Perdonar, pero no Olvidar a los Cristeros: CEM
En video mensaje, el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Ramón Castro Castro, y el Secretario de la CEM, Monseñor Héctor Mario Pérez Villarreal, recuerdan el conflicto religioso, la Cristiada, sus mártires, e invitan a perdonar, pero no olvidar este episodio de la historia de México.
Hace cien años, en México, callaron las campanas de los templos. Hablo su sangre. Por dos años se cerraron los templos y el conflicto religioso enfrentó a los mexicanos.
Lo que ocurrió en México hace un siglo tiene ese rostro trágico. No fue una nación invadida por extraños, sino un pueblo que se dividió contra sí mismo. Del lado de las trincheras y del lado de los batallones, había hijos de la misma tierra, bautizados en las mismas parroquias, herederos de la misma cultura. Con la misma Madre en el pecho: la Virgen de Guadalupe.
Hoy, 100 años después, los obispos de México querremos dirigirnos a todos ustedes, no para reabrir heridas, sino para curarlas; no para juzgar a los muertos, sino para servir a los vivos; porque un pueblo que no recuerda queda a merced de quienes escriben la historia por él. La memoria cristiana no es nostalgia del pasado, es fuerza para el presente.
No conmemoramos una guerra, no celebramos una victoria; no exaltamos las armas, ni idealizamos la violencia; no convocamos a la revancha y no alimentamos el resentimiento.
Conmemoramos la fidelidad de un pueblo creyente, que mantuvo viva la fe, cunado los templos permanecieron en silencio. Conmemoramos a nuestros mártires que no mataron por Cristo, sino que murieron por él. Y recordamos una lección aprendida a un precio altísimo: la libertad religiosa, no es un privilegio del clero, sino un derecho de toda persona humana.
Los mártires nos recuerdan que existen verdades por las que vale la pena vivir. Y también, si es necesario, morir; porque quien da la vida por amor no pierde, siembra. Hoy defendemos la libertad religiosa como un derecho de todos, de creyentes y no creyentes, porque ninguna conciencia debe de ser obligada, manipulada o silenciada.
Este no es solamente un aniversario, es un tiempo de gracia, un llamado para construir una Iglesia que escucha antes de hablar, que camina unida, que despierta en cada bautizado la conciencia de vivir su fe en familia, en el trabajo, en la vida pública.
Que ese tiempo nos encuentre reconciliados, capaces de nombrar la verdad sin odio, de perdonar sin olvidar y de construir juntos una nación donde ninguna conciencia sea coaccionada y ninguna vida sea descartable.
Cristo reine em nuestros corazones y Santa María de Guadalupe proteja nuestra patria.

