¿El Rey ha Muerto, Viva la Reina?
Estamos siendo testigos en tiempo real de una confrontación que está llevando al desmantelamiento de la 4T fundada por Andrés Manuel López Obrador, y del surgimiento de la nueva 4T de Claudia Sheinbaum; un enfrentamiento en el que destacan, como principales estrategias, simulaciones, hipocresías y traiciones; el proceso avanza, se mueven muchas fichas, pero al final, muy probablemente, los mexicanos solo habremos cambiado de amo (como dijo el recordado Manuel Clouthier), y continuaremos fuera de un sistema de verdaderas libertades.
Si la inercia se mantiene, la corrupción, los abusos de poder y los atentados a la libertad serán cometidos por el triunfador de este enfrentamiento tras bambalinas, por la nueva casta de gobernantes, que tendrán como responsabilidad, no procurar el desarrollo de los ciudadanos, sino lograr que se mantengan en control, para beneficio de ellos, pero también de los que se encuentran más allá de nuestras fronteras y que requieren un país en paz.
Durante muchos meses nos preguntábamos, que actitud asumiría Sheinbaum frente a las crecientes presiones de los Estados Unidos, y los escándalos que a diario surgían y continúan surgiendo, dentro de las filas del gobierno de Morena; sería capaz de enfrentar y deslindarse de su mentor López Obrador. Las mañaneras de Palacio Nacional nos han mostrado a una mujer superada por la realidad, cada vez más limitada para controlar el gobierno y agotada en sus argumentos, a tal grado, que se convirtió en la materia fundamental de los creadores de memes y de la sátira política.
La realidad es que dentro de la 4T se libra esa batalla a muerte, literalmente a muerte, entre las huestes de López Obrador y las de Sheinbaum; inicialmente, muchos que detectaron el conflicto, apostaron a favor de López Obrador debido al control amplio del gobierno y al escaso equipo con que contaba la presidenta, pero la vida está llena de sorpresas.
En el Kung Fu existe una técnica que llaman del borracho, en la que un luchador emplea una serie de movimientos erráticos y desordenados que confunden al oponente, y en un neófito, le llega a infundir cierta confianza, debido al aparente estado de embriaguez y a la torpeza con que actúa el combatiente.
Este ejemplo solo es para describir la astucia y habilidad con que aparentemente se ha desempeñado Claudia Sheinbaum, quien en esta batalla partió con una enorme desventaja frente a López Obrador; aguantó y continúa aguantando las críticas y burlas de la sociedad y de muchos de sus correligionarios en Morena, empleando ese tiempo para conseguía nuevas lealtades y ampliaba sus espacios de operación, hasta lograr lo que ahora tiene: el grupo de Palenque está cada vez más acotado y disminuido en sus márgenes de acción.
La presidenta ahora pudiera presumir de un grupo lo suficientemente fuerte para retar, o someter a su oponente; le ha arrebatado lealtades y ha construido una estructura propia. Esto se deduce de quienes resultaron ganadores para ser Coordinadores Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, que es el pomposo nombre que le dieron a los que probablemente serán los candidatos de la 4T, que competirán para gobernadores, en las elecciones del próximo año. Hay que recordar que son 17 estados los que estarán en juego, y de las designaciones dadas a conocer hace unos cuantos días, no son más de tres los Coordinadores que se identifican con el grupo del ex presidente López Obrador, incluso Andrea Chávez, que era la aspirante a la que quizás se apostó los mayores recursos y presiones políticas por parte de Adán Augusto López, el actor más visible de los “obradoristas”, perdió en Chihuahua.
Todo este escenario no se podría haber dado, sin la coincidencia coyuntural de intereses con el gobierno de Estados Unidos, un país en el que, por cierto, muchos depositan su confianza y están convencidos de que será el que libere a México de la calamidad de la 4T. Sin embargo, no se debe de olvidar que esta nación tiene sus propios y graves problemas, pero también, que ha desarrollado y puesto en práctica criterios pragmáticos de actuación, que cada vez son más evidentes, como lo demuestra el caso Venezuela.
En otros textos hemos comentado que Estados Unidos se quitó finalmente la máscara. Durante muchos años, las intervenciones y guerras en las que se involucró, se justificaban con la búsqueda de la democracia, con el combate a las dictaduras y a los sistemas totalitarios, pero resultó que, en muchos casos, al realizarse los primeros análisis, emergían los intereses económicos y el poder, como los verdaderos motivos de esas conductas bélicas.
Los venezolanos, sometidos a una dictadura que de poco en poco les quitó las libertades y los empobreció, no cabían de felicidad cuando a principios de este año, en un operativo militar, el gobierno norteamericano capturó al dictador Nicolás Maduro. Pensaban que en Venezuela volverían a soplar los vientos de libertad; la opositora María Corina Machado, incluso, le entregó a Trump el Premio Nóbel de la Paz que ella recibió meses antes, esto, como agradecimiento por lo que hacía en favor de la libertad del pueblo venezolano. Al parecer, todos ellos se equivocaron.
Informaciones posteriores han dejado entrever que una facción del autodenominado Gobierno Bolivariano, en el que militares tuvieron un papel preponderante, traicionó al líder y negociaron con los Estados Unidos la entrega en bandeja de plata de Maduro, a cambio de que los norteamericanos fueran los beneficiados del petróleo venezolano. Una decisión fundamental en la negociación fue que dejaron en el poder a Delcy Rodríguez, una integrante del propio gobierno de Maduro, es decir, la maniobra de Trump le permitió tomar control de los hidrocarburos e impidió que se terminara de quebrar la frágil estabilidad política del país. Me pregunto si esta historia no tendrá versión mexicana, pues a pesar de las diferencias, podemos reconocer semejanzas entre lo ocurrido en Venezuela y lo que ocurre en México.
Da la impresión de que entre Sheinbaum y Trump pueden existir valores entendidos, más que acuerdos explícitos, aunque no se pueden descartar ciertos compromisos a través de intermediarios. Si le quitamos un poco la paja a este caso, encontramos que ciertamente el presidente de Estados Unidos ha presionado directamente al gobierno de Sheinbaum, pero el que ha pagado los mayores costos y consecuencias ha sido el grupo de AMLO, sino que lo diga su hijo Andy quien ya ha sido responsabilizado de ilícitos en el país vecino, junto a su socio fugitivo Amilcar Olán, acusado de ser el operador del huachicol fiscal y de estar vinculado con los cárteles de la delincuencia; que lo digan el sinaloense Rubén Rocha Moya y los gobernadores de Baja California, Tamaulipas y Sonora; que lo diga Adán Augusto López y varios de los aspirantes a coordinadores de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, que fueron derrotados.
Las acusaciones y señalamientos de Estados Unidos sobre los llamados narcopolíticos y los grupos de la delincuencia organizada suben de tono en cada declaración. En la ONU, Trump acaba de señalar que México es “el epicentro de la violencia de los cárteles”. Todo esto ha golpeado a Morena, pero particularmente al grupo de Andrés Manuel López Obrador, haciendo que varios de ellos, según se ha filtrado en medios de comunicación, estén ya cooperando con las autoridades norteamericanas, provocando la aparición de nuevos casos de corrupción, y una mayor debilidad del grupo.
Para tratar de dilucidar un poco lo que ocurre en torno a la presidenta, vamos a efectuar un breve repaso de algunas opiniones y aspectos mediáticos y de imagen que se han dado. A Sheinbaum no se le acusa directamente de ser parte de la corrupción, pero en diversos medios se le señala como “tapadera” de los ilícitos cometidos por los hijos de AMLO y de personajes cercanos a él; Donald Trump, aunque le reconoce que está atacando la delincuencia, aclara que no es suficiente y ha dicho que la presidenta está asustada. A estas referencias, podemos agregar las recurrentes expresiones de agobio, incomodidad y frustración, que manifiesta la presidenta en las mañaneras; su discurso agotado y poco convincente; las versiones de que está enferma, de que los grupos radicales de Morena no le permiten actuar. Solo como botón de muestra, recordar cuando Adán Augusto López visitó a la presidenta en Palacio Nacional, alguien filtró que el legislador exigió la destitución de fiscal, Alejandro Gertz Manero, y poco tiempo después el hecho se confirmó con la renuncia del funcionario y su nombramiento como embajador en Reino Unido.
Pareciera que nos enfrentamos al intento de proporcionarle una nueva personalidad a la presidenta, de crear una narrativa, en la que la presidenta Sheinbaum ahora es una rehén, una víctima de las circunstancias, una víctima de AMLO y de la intransigencia y abusos de su grupo.
Imaginemos cuál sería el futuro de la presidenta, en un escenario en el que todos los acusados de ser narcopolíticos y huchicoleros desaparecieran, fueran capturados, enjuiciados y extraditados. Acaso veríamos el surgimiento de una presidenta Sheinbaum que se habría ganado, de alguna manera, el derecho de permanecer, e incluso, hasta dar origen a una nueva dinastía de gobernantes, una mandataria que sería exonerada por cualquier pecado cometido en el pasado, que colaboraría de forma plena con los Estados Unidos para acabar con el crimen, el huachicol, el fentanilo y los grupos terroristas que generan esos delitos.
Una la presidenta que tendría la responsabilidad de ordenar la migración y cuidar la frontera sur de los Estados Unidos como si fuera la de México; una presidenta reinventada, y quizás esto sea lo más difícil de imaginar, que habría renunciado a cualquier idea revolucionaria que recordara el llamado socialismo del siglo XXI.
Como dijimos, solo se trató de hacer un ejercicio de imaginación, pero la historia se ha encargado de recordarnos que, en muchas ocasiones, la realidad ha superado a la imaginación.
Lo real es estos momentos, es el hecho de que las tensiones se han acumulado entre Estados Unidos y México, y que cada vez se ve más probable que ocurra algo verdaderamente explosivo, que ocasione una crisis de consecuencias profundas, principalmente para nuestro país, por ser el más débil; habrá que estar preparados.

