La Paz es Tarea de Todos: CEM
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La Paz es Tarea de Todos: CEM

Mensaje del CEM encabezado por Mons. Ramón Castro Castro, Obispo de Cuernavaca y Mons. Héctor M. Pérez Villarreal, Obispo Auxiliar de México, con motivo del día internacional de la paz.

La paz no puede reducirse a la ausencia de enfrentamientos. Para millones de mexicanos significa algo mucho más concreto: poder salir de casa, trabajar, transitar por una carretera, abrir un negocio o formar una familia sin miedo.

En este Día Internacional de la Paz, desde la Conferencia del Episcopado Mexicano queremos unir nuestra voz a la de tantos mexicanos que anhelan vivir en un país donde la violencia y el miedo no condicionen su vida cotidiana.

No podemos hablar de paz ignorando el dolor que atraviesa a tantas comunidades de México. La violencia continúa arrebatando vidas, provocando desapariciones, desplazando familias, sometiendo a comerciantes y trabajadores mediante la extorsión y sembrando temor en pueblos y ciudades. La Iglesia también ha sido alcanzada por esta realidad: vivimos en medio del Pueblo de Dios y compartimos sus dolores y esperanzas.

Detrás de cada persona asesinada, desaparecida, desplazada o extorsionada hay una vida y una familia heridas. Ninguna sociedad puede acostumbrarse a ello. Cuando la sociedad no ofrece a los jóvenes pertenencia, oportunidades y esperanza, otros grupos pueden ocupar ese vacío y ofrecerles, de manera destructiva, identidad, dinero y poder. No podemos permitir que la violencia se vuelva parte del paisaje ni que el miedo determine nuestra manera de vivir.

Por ello, trabajar por la paz no es opcional para ningún mexicano. La paz es tarea de todos, aunque no todos tengamos la misma responsabilidad.

Reiteramos nuestro llamado a las autoridades de los distintos órdenes de gobierno a cumplir con su responsabilidad de garantizar la seguridad, el Estado de derecho y el acceso efectivo a la justicia.

A las familias las exhortamos a erradicar la violencia de sus hogares, educar para la fraternidad y promover el respeto; a las escuelas, a formar ciudadanos responsables; a los medios de comunicación, a contribuir a una cultura del encuentro y de la verdad, no de la violencia ni de la polarización; a los empresarios, a generar empleo digno y a no ceder ante la corrupción; a las iglesias y organizaciones sociales, a acompañar, reconstruir vínculos y abrir caminos de reconciliación.

Como Iglesia queremos seguir haciendo nuestra parte.

El asesinato de los padres jesuitas Javier Campos y Joaquín C. Mora, y del guía de turistas Pedro Palma, ocurrido en Cerocahui, Chihuahua, en junio de 2022, fue para la Iglesia y para nuestro país un doloroso llamado que no quisimos dejar sin respuesta.

De aquella herida surgió un proceso de escucha, encuentro y corresponsabilidad que dio origen al Diálogo Nacional por la Paz.

Este camino nos ha permitido escuchar a víctimas, comunidades, jóvenes, especialistas, autoridades y organizaciones sociales, y confirmar una convicción: la paz no puede construirse desde un solo sector ni imponerse desde arriba; necesita del encuentro y de la participación de todos.

En muchas regiones de México, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos acompañan diariamente a comunidades heridas por la violencia; escuchan a las víctimas, trabajan con jóvenes, reconstruyen vínculos y crean espacios de diálogo y reconciliación. Queremos continuar colaborando con autoridades, organizaciones de la sociedad civil, instituciones educativas, empresarios, medios de comunicación y con toda persona de buena voluntad que quiera construir la paz.

México no está condenado a la violencia.

Creemos en la capacidad de nuestro pueblo para encontrarse, organizarse y reconstruir aquello que la violencia ha roto. La paz comienza cuando dejamos de considerar al otro como enemigo; cuando somos capaces de escuchar a las víctimas; cuando rechazamos la corrupción y la impunidad; cuando educamos a nuestros hijos en el respeto a la dignidad humana; y cuando cada comunidad decide no permanecer indiferente ante el sufrimiento de sus hermanos.

Jesús nos recuerda en el Evangelio: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). Para los cristianos, construir la paz no es un simple deseo ni una opción entre otras: forma parte de nuestra vocación. Se trata de una paz verdadera, que nace de la justicia, del encuentro, del perdón y del respeto irrestricto a la dignidad de cada persona.

En este Día Internacional de la Paz hacemos un llamado a todos los mexicanos: no nos acostumbremos a la violencia. No renunciemos a la paz. Construyámosla juntos, todos los días, desde el lugar que a cada uno le corresponde.

Que Santa María de Guadalupe, Madre de México, acompañe a quienes sufren a causa de la violencia y nos ayude a convertirnos, cada uno desde su responsabilidad, en auténticos constructores de paz.

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