Morena Gestiona el Asalto de Huawei (China) a Datos de Mexicanos
El empresariado mexicano está a punto de despertar a una pesadilla logística, comercial y de seguridad. Mientras las cúpulas privadas invierten recursos, tiempo y cabildeo preparándose para defender con uñas y dientes la revisión del T-MEC, en los sótanos del gobierno federal se gesta un suicidio geopolítico.
La entrega de la infraestructura digital crítica de nuestro país a la empresa china Huawei no es un simple capricho tecnológico ni un esquema de austeridad; es la instalación de un Caballo de Troya que dinamitará la confianza con nuestro principal socio comercial, Estados Unidos, y pondrá en jaque la viabilidad de miles de empresas.
Como se ha venido documentando desde hace varias semanas, por columnistas como Carlos Loret, Raymundo Riva Palacio, Sergio Sarmiento, Enrique Quintana, Carlos Ramírez, Mario Maldonado, Salvador Camarena y Héctor de Mauleón, existe una operación de centralización absoluta orquestada desde la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT), bajo la batuta de José Antonio Peña Merino. Con el pretexto de la «soberanía tecnológica» y la modernización, se están entregando las llaves del reino —nuestras aduanas, el sistema de salud, las compras públicas y la inteligencia de comercio exterior— a una corporación que, por mandato legal de su país de origen, está obligada a reportar y compartir datos sensibles con el Estado chino. Señores empresarios, el riesgo es directo y asimétrico: si sus operaciones dependen de la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCEM) o del sistema DODA —cuyo reciente y sospechoso colapso sirvió como excusa perfecta para justificar esta toma de control aduanero centralizada—, su información corporativa, fiscal, logística y de patentes está a punto de transitar por servidores de alto riesgo.
¿Realmente creemos que los grandes corporativos en Texas, California, Detroit o Nueva York van a arriesgar su propiedad intelectual o sus cadenas de suministro conectándose a un ecosistema digital mexicano controlado por Pekín? El nearshoring no sobrevive a la desconfianza cibernética; ante el menor riesgo de espionaje industrial, la inversión simplemente empaca y se va. Washington ya prohibió el uso de tecnología Huawei en sus redes críticas. Si México obliga a las empresas a cruzar por esos mismos cables para exportar o licitar, Estados Unidos levantará un muro arancelario y tecnológico impasable.
El asalto a nuestros datos, además, viene bañado de una alarmante opacidad. Tenemos al INFOTEC despachando más de 6,573 millones de pesos a Huawei con anomalías flagrantes ya detectadas por la Auditoría Superior de la Federación. Vemos al IMSS y al Gobierno de Yucatán adjudicando contratos directos para digitalizar desde puertos hasta hospitales. Y observamos la cínica danza de mil 200 millones de pesos canalizados a DR MÉXICO SA DE CV, contratista predilecto de la ATDT, para administrar un sistema de identificación biométrica. ¿Los datos de los mexicanos y de las empresas administrados en una red de favoritismo y tecnología vetada por el Pentágono como es Huawei? Es una locura corporativa e institucional. La trampa está tendida y el convenio de la Secretaría Anticorrupción para «capacitar» a mipymes a través de Huawei es la última estocada: someter a los pequeños y medianos empresarios a este ecosistema si quieren aspirar a venderle al gobierno.
Washington no va a enviar una nota diplomática amable. Las sanciones, las cuotas compensatorias y el congelamiento en el intercambio de inteligencia ya están sobre la mesa de negociaciones del T-MEC. La exclusión de México de la cadena de suministro segura de Norteamérica será el costo real de esta aventura. La pregunta de fondo que los líderes de las cámaras empresariales deben hacerle a la presidenta no es si el T-MEC peligra, sino por qué han decidido jugar a la ruleta rusa (entregando información sensible de aduanas, energía, salud, aeropuertos) con el 80% de nuestras exportaciones. Es momento de alzar la voz, exigir frenar este despropósito y auditar cada contrato, antes de que el apagón comercial y logístico sea irreversible.

