Monseñor Ramos Castro Invia a Trasformamos México
En su mensaje Vega a nosotros su Reino, el Pastor y Presidente de la CEM, Monseñor Ramón Castro Castro invita a los mexicanos a dialogar con humildad y evitar la confrontación.
“Reino de dialogo, apertura, escucha y colaboración.
Ahora reflexionamos sobre cómo el Reino de Cristo se hace presente en nuestra vida a través del dialogo, la apertura, la escucha y la colaboración.
Hace cien años el Papa Pio XI nos recordaba que Cristo debe Reina no a través de la fuerza, sino mediante el amor, la verdad y la justicia. Si cada encuentro entre nosotros es una oportunidad para descubrir la presencia del Señor, entonces este reino sólo puede edificarse mediante un dialogo auténtico que brota del corazón y se abre a la verdad del otro.
Pongamos los ojos en el Señor. El dialogo con los excluidos, los marginados, incluso con quienes lo rechazaron. En el reino de Cristo no hay fronteras para el dialogo transformador.
En nuestro México polarizado, donde las redes sociales dividen más que unen, donde las diferencias políticas rompen familias, necesitamos urgentemente recordar cómo dialogaba Jesús.
Recordemos su encuentro con la samaritana, a pesar de las barreras culturales y sociales, Jesús ofreció el agua viva de la verdad. No la juzgó o la juzgó por su pasado, sino que la escuchó con respeto.
En nuestro País tenemos nuestras propias samaritanas, el migrante rechazado, el joven marcado por las drogas, la madre sotera discriminada, el político desprestigiado. Somo capaces de dialogar con ellos como lo hacía Jesús.
Los apóstoles siguieron ese camino. Felipe dialogo con el eunuco etíope, considerado marginado por su condición. Aquel hombre preguntó con emoción. ¿Qué impide que yo sea bautizado? El dialogo lo condujo a la conversión. El dialogo verdadero construye puentes, sanas heridas y fortalece la comunidad.
En México necesitamos más constructores de puentes y menos destructores de los mismos. Para que este dialogo sea genuino necesitamos cultivas la apertura y la escucha. Estar abiertos significa permitir que nuestras ideas y prejuicios sean interpelados por la verdad.
Escuchar es no solo oír palabras, sino entender con el corazón los sentimiento y heridas del otro. Jesús no solo curó con las manos, curaba con la palabra. Pero primero escuchaba antes de obrar un milagro. Nuestro Señor primero escuchaba, acogía sin prejuicio. Dejaba que la persona revelara su dolor, su búsqueda. Solo entonces hablaba y su voz sonaba, consolaba, liberaba.
Siguiendo su ejemplo, en cada conversación podemos preguntarnos. ¿Estoy escuchando de verdad? ¿o solo esperando mi turno para hablar?
En un mundo de monólogos paralelos necesitamos diálogos auténticos. La colaboración es consecuencia natural de un dialogo autentico. Cuando nos escuchamos de verdad surge el deseo de caminar juntos.
Las primeras comunidades cristianas tenían un solo corazón y una sola alma. No era solo organización práctica, era expresión viva del Reino, fruto del encuentro con Cristo.
En México necesitamos redescubrir este espíritu de colaboración que trasciende diferencias.
San Francisco de Asís nos ofrece un testimonio luminoso. Se acercó a los leprosos con humildad y ternura, colaborando con palabras y manos, con tiempo y con su vida entera.
Cada uno tiene dones, dones únicos que puede poner al servicio de los demás. En México vemos esto cuando empresarios y organizaciones civiles colaboran, cuando diferentes iglesias trabajan juntas por los migrantes.
Esos valores pueden vivirse cada día en familia, fomentando dialogo sincero, donde todos se sienten escuchados en el trabajo, colaborando con respeto en la comunidad, participando en iniciativas que promueven justicia, incluso junto a personas de otras creencias.
El Reino de Cristo es tan grande que puede abrazar la diversidad sin perder su identidad.
En nuestro País polarizado por redes sociales y diferencias políticas, el dialogo autentico es un acto revolucionario.
Cuando una familia logra sentarse a la mesa a pesar de vota diferente, ahí está el Reino. Cuando empresarios y trabajadores dialogan para encontrar soluciones justas, cunado victimas y victimarios se encuentran en proceso de reconciliación. Cuando comunidades se organizan para construir la paz.
Los invito a que cada día nos esforcemos por vivir el Reino de Cristo a través de ese dialogo, a través de la apertura, de la escucha y la colaboración. Que nuestra vida sea reflejo de su Reino, un Reino de amor, verdad y justicia que se construye con cada palabra respetuosa, cada escucha atenta, cada colaboración generosa.
Así trasformamos México desde dentro. Una oración final: Señor Jesús, Rey del universo, enséñanos a dialogar con humidad, a escuchar con compasión y a colaborar con alegría para que tu Reino se haga visible entre nosotros. Venga a nosotros tu Reino.

