluta; es la misma posición que en su momento asumió Martín Lutero, concluye el padre Ravasi.
La realidad es que tanto modernistas como los ultra ortodoxos han tratado de evitar un rompimiento con Roma, pues unos y otros tratan de arrebatarle el rebaño, la Iglesia que Jesús puso bajo el cuidado de Pedro.
Seguramente consideran que en la medida que permanezcan más tiempo integrados a la Iglesia, aunque sea como lobos disfrazados de ovejas, se apoderarán de una parte mayor del rebaño.
Verdaderamente la Iglesia se encuentra sitiada y atacada de forma sistemática por sus enemigos, desde fuera, pero también desde dentro, y estos últimos son los más peligrosos.

