Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé
En 1954, la inolvidable Celia Cruz interpretó la canción Burundanga junto a la Sonora Matancera. La letra describe una cadena de pleitos entre personajes ficticios —Songo, Borondongo, Bernabé y Muchilanga—, donde uno golpea al otro en un caos sin sentido. Esa misma escena, casi de vodevil, se repitió hace unos días en el cierre de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión.
Durante el ocaso de su presidencia en la Mesa Directiva del Senado, Gerardo Fernández Noroña protagonizó un zafarrancho con el dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, también senador plurinominal. El choque fue el clímax de un año de insultos, abusos de poder y desplantes de Noroña.
Como si no bastara, en paralelo se ventiló que el legislador es propietario de una mansión en Tepoztlán valuada en 12 millones de pesos, además de dos vehículos de lujo que superan el millón en conjunto. Una contradicción flagrante frente al discurso de austeridad repetido hasta el cansancio por la presidenta Claudia Sheinbaum.
La escena del pleito en el antiguo recinto de Xicoténcatl resultó penosa y confirma la incapacidad de nuestra clase política para dialogar y ejercer la crítica parlamentaria con altura. Aunque no pocos ciudadanos celebraron que alguien se atreviera a “pararle el alto” al bravucón de Noroña, el espectáculo degradó aún más la ya golpeada imagen del Senado.
El toque cómico lo puso un asesor de Noroña, quien salió disparado por un leve empujón de “Alito”, ganándose el mote de “la momia del suéter verde”. Desde Palacio Nacional, Morena y el propio Ejecutivo se declararon indignados, olvidando convenientemente los papeles bochornosos que interpretaron cuando eran oposición.
Lo cierto es que, desde el 1° de septiembre, Fernández Noroña será solo un senador más, sin expectativas de encabezar comisiones parlamentarias, como ya le ocurrió a Martí Batres en 2019 tras enfrentarse con Ricardo Monreal.
Ritos de chamanes en la Corte
El arranque de septiembre también marcó un momento histórico: los tres poderes de la Unión coincidieron en un cambio de ciclo. El Legislativo inició su segundo año de ejercicio; el Ejecutivo presentó su primer informe de gobierno; y el Judicial estrenó a los nuevos ministros tras una elección tan polémica como innecesaria.
El reflector se lo llevaron los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, encabezados por Hugo Aguilar. Su toma de posesión se realizó en Cuicuilco, en un ritual con chamanes, sahumerios y danzas indígenas. Un acto más religioso que cívico, que viola de manera abierta el principio de Estado laico consagrado en la Constitución.
Tras recibir bendiciones, Aguilar y la ministra Lenia Batres participaron en una ceremonia con entrega de bastón de mando, similar a la escenificación de López Obrador y Sheinbaum. La contradicción se consumó al final: los ministros celebraron en el restaurante francés Au Pied de Cochon en Polanco. Así, los nuevos paladines de la austeridad republicana brindaron con champaña en uno de los templos de la élite capitalina.
¿Séptimo informe de AMLO?
El primer informe de gobierno de Claudia Sheinbaum pasó sin pena ni gloria. Repitió los temas de siempre: programas sociales, megaproyectos como el Tren Maya, avances en seguridad y soberanía. A lo largo del discurso, Sheinbaum mencionó en cuatro ocasiones a su mentor Andrés Manuel López Obrador, subrayando en igual número de veces que su administración es una “continuidad de la Cuarta Transformación”.
El cierre, casi calcado a los de AMLO, incluyó la frase populista de rigor: “Vamos bien y vamos a ir mejor”. Más que un informe de gobierno, pareció un séptimo capítulo del sexenio anterior.
Reflexión final
México vive atrapado en un vaivén entre discursos de austeridad y actos de opulencia, entre llamados a la unidad y escenas de pleito callejero en el Congreso. Mientras tanto, los problemas de fondo —inseguridad, polarización, debilidad institucional— siguen sin resolverse.
La política nacional se ha vuelto un sainete de golpes, rituales y frases recicladas. La pregunta es hasta cuándo los ciudadanos seguirán tolerando que la realidad sea un mal remake de la canción de Celia Cruz: Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé.
EL DATILLO
Como en todo informe, hubo momentos incómodos. Los más solicitados fueron Omar García Harfuch y Rosa Icela Rodríguez; el más rechazado, Adán Augusto López, coordinador de Morena en el Senado; y el gran ausente, Andrés Manuel López Obrador.
En la pasarela política también se dejaron ver los impresentables de siempre: Fernández Noroña, ansioso por hablar con la gobernadora de Morelos, Margarita González Saravia; Andy López Beltrán, hijo del expresidente; y el diputado Pedro Haces. La oposición brilló con la presencia de ocho gobernadores: cuatro del PAN, dos del PRI y dos de Movimiento Ciudadano.

