La Dignidad y la Discapacidad en el Centro de la Gobernanza

La Dignidad y la Discapacidad en el Centro de la Gobernanza

Mucho se especula sobre el uso faccioso y los manejos turbios que se han hecho sobre la discapacidad.

En mi opinión, que coincide con diversos autores, creo que es necesaria una reflexión más de fondo sobre el tema. Y esta invitación la hace formalmente, el Foro sobre “La Discapacidad en el Centro” que impulsa la Fundación Rafael Preciado Hernández.

Recientemente, escuché a un destacado pensador contemporáneo, cuando afirmaba que, cuando la solidaridad-virtud llega envuelta en papel de regalo, lleno de efectos brillantes y adornos que la revisten de belleza, con muchos moños decorados, luces y gran escenografía, hay que tener la certeza de que no es una verdadera solidaridad, sino un reforzamiento de marca de acuerdo con los cánones del marketing.

Esto es importante, porque de acuerdo con las políticas públicas de las buenas prácticas en la gobernanza eficazmente humanista, existen una serie de valores superiores que envuelven y le dan sentido a la solidaridad como virtud en la gobernanza.

Solidaridad eficaz, respeto total a la dignidad humana del discapacitado y valiente subsidiaridad, son conceptos que van agarrados de la mano, porque cuando falta alguno de esto valores superiores en el arte de bien gobernar, el resto pierde su esencia. 

Puede haber una normativa brillante en materia de acciones solidarias que, si se convierten en dádivas o preceptos de campaña electoral, diluyen la esencia del respeto a la dignidad de la persona humana en condiciones de discapacidad. 

Si se extravía el fondo humanista de la acción solidaria o se pierde su verdadero sentido, se ausenta también la total consideración del respeto a la dignidad del ser humano objeto y sujeto de la acción de gobernanza, para convertirse en una acción de proselitismo usualmente faccioso. Y cuando estas ausencias y/o desviaciones del concepto y precepto solidario se emplean como de uso corriente, la libertad de la persona humana se transforma también, en una moneda de cambio para el más fuerte.

Visto así, es un acierto que el evento propuesto por la Fundación Preciado Hernández, que dirige certeramente, nuestro amigo Julio Castillo, coloque en el centro de todo ello a la discapacidad, porque desde esa perspectiva, la acción social y gubernamental, se aleja con mucho del paternalismo y de la cultura de la dependencia que tanto daño ha hecho al país.

Los discapacitados no son menores de edad ni personas de segunda mano. Son seres humanos con alma racional y cuerpo material que requieren y exigen, porque tienen derechos elementales, para desarrollarse como personas y convivir en una sociedad en mejores condiciones.

Valen un par de reflexiones.

La discapacidad al centro quiere significar que no se trata, solamente, de atención médica especializada de buenos cuidados paliativos, porque demanda buenas prácticas de gobernanza ubicadas bajo ciertos principios y valores.

Poner a la discapacidad como centro de nuestra atención, lleva implícitas varias consideraciones. De entrada, no es una acción de compasión ni lástima, sino al contrario, es una acción de gobierno humanista que se esfuerza con políticas públicas y normatividad suficientemente explícitas, para contribuir al desarrollo humano y trascendente de las personas discapacitadas, precisamente, porque son libres y poseedores de una dignidad que nadie puede soslayar y una libertad que fue un regalo de Dios mismo y que, como decía Víctor Frankl, nos podrán quitar todo menos la libertad para decidir cómo interpretar lo que nos sucede.

No es una dádiva electorera porque no pretende, ni de lejos, manipular a las personas, porque cuando se desvirtúa su objeto final, infantiliza a las personas y las vuelve cada día, más dependientes de acciones sospechosas con finalidad electoral.

Desde luego, la discapacidad en el centro, significa que el gran objetivo es impulsar todas las acciones de gobierno y las buenas prácticas para que la persona discapacidad alcance todo el potencial que le permita su condición. Los ejemplos son miles: Beethoven sordo y pobretón… Ishak Stern, parapléjico con un oído musical extraordinario, Hellen Keller, ciega, sorda, muda y escritora; Lara describió la belleza de Madrid sin jamás haber pisado España.

Sin duda el mejor reconocimiento para la Fundación Preciado Hernández. El éxito está ya a la vista. Gracia

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