Mártires Mexicanos del Siglo XX

Mártires Mexicanos del Siglo XX

Testigos del Reino

“¿Qué significara ser mártir?” -CAP.3- El siglo XX produjo más mártires cristianos, que los diecinueve siglos anteriores ¡juntos!, Como escribió San Juan Pablo II: “La Iglesia ha vuelto a ser una Iglesia de mártires”.

Y a esta gran corriente martirial del siglo XX pertenece, en un lugar singularísimo; México.

Hace cien años, entre 1926 y 1929, nuestro país vivió una persecución durísima contra la Iglesia; y después, una segunda ola en los años treinta, bajo el Cardenismo.

La Iglesia Universal ha reconocido oficialmente a muchos de aquellos testigos.

El 21 d mayo del año 2000, San Juan Pablo II canonizó a San Cristóbal Magallanes y a veinticuatro compañeros mártires.

El 16 de octubre de 2016, el Papa Francisco canonizó a San José Sánchez del Río, “Joselito”, niño de catorce años.

El 20 de noviembre de 2005, en el Estado de Jalisco, el Papa Benedicto XVI beatificó a Anacleto González Flores y a Luis Magaña Servín, y a muchos otros laicos.

Y hay todavía causas en marcha, como la Sierva de Dios, María de la Luz Camacho, como le decían “lucha”, catequista de Coyoacán.

Más de cuarenta testigos mexicanos ya en los altares.

Y, hermanos, hermanas, muchos más en camino. ¡Ellos son los protagonistas de esta serie!

Pero hay algo único en los mártires mexicanos. Su grito final no fue solamente “¡Viva Cristo Rey!”, fue: “¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!”

Y eso lo dice todo.

Porque la Virgen del Tepeyac, cuando se apareció a San Juan Diego, presentó a Jesús y citó al Nican Mopohua como “in nelli téotl ¡palnemohuani!”, “EL VERDADERO DIOS POR QUIÉN SE VIVE”.

Por quien se vive, no por quien se mata. Por quien se vive y, si fuera necesario, por quien se entrega la propia vida, no la del otro.

Esa es la herencia que la Virgen de Guadalupe dejó a los mártires mexicanos y la que también hoy nos deja a nosotros.

Hoy hermanos y hermanas, hoy también necesitamos ser testigos.

El Papa León XIV, en su primera Carta Encíclica: “Magnifica Humanitas”, del 15 de mayo de este año, nos ha dado cuatro tareas para esta hora histórica: Permanecer fieles a la verdad, invertir en la educación, cuidar las relaciones humanas y amar la justicia y la paz.

Cuatro tareas. Cuatro caras del único testimonio cristiano.

Hoy la mayoría de nosotros no derramaremos sangre por Cristo, pero todos estamos llamados a entregarle la vida. Día a día. En la familia, en el trabajo, en la calle y también en la pantalla. Eso es ser testigo del Reino hoy.

Por eso, los invito, hermanos y hermanas, a recorrer juntos esta serie de Catequesis.

Conoceremos a un sacerdote al que llamaban “el loco del Sagrado Corazón” y que beso la soga antes de morir, a un catequista de veintisiete años que enseñaba a dos mil trecientos niños, a un párroco que se disfrazaba de arriero para llevar la eucaristía a las casas, a un niño de catorce años, a un obrero curtidor que se entregó por su hermano, a una religiosa que cuidó a enfermos pobres cincuenta y cuatro años, y a muchos más.

Que Santa María de Guadalupe, Madre de los Mártires mexicanos, y Madre de toda la fe entregada, nos haga a todos nosotros también, Testigos del Reino. ¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva Santa María de Guadalupe!

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