Ruffo y la Teoría del Linchamiento Mediático
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Ruffo y la Teoría del Linchamiento Mediático

Hoy, cuando las exigencias de la DEA del presidente Trump se ciernen sobre un buen número de personajes de Morena y la 4T ubicados en las esferas gubernamentales. Ahora mismo, cuando las cifras se tuercen para confundir a la opinión pública de “las exageraciones de los adversarios” sobre los temas de corrupción en la administración pública de cualquier orden constitucional. Precisamente, cuando cada mañana se destapa un nuevo acto de corruptelas en los amplios espacios de la autoridad pública, es cuando con precisión quirúrgica, se detiene con espectacularidad de las películas de los 3 García, a un destacado líder de la oposición. ¡Faltaba más!… Primer gobernador panista, hombre estimado y respetado, resultaba el mejor tiro al blanco para las condiciones del bajón político de palacio y sus alrededores.

Se habla con certeza de “linchamiento mediático”, pero en opinión de este escribano, conviene focalizar algunos elementos quedan forma al éxito de esta práctica en la política común y corriente. Es un fenómeno que vale la pena enfocar con un poco más de detenimiento, porque no son tácticas a seguir desde donde se pretende analizar.

EN QUÉ CONSISTE EL LINCHAMIENTO POLITICO

° Describe un método de campaña, sistematizado y enfocado que se enfoca en el desprestigio, aislamiento, crítica, deterioro o destrucción de la reputación de un adversario político.

° Emplea el uso priorizado y coordinado al detalle, de elementos como los discursos y narrativas, golpes mediáticos, uso de redes sociales y/o instituciones.

° No implica siempre el uso de violencia física, pero trae consigo consecuencias muy graves para la vida pública y privada de la persona objetivo del linchamiento.

Desde una perspectiva meramente pragmática, no ética, las características más comunes del linchamiento mediático son:

  • El primer objetivo buscado, se centra en los procesos de deshumanización del adversario. Se presenta al oponente y a sus planteamientos, como un enemigo absoluto, inmoral o peligroso y devastador, en lugar de un rival legítimo dentro de una democracia. En consecuencia, como no le mueve un sentido de participación democrática, el riesgo de no derrotar al adversario se convierte en impulso para un totalitarismo que es necesario combatir y exterminar.
  • En seguida, se procede a potenciar la manipulación de la información. <los datos proporcionados están fuera de contexto, manoseados, desaseados, convertidos en verdades a medias que acabn por ser mentiras completas. El resultado es obvio: Dañar la credibilidad del adversario, lo que abre la puerta a una campaña completa de difamación del contrario mediante narrativas, acusaciones o rumorología especialmente calumniosa, aun cuando no haya pruebas ni certeza jurídica. El propósito sin duda, es propiciar una percepción negativa a los hechos y dichos del adversario, acompañados de un modelo de difamación continuo.
  • La comunicación exacerba las emociones. En especial, se procura sembrar miedo a un ataque armado, invasión de ejércitos y elemento que provoquen la indignación del gran público, que inspiren el odio y los resentimientos. El tema a comunicar no es racional, sino totalmente emocional, visceral de la gran audiencia. Por eso el juego y rejuego de la soberanía frente a la invasión; confrontar la coordinación contra la subordinación, por ello mismo, se insiste en una repetición continua y continuada del mensaje acusaron para que el público -de tanta repetición- lo considere cierto en automático, aun sin evidencias de fondo.
  • De esta forma es generada una huella psicológica en la audiencia, centrada en elaborar etiquetas negativas -corrupción, traición a la patria, el neoliberalismo, la acusación de fascistas o similares que acaban por estigmatizar al adversario. 
  • Luego vendrán las campañas de acoso sistematizando, los ataques de diversos grupos, presionando a las audiencias s separarse del adversario. Ello coadyuvará a distanciar y separar al público de los oponentes. Más y más profunda polarización.

Sintetizando: No es casualidad lo que presenciamos en el caso de Ruffo.

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