Costa Rica, un futuro con buenos augurios
Costa Rica es un pequeño país de la América Central que limita al norte con Nicaragua, al sur con Panamá y cuyas costas son bañadas por el Mar Caribe en el oriente y por el Océano Pacífico en el poniente.
Un país tranquilo que es conocido como “la Suiza de América”. Un país tan tranquilo que no tiene ejército el cual fue abolido en 1948 y cuyas fuerzas armadas se reducen a la policía.
No obstante, las crisis que afectas a los cercanos pueblos del continente, en cierto modo, aunque sea en menor escala, han también dejado huella en esta nación.
Eso explica que, de unos años a esta parte, se padezca un aumento de violencia y de inseguridad causado por los narcotraficantes que han enlutado a varios sectores de la población.
Este clima de creciente inseguridad provocado por la violencia es causa de que muchas familias vivan afectadas por el miedo y que los jóvenes -atormentados por la incertidumbre del porvenir- padezcan la tentación de ganar dinero fácil.
Ante un panorama tan incierto hay una noticia que nos congratula puesto que le ofrece a los costarricenses un futuro con buenos augurios.
Hace días hubo cambio de presidente en Costa Rica y fue después de la ceremonia cuando la nueva presidenta, Laura Virginia Fernández Delgado, sorprendió a todos con una decisión inusitada.
La flamante Jefa de Estado se presentó en el santuario de la Virgen de los Ángeles, patrona del país.
Y allí -en un acto de humildad, valor y confianza- Laura Virginia colocó la banda presidencial a los pies de la Virgen, encomendando su gobierno a Dios y a la santa patrona de Costa Rica.
Oportuno resulta aclarar que Laura Virginia se proclama orgullosamente católica y provida, lo cual hace de ella no una simple católica practicante sino más bien una católica militante dispuesta a defender sus creencias cueste lo que cueste y pese a quien le pese.
El arzobispo monseñor Javier Román, presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica ofició una Misa y en el curso de la homilía recalcó “la importancia de vivir la fe públicamente en estos tiempos en que la mayoría reduce la religión al ámbito privado”
Significativa la conducta de Laura Virginia puesto que nos da el mensaje de como la Fe puede servir como guía moral para ejercer el poder con honestidad, ética y respeto por la vida humana.
Es casi seguro que la nueva presidenta de Costa Rica no solo venere, sino que incluso admire a Santo Tomás Moro, patrono de los políticos.
Y gracias a ello Laura Virginia sabe muy bien que Santo Tomás Moro, importante político de la Inglaterra del siglo XVI, fue un hombre congruente que sabía comportarse de acuerdo con sus creencias.
Una congruencia valiente que le costó la vida puesto que el rey Enrique VIII, quien había sido su mejor amigo, al ver que no podía manipular a Tomás, ordenó que lo decapitaran.
Pues bien, por lo que estamos viendo, la nueva presidenta costarricense es de ese temple.
Y así como Santo Tomás Moro supo resistir presiones antes que renegar de sus principios, de igual manera la nueva mandataria del país centroamericano sabrá resistir presiones de narcos, mafias criminales, poderosos intereses económicos y agitadores marxistas antes que traicionar sus ideales.
Una de las causas de las gravísimas crisis que afectan a nuestra sociedad se debe a que escasean políticos que defiendan su Fe contra viento y marea.
Vivimos tiempos de hipocresía, simulación y cobardía en los que la gran mayoría se avergüenza de sus creencias; por eso estamos como estamos.
En cambio, cuando quienes detentan el poder lo hacen con valentía y sin respetos humanos ya la cosa cambia.
Laura Virginia parece ser de ese temple lo cual hace que nos atrevamos a decir que los augurios para aquel país hermano son de plena esperanza.

