Cátedra en el Congreso de España
El pasado 8 de junio de este 2026 pasará a la historia de España no sólo por ser un evento más de la presencia del Papa en Madrid sino más bien por el modo claro y valiente como participó en la tribuna del Congreso de los Diputados.
Ciertamente que en dicho recinto legislativo (antes conocido como las Cortes) es donde los diputados tienen el deber de elaborar y promulgar leyes que contribuyan tanto a la paz social como a la buena marcha de la sociedad.
Los diputados tienen la gravísima responsabilidad de elaborar una serie de normas jurídicas en las que lo posible sea justo y en las que lo legal sea humano.
Gravísima responsabilidad que -debido a politiquerías partidistas- están muy lejos de llevar a la práctica.
Mas bien, todo su trabajo ¡demagogia pura! Consiste en atacarse mutuamente así como establecer una serie de alianzas -muchas de ellas “contra natura”- que solamente sirven para mantener en el poder a un sujeto llamado Pedro Sánchez que jamás ganó una elección y que es repudiado por la inmensa mayoría de los españoles.
Pues bien, fue allí, en las antiguas Cortes Españolas donde se presentó el Papa León XIV.
El Vicario de Cristo tuvo el valor de presentarse en lo que -en vez de ser un recinto legislativo- es una guarida de truhanes que sólo intentan sacar la mayor tajada partidista y sin preocuparse por el bienestar popular.
León XIV no tuvo miedo de presentarse en la guarida. Y no tanto porque temiera alguna agresión física sino mas bien porque podía darse el caso de que, como represalia, los socialistas y aliados endurecieran sus ataques contra la Iglesia.
Tomando en cuenta que la Verdad hay que anunciarla a tiempo y destiempo y aunque incomode, el Sucesor de Pedro tuvo el valor de hablar ante un auditorio compuesto en su mayoría por enemigos de España y de la Iglesia.
Y he aquí como, sin haber sido jamás profesor universitario, León XIV sustentó una valiente cátedra digna de ser escuchada en universidades del rango de la de Salamanca o de Alcalá de Henares.
Una lección universitaria que duró más de media hora y en la cual habló del respeto a la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, del derecho que tienen los padres de elegir la educación de sus hijos, de como la Familia es la primera educadora del ser humano, del respeto que se debe a los migrantes que por necesidad se ven obligados a dejar su patria, de cómo la verdadera seguridad nace de la Justicia, de cómo la Ley alcanza su grandeza cuando respeta la dignidad humana, de cómo los legisladores deben ordenar jurídicamente la convivencia social y, en fin, una larga serie de conceptos expresados con tal valentía y claridad que hicieron que quienes los escuchábamos quedásemos sin pestañear.
Fue aquel un discurso con la voz de Ratzinger, pero con el tono de León XIV.
A pesar de que el auditorio estaba formado en su gran mayoría por tipos hostiles a la Iglesia, una vez que León XIV hubo terminado, los allí presentes le brindaron una efusiva ovación que se prolongó durante siete minutos.
Si el discurso hubiera sido pronunciado ante un auditorio compuesto por elementos sujetos a un régimen dictatorial comunista, esto a nadie extrañaría. No era el caso puesto que los allí presentes poco tienen en común y suelen pelearse todos los días como perros y gatos.
Sin embargo, en el momento de aplaudir tanto tiempo al Papa lo hicieron sin problema y sin que nadie los coordinase.
Aquel 8 de junio León XIV se mostró como un hombre valiente que no se deja impresionar por unos respetos humanos que brotan de un erróneo concepto de la diplomacia.
León XIV cumplió a la perfección con el cometido propio del Buen Pastor que orienta y es capaz de dar la vida por sus ovejas.
Después de un año de su elección, el Vicario de Cristo muestra ya su verdadero rostro y al hacerlo infunde un clima de esperanza.

