El Mundial visibiliza una Herida; los Desaparecidos: CEM
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El Mundial visibiliza una Herida; los Desaparecidos: CEM

Ramón Castro Castro, Obispo de Cuernavaca y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, reconoce el esfuerzo de la Sección Nacional al clasificar a la siguientes fase de la Copa del Mundo, al mismo tiempo reconoce “una herida que sangra en nuestro pueblos” por los hijos desaparecidos.

El mensaje señala que “los obispos de México reconocemos el logro de la Selección Nacional por su paso perfecto en la clasificación a la siguiente fase de la Copa Mundial”.

Por lo que felicitan “a los jugadores, al director técnico, al cuerpo técnico y a todas las personas que han contribuido a este logro que hoy llena de entusiasmo a millones de mexicanos”.

“Como mexicanos, compartimos los gozos y esperanzas, así como las tristezas y angustias de nuestro pueblo”.

El mensaje del CEM señala que “no escapa a nuestra mirada el esfuerzo de las madres buscadoras por hacer visible durante los eventos del Mundial una herida que sangra en nuestro pueblo: sus hijos desaparecidos”.

De ahí que “griten” por la unidad de “todo México que también hay otros motivos que nos deben unir para mostrar nuestra humanidad y defender nuestra dignidad. Queremos familias completas celebrando a México y jóvenes que realicen sus sueños sin que peligren sus vidas”.

Dicen que “el deporte tiene la capacidad de reunir a personas de distintas edades, regiones e historias en torno a un mismo ideal. Por ello esta competencia nos recuerda que la disciplina, el trabajo en equipo, la perseverancia y la confianza son valores que también necesitamos fortalecer como sociedad para afrontar los desafíos que vivimos como país”.

“¡Cuánto deseamos que la alegría expresada en las calles se traduzca en compromiso por México y en motivo de esperanza para los más vulnerables!”

Admiten “que estos acontecimientos nos recuerden que las alegrías y los sufrimientos de nuestros pueblos nos unen como una sola familia humana y nos llaman a caminar juntos con empatía, solidaridad y compromiso con el hermano”.

“Confiamos a Nuestra Señora de Guadalupe todos los pueblos de nuestra América, para que nos alcance del Señor el don de la esperanza, la fraternidad y la paz”.

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