México: La Otra Guerra de Trump
Se acabaron las vacaciones para México
El mundo siente que las sombras de la guerra se han desvanecido y surge la esperanza, sin embargo, hay informaciones que matan ese optimismo y prevén qué, en cualquier momento y con cualquier pretexto, pudiera reactivarse todo, con una fuerza mucho mayor que la que impulsó el conflicto actual.
De qué estamos hablando. Recorramos los últimos acontecimientos de la confrontación que recientemente concluyó.
Antes, es importante entender, que no se trata de afirmar que un bando es bueno y el otro es malo, solo se trata de explicar los hechos que ocurren, bajo el entendido de que derivado de su naturaleza y de su voluntad, el ser humano, puede apostar sus capacidades para hacer el bien o el mal, siempre bajo el ejercicio de la libertad de cada uno. No hay determinismo en las razas ni en los países, pues la historia nos muestra como los papeles se intercambian continuamente, como víctima o agresor, como poderoso o débil.
Dicho lo anterior, recordamos que durante muchas décadas, Estados Unidos de Norteamérica mantuvo su poderío, gracias a las continuas guerras en las que participó (una economía de guerra), respaldado por una pujante industria armamentista que no solo le permitió tener tecnología de punta en ese ámbito, sino hacerse de un poder político indiscutible que tejió alianzas en lo nacional, pero también en lo internacional, en una época propicia de competencia mundial en la que había que hacer ver y sentir el poder que tenía cada uno de las naciones.
Mientras esto ocurría en América, en Asía, y particularmente en China, se dedicaban a lo que siempre habían hecho, comercio; con una nueva vertiente, la tecnología. Inicialmente, copiando la de otros países, pero después generando sus propios modelos y desarrollos, algo parecido a lo que hicieron los japoneses. Sin embargo, los tiempos han cambiado y la fotografía de la situación actual presenta a Estados Unidos, como la nación más endeudada del mundo y a China, como un país con una economía bastante estable, basado en el desarrollo tecnológico.
Esto es lo que justifica en buena medida la llegada de Donald Trump al poder: Una sociedad viendo su empobrecimiento gradual, el enriquecimiento sistemático de grandes consorcios, como el militar, y la participación de los Estados Unidos en guerras interminables que no le dieron ningún beneficio a la población, solo la muerte de los más jóvenes. La visión personal de Trump encontró en esos sentimientos, la razón para presentarse como el candidato de la paz, un político que haría a un lado los acuerdos internacionales para centrarse en las necesidades nacionales y el renacer de Estados Unidos, a través de la inversión y el desarrollo tecnológico; nacía de esta manera, el proyecto soberanista. De manera natural, China era su enemigo.
Esta visión se hacía profundamente complicada en un escenario de globalización, fincada en conductas belicistas, no solo de los demócratas y muchos republicanos, sino por las alianzas con el sionismo de Israel y su representación en EU, a través del AIPAC, el famoso lobby israelí. A esto había que sumar, al frente europeo de la OTAN, aunque debilitado por la guerra de Ucrania.
De esta manera, la llegada de Trump significó un fuerte golpe al globalismo, pero pronto se recompusieron y armaron la contraofensiva, era necesario hacer que Donald Trump hiciera participar a Estados Unidos en una nueva contienda, para seguir adelante con su proyecto de guerras, pero también para hacer fracasar a la nueva administración norteamericana.
Si Trump estuvo involucrado desde el principio o no, en una estrategia de golpe de estado contra Irán, por el momento no se sabrá, pero lo importante es entender que él no quería entrar en una guerra de desgaste, una guerra larga, porque Israel no lo podría soportar. Las consecuencias de la ahora llamada “guerra de los doce días” es más que evidente. La evaluación es que un 30 por ciento de Haifa y Tel Aviv resultaron destrozadas, las dos ciudades más desarrolladas y modernas de Israel. Por su parte, a la nueva administración de Trump y sus proyectos para recobrar la grandeza nacional, no le convenia la guerra.
Atrás del Pentágono, seguramente estuvo la influencia del complejo militar, los globalistas y belicistas, el sionismo y los llamados neoconservadores (neocon), entendidos todos ellos y algunos más, como el “estado profundo”. Ellos fueron los que convencieron a Trump de una “operación quirúrgica” para destruir el poderío nuclear de Irán, que era lo que Israel había argumentado públicamente como su gran preocupación. De esta manera, las centrales nucleares de Isfahán, Natanz y Fordó estuvieron en la mira, particularmente la última, que siempre fue considerada como la “joya de la corona” de Irán.
Hay que tener presente, que muchos analistas concuerdan en que eso era solo un pretexto, pues la verdadera intención fue efectuar un golpe de estado que derrocara el régimen de los Ayatolas, permitiera poner un gobernante “títere” y de esa manera apoderarse de la enorme riqueza del país persa. Israel también sería beneficiado, pues ya no tendría ningún freno y oposición para sus pretensiones expansionistas, de guerra y del proyecto “El Gran Israel”, del que hemos hablado.
Militares y especialistas en la materia, aseguraron desde el momento en que se comenzó a barajar la posibilidad del uso de las bombas antibunker, armas convencionales diseñadas para penetrar estructuras subterráneas profundas, que hacerlo era ir al fracaso, ya que los requisitos técnicos para que fuera exitoso, eran casi imposibles de lograr. Recordemos que el corazón de la planta de enriquecimiento de uranio de Fordó, en Irán, se calcula que estaba a cien o más metros de profundidad (ahora se comenta que pudo estar a más de doscientos metros) y la penetración de una bomba GBU-57, que fueron las utilizadas, no alcanzaba más de sesenta metros, por lo que era necesaria una segunda bomba que debía de caer exactamente en el mismo sitio. Esto permitiría treinta metros más de penetración.
Donald Trump cayó en la trampa al ser convencido de una operación imposible de alcanzar y luego, al recibir el reporte del fracaso de la misma, se negó a la petición de volver a atacar o realizar una invasión terrestre, que por supuesto iría al fracaso, pues Irán es un país muy grande con casi cien millones de habitantes; También es plausible que desde un principio, Trump estuviera enterado de que no se haría daño a las instalaciones, pero pensaría que con el ataque satisfaría las demandas y presiones del sionismo y de los belicistas.
Por supuesto que los grupos de poder belicista no se sintieron satisfechos, y ante la negativa de Trump, filtraron el reporte del Pentágono, con los resultados de la operación “Martillo de Medianoche”, con la que se atacó las instalaciones nucleares. Trump enfrentaba el inicio de otra guerra, solo que en esta ocasión no era militar, sino mediática, de narrativas y seguramente, de muchas mentiras.
Donald Trump está hecho para jugar con alto riesgo y en los límites. Casi de inmediato su administración informó del inicio de una investigación, por parte del Pentágono y del FBI, para descubrir quién había filtrado la información.
Los medios que recibieron la filtración, CNN y el New York Times, dos medios controlados por el sionismo, y enemigos jurados de Trump, difundieron el reporte que establecía solo la destrucción de una pequeña parte del material nuclear, debido a que, en su mayoría, había sido cambiado de lugar muchos días antes.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, y la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, desmintieron los datos difundidos y aseguraron que se trataba de “un claro intento de denigrar» a Trump y «desacreditar a los valientes pilotos de combate que llevaron a cabo una misión impecablemente ejecutada para aniquilar el programa nuclear iraní»
Al revisar las circunstancias, el presidente norteamericano encontró la salida: es la versión presidencial, contra la de los medios, y la verdad (la que sea), nadie la iba a conocer por el momento, porque se encuentra enterrada bajo muchas toneladas de escombros y tierra. Fue así, como la verdad oficial sobre el final de “la guerra de doce días” se debió al “éxito espectacular militar” en el bombardeo a las tres instalaciones nucleares de Irán.
Quizás la parte más difícil del final de la guerra, fue “convencer” a Benjamín Netanyahu, quien siempre ha sido una pieza clave para mantener la tensión y la guerra en el Medio Oriente. Luego de una conversación telefónica donde Trump literalmente le grito al primer ministro israelí “no saben qué demonios están haciendo”, éste anunció el fin de las hostilidades. Es entendible lo ocurrido porque no era lo que tenían planeado los belicistas, además, porque Netanyahu se quedó “colgado de la brocha”; había perdido una guerra muy importante y terminó con un país semi destruido. Además, en su país, tiene más de diez juicios por corrupción que amenazan su libertad.
En contra parte, Irán, quien aceptó el cese de las hostilidades de manera relativamente rápida, habla ahora de que su proyecto se retrasó si acaso, unos seis meses. Además, tiene un gran beneficio, pues al haber suspendido la cooperación con la Organización de Energía Atómica y anunciado el abandono del Tratado de No Proliferación Nuclear, no solo puede reiniciar su programa nuclear con fines pacíficos, sino que pudiera seguir enriqueciendo el uranio hasta estar en posibilidades de tener armas nucleares.
Un paréntesis importante, es preguntarnos por qué fue atacado Irán por Israel y Estados Unidos, pues porque sabían que ese país no contaba con armas nucleares como muchos afirmaban. Ningún país con armas nucleares es atacado militarmente, porque se considera una irresponsabilidad.
Mientras tanto, el presidente Trump disfruta de su momento de gloria. En la pasada reunión de la OTAN, celebrada en la Haya, llegó un presidente norteamericano “recargado”, que consiguió que oficialmente los integrantes de este organismo se comprometieran en aplicar un 5 por ciento de su PIB en defensa. La pregunta es, a quién le van a comprar ese armamento, pues al complejo militar-industrial, que en su mayoría son empresas norteamericanas. Las principales son Lockheed Martin, Raytheon Technologies, Northrop Grumman y General Dynamics. Con esto, consiguió reducir la incomodidad de uno de los opositores principales a su administración.
Sin embargo, el fin de la guerra puede durar poco, los ahora derrotados, integrantes del llamado “estado profundo” pueden en este momento estar planeando su próxima jugada, ya existen algunas analistas en diferentes partes del mundo, que consideran que puede darse un ataque de “falsa bandera”, es decir, un ataque que aparente ser de un país y en realidad provenga de otro, incluso pudiera llegar a darse en Estados Unidos.
El enojo del “estado profundo” es muy grande, tan grande, dicen algunos, que con algunas acciones pudiera acortar la administración de Trump y amenazar la propia vida del mandatario norteamericano.
SE TERMINÓ EL DESCANSO
Aunque breve, la guerra entre Israel e Irán, quitó del foco de atención de los Estados Unidos a muchos temas y a diversos protagonistas. Uno de los grandes beneficiados fue el gobierno mexicano y la 4T.
La presidenta Claudia Sheinbaum tuvo un descanso de las presiones generadas por la administración Trump en temas como el de la migración y, sobre todo, por los casos de políticos y empresarios afines a la 4T involucrados, en alguna medida, en el narcotráfico y otros ilícitos.
Si alguien duda de esto, solo hay que revisar como de manera casi simultánea a la conclusión de la guerra, el gobierno norteamericano reinició los golpes, por cierto, nada sutiles.
Un comunicado del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos informó que documentó transacciones millonarias entre personas vinculadas al narcotráfico y tres instituciones financieras mexicanas: Intercam Banco, Vector Casa de Bolsa y CI Banco. Es decir, encontró lavado de dinero del narco, por esa razón suspendió sus operaciones en suelo norteamericano.
Da la impresión de que dos instituciones fueron puestas para rellenar el escenario, porque la que verdaderamente importa, es Vector, debido a que su dueño es nada más y nada menos que el ex Jefe de la Oficina de la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador, Alfonso Romo.
Para los defensores de la 4T, hay que decirles que, desde hace un año exactamente, la Unidad de Inteligencia Financiera UIF de México estaba enterada de estas operaciones, pues había solicitado información para corroborar transacciones que beneficiaron a Genaro García Luna, a través de prestanombres, seguramente con el objetivo de sacar nuevamente a cuenta el vínculo entre este personaje y Felipe Calderón. Pero ahora, la información les juega en contra.
También hay información de que Vector facilitó la transferencia de recursos a China para la adquisición de precursores químicos, es decir, fentanilo.
Todo esto, cuando Alfonso Romo Garza formaba parte del equipo de AMLO, coordinando al gabinete presidencial.
La presidenta Sheimbaun dice que no hay pruebas y solo dichos, pero no es congruente, porque con esos dichos el gobierno federal intervino las operaciones de las tres instituciones financieras.
Para cerrar con “broche de oro”, la fiscal norteamericana Pam Bondi, recién acaba de colocar a México en la lista de enemigos de EU, junto a China, Rusia e Irán.
Los disparos que ha realizado en estas últimas fechas, el gobierno de Donald Trump, han puesto en evidencia, cuales son sus verdaderas intenciones y dónde está su objetivo, y este se encuentra en el sur del país, concretamente en Tabasco. Como hemos comentado en otras ocasiones, la presidenta debe decidir dónde pone sus apuestas y sus amores. Poco tiempo le queda para tomar la decisión, si tiene el pie izquierdo en una orilla y en la otra, el derecho, corre el riesgo de caerse.

