El Asesino del Padre Pro

El Asesino del Padre Pro

Una de las páginas más recientes de la historia del México contemporáneo fue escrita con sangre.

Sí, con la sangre de miles de mexicanos que lucharon por la defensa de su Fe Católica y que fueron asesinados sin compasión por Plutarco Elías Calles, también conocido como “el Nerón mexicano”

Era tal la fobia anticatólica de dicho sujeto que se propuso exterminar la fe de un pueblo a como diese lugar y sin importarle los medios.

Auténticos asesinatos ocurrieron durante el gobierno de Calles, tantos y de tanta crueldad que, si hubiesen ocurrido en nuestros días, Calles habría merecido la condena de los organismos internacionales que velan por el respeto a los derechos humanos. Calle habría sido condenado por crímenes contra la humanidad.

Durante la Guerra Cristera (también conocida como Cristiada) fueron miles las víctimas.

De todas esas víctimas muchos héroes acabaron siendo santos cuyo martirio reconoció la Iglesia al elevarlos a los altares

Sin lugar a dudas que algunos de esos mártires más populares que -aparte de la admiración general- son venerados se encuentran San José Sánchez del Río, “el niño mártir de Sahuayo”, el beato Anacleto González Flores y quizás el más popular de todos: El beato Miguel Agustín Pro, S.J. , más conocido como el Padre Pro.

El Padre Pro era originario de Zacatecas, perteneció a la Compañía de Jesús y durante varios años cursó estudios en el extranjero.

Un hombre jovial y simpático que regresó a México el 7 de julio de 1926, justo cuando estaba a punto de iniciarse la rebelión cristera.

El Padre Pro fue un apóstol que con entusiasmo llevó a la práctica la Doctrina Social de la Iglesia. Un apóstol de la caridad a quien no le importaba arriesgar su vida con tal de ayudar a los más necesitados.

Un hombre que impartía los sacramentos disfrazándose y así le veían confesando a un penitente sentados ambos en alguna de las muchas bancas que existen en el Paseo de la Reforma.

El Padre Pro se hizo pronto popular, razón por la cual el gobierno emprendió una intensa persecución para capturarlo y darle muerte; persecución que él evadió cantidad de veces utilizando ardides y disfraces de lo más originales.

Todo se complicó cuando el ingeniero Luis Segura Vilchis intentó un atentado contra el general Álvaro Obregón. El coche desde el cual se arrojaron las bombas pertenecía a uno de los hermanos del Padre Pro.

Esto fue más que suficiente para que todos los hermanos Pro fueran capturados y, sin haber juicio de por medio, condenados a muerte.

Incluso cuando estaban a punto de ser llevados al paredón el abogado Luis E. Mac Gregor presentó un amparo con el cual el juez Julio López Masse ordenaba suspender la ejecución.

Calles no respetó el amparo ordenando que los presos fuesen fusilados de inmediato. Y para mayor escarnio pidió que reporteros de prensa estuviesen presentes sacando fotos.

Años después, Calles al ser derrocado se exilió en California y allí era visitado con frecuencia por el Padre Carlos María de Heredia, S.J.

Enfermo, achacoso y amargado el otrora Jefe Máximo de la Revolución, recibía con amabilidad al citado jesuita quien un día le preguntó:

-Usted, general, ¿Sabía que el Padre Pro era inocente?

-Sí -respondió Calles.

-Entonces…¿Por qué lo mandó matar?

-Porque quería pegarles a los católicos donde más les doliera.

Un principio jurídico afirma que la confesión es la madre de las pruebas. Y, según la declaración de Calles, vemos como “a confesión de parte, relevo de pruebas”

El Padre Pro fue asesinado el 23 de noviembre de 1927 y en algunos años el aniversario de su martirio suele coincidir con la fiesta de Cristo Rey.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *