Altura de miras y generosidad. Navegantes del Reino
Monseñor Ramon Castro Castro, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, invita a los mexicanos, especialmente a los gobernantes, a trabajar por el bien común, el bien para todos y no por un grupo político.
Cuando hacemos un viaje, préstamo atención especial a las señales. Consideramos el clima. Investigamos sobre el lugar al que vamos. Hoy, con el avance tecnológico es más sencillo seguir el GPS. Solo se requiere seguir las indicaciones y avanzar por las calles señaladas.
Hoy reflexionamos sobre las coordenadas que orientan a la acción del creyente en la vida social. La doctrina social de la Iglesia propone CUANTRO PRINCIPIOS PERMANENTES como GPS moral, el Bien Común. El destino universal de los bienes, la subsidiaridad y la participación.
Hoy nos enfocamos en el primero, el bien común, de estos principios se derivan los criterios para discernir y guiar nuestra acción social.
El primero es el Bien Común. La primera de estas coordenadas es este bien común. Toda vida humana encuentra su más profundo sentido en la realización del bien. No se trata solo de cumplir normas.
Hay una belleza única en el acto bueno, que pacifica el corazón y manifiesta la armonía de una vida bien vivida. Pero como decía San Francisco de Asís, no basta. No basta.
Hasta ahora, nos hemos ocupado de nuestras pequeñas personas. Y eso no basta. Piensa en tu familia. Si alguno sufriera enfermedad, injusticia o dolor, no podrías disfrutar plenamente de tu propio bien. Eso revela la esencia del bien común. Es de todos y de cada uno. Es común porque es indivisible y porque solo juntos es posible alcanzar.
En México, desde hace décadas, sufrimos una grave fractura del tejido social. Hemos olvidado sabernos mexicanos, pertenece a esta nación que nos une. ¿cómo puede importar el bien común a quien no ve en el otro a un compatriota, a quien olvida que en definitiva es un hermano?
El individualismo no ha hecho ciegos al dolor del prójimo. Es verdad, es titánico procurar el bien del otro como propio, exige fuerzas morales inmensas. Pero que la dificultad no nos paralice, nos enseñe humildad. Hacer lo posible. Colaborar, abrirnos.
Narcotráfico, prostitución, crimen, omisión, homicidios diarios, corrupción sistemática, desapariciones forzadas. Esto males no los vencerá una sola persona. Requerimos todos los esfuerzos, todos los dones dados con alegría y esperanza activa, confiando en aquel que siempre nos sostiene y en cada hermano, cuyo aporte mínimo o vasto construye lo común.
Cada gesto cuenta en esta construcción del bien común.
Mi corazón se dirige especialmente a quienes han recibido la responsabilidad de gobernar nuestro pueblo. El bien común. Si bien es tarea de todos, les compete a ellos en modo singular. Es la razón de ser de la autoridad política. En sus manos están herramientas capaces de transformar no solo sectores aislados, sino la sociedad entera.
Su capacidad para ejercer la caridad es enorme. Desaprovechar esta oportunidad constituiría una grave falta moral; por eso, un espíritu reconciliador, les pido que trabajen incansablemente por la Paz de México, que velen por todos los mexicanos, especialmente los pobres y vulnerables, las madres buscadoras, los migrantes rechazados, los jóvenes in oportunidades, las familias en pobreza extrema. Que escuchen y atiendan cada voz con celo excepcional que su responsabilidad les exige que encarnen con dedicación extraordinaria aquel bien común que están llamados a custodiar.
No gobernar para unos cuantos, dino para todos los hijos de esta nación. Hermanos, hermanas, el bien común que construimos en la historia es solo semilla de plenitud humana.
La Iglesia no se limita a servir al hombre en su camino temporal. Esta llamada a quitar de los corazones los obstáculos que impiden acoger el anhelo más profundo. Solo saciables en Dios. Porque toda búsqueda humana de justicia, encuentran su cumplimiento en Cristo nuestra historia.
El esfuerzo personal y colectivo para elevar la condición humana comienza y culmina en Jesús gracias a Él, por medio del Él y en vista del Él, toda realidad, incluida nuestra sociedad mexicana puede ser conducida a su bien supremos, a su cumplimiento en Cristo Rey.
La generosidad y altura de miras se manifiesta cuando pensamos en grande, cuando no nos conformamos con pequeños cambios, sino que trabajamos por la transformación integral de nuestra patria. Que tengamos generosidad de entregar todo por el bien común y la altura de miras para ver en cada esfuerzo un paso hacia el Reino eterno de Cristo. Venga a nosotros tu Reino.

