Momios Contra el Espíritu Santo
En una entrevista de hace algunos años, el internacionalista Andrés Oppenheimer fue cuestionado sobre el número de Cónclaves que había cubierto con sus reportajes y análisis. La pregunta del reportero fue obvia: ¿A cuántos Papas le había atinado proponer? La respuesta fue “A ninguno”
UN PAPA SIMPLEMENTE GENIAL
No ha faltado alguien, a quien se le ocurra apostar contra las decisiones análisis, prognosis y decisiones del Espíritu Santo. El resultado será siempre el mismo: De continuo van a perder.
¿Por qué de forma tan definitoria? Es simple. El Espíritu Trinitario conoce, trae, establece y decide sobre el plan de la Providencia para la Iglesia y para el mundo; y eso, sobre pasa con mucho, las limitaciones de frágil mentalidad humana.
El complemento a esa reducida perspectiva informativa de algunas personas, es que, en muchos más casos de los que actualmente vemos, se dedican –como destino histórico personal- a bucear entre lnternet, las hemerotecas y/o inteligencia emocional- para demostrar que el Espíritu Divino “se equivocó”, “metió la pata” y que, en consecuencia, “con eso” queda demostrada la precariedad de la Iglesia fundada por Cristo y, consecuentemente, esa Iglesia, se va morir de inanición.
En los últimos veinte siglos, se han visto reacciones –más temprano que tarde- de este mismo tipo.
Al Papa Pío XI quisieron descalificarlo todo el tiempo, porque, supuestamente, nunca condenó a Hitler y con él, al nacionalsocialismo. Ya desde el 14 de marzo de 1937, la Encíclica Mit Brennender Sorge SS Pío XI se había referido al tema del Reich Alemán.
Vale el punto comentar con las bellísimas lectoras y amables lectores que en esa Encíclica, el Cardenal Eugenio Pacelli, más tarde Pío XII, también colaboró, en la redacción de la MBS, y que, adicionalmente en la Summi Pontificatus de 1939, expresó su tristeza y angustia por la invasión de Polonia. Luego levantaría la voz desde Roma, por el asesinato de “cientos de miles” de personas debido a su raza.
Así ha sucedido con todos quienes ocuparon la Cátedra de San Pedro. De Juan XXIII (1958-1963) se dijo que era un “pobre campesino” con grave falta “de ilustración”, y abrió las ventanas de la Iglesia, empujó el Vaticano II y en la Mater et Magistra, deja un legado maravilloso sobre todo lo que nos rodea, en especial por la paz y los derechos humanos.
A SS Paulo VI (1963-1978) le reprocharon que como Arzobispo de Milán y antes, parte de la Secretaría de Estado Vaticana, fue muchas señalado como “Mariteniano” y acusado como “cura defensor del progresismo” en la Iglesia, en contra del “rigor ortodoxo” Lo que es completamente falso, porque de inicio, fue voz fundamental en la ONU y su encíclica Populorum Progressio vino a reforzar el Magisterio en materia de Doctrina Social, después de conformar un corpus extraordinario con Rerum Novarum, Cuadragessio Anno y Octogésima Adveniens, culminando con Laborem Excerces de Juan Pablo II.
Juan Pablo Primero fue un poeta y pensador excepcional, con una didáctica evangelizadora si se permite el vocablo que inspiró a muchos expertos en llevar la Palabra.
Y cuando todos apostaban a que el Arzobispo de Cracovia llegar al Cónclave, la Providencia le regaló a la catolicidad de todo el planeta, la figura, el pensamiento, la lucha y el liderazgo de Karol Wojtila y la divisa: “No tengáis miedo”
Un premio adicional de Dios para la humanidad, fue la conformación y profundización en esa especialísima conexión entre Fe y Razón propuesta por uno de los pensamientos más angelicales –igual que el Aquinatense, Newman y Chesterton- con Benedicto XVI
SS Francisco habló mucho, evangelizó más, aportó su personal testimonio, lucha, fe, oración y testimonio de vida con Laudato Si y Fratelli Tutti, monumentos extraordinarios para el mundo contemporáneo.
Será materia de otro espacio el comentario sobre el primer discurso de Su Santidad León XIV. Por lo pronto, el escribano coincide con algunos elementos destacables por los observadores cristianos, no cristianos, así como hombres y mujeres de buena voluntad.
Empezó hablando fuerte, transitando de la paz a la importancia de la unidad y colocando a la Iglesia como el puente fundamental para el diálogo y la reconciliación. Dibujó una paz no como ausencia de guerra, sino una paz “desarmada y desarmante” que llega del Dios que ama a todos sin condiciones.
Hubo un reconocimiento especialísimo para SS Francisco, porque León XIV va a continuar con el legado de su antecesor con los más vulnerables. Esta postura ya hizo temblar a las izquierdas del mundo, particularmente las latinoamericanas en donde México también destaca.
No es concebible imaginar una improvisación en español cuando agradeció a la Diócesis de Chiclayo, en Perú. Allá, el hoy sucesor de Pedro dejó su corazón y una buena parte de su vida.
El hoy Obispo de Roma ratifica la misión de la Iglesia. Una perspectiva sinodal que va al lado de los que sufren y buscan la paz. Gracias Dios por ese regalo.

