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PAN: Renovarse… ¿o repetir los vicios?

El fin de semana el Partido Acción Nacional intentó reencontrarse con su historia en el Frontón México, el mismo sitio donde en 1939 nació el proyecto de Manuel Gómez Morin. Hubo nuevo logo, promesas de abrir la afiliación, eliminación de “dedazos” y un discurso que invocó a la familia, la libertad y la patria. La puesta en escena fue correcta; la pregunta es si debajo del telón hay renovación real o simple cosmética.

Porque el problema del PAN no es la tipografía: es la identidad. Tras dos sexenios en “Los Pinos” nunca produjo la transición que prometió; administró la alternancia y terminó por aliarse —por pragmatismo o supervivencia— con sus adversarios históricos. Hoy, cuando Jorge Romero habla de limpiar padrones y quitar el poder a los “padroneros”, choca con la realidad: en varios estados siguen mandando los caciques que se adueñaron de los listados de militantes, controlan los consejos y reparten candidaturas como si fueran feudos. Si eso no cambia, todo lo demás es puro sueño.

La oposición que se parece demasiado al pasado

Acción Nacional insiste en que romperá alianzas con el PRI y dejará de suplicar a Movimiento Ciudadano. Bien. Pero la credibilidad no se compra por mayoreo; se construye con coherencia programática, con posturas claras en temas espinosos y con procesos internos transparentes. Si de aquí a 2027 el PAN no demuestra que puede competir sin muletas, volverá a encarnar la caricatura que Morena repite a diario: una oposición que necesita al viejo régimen para respirar.

Conviene recordarlo: el PRI fue, en palabras de Vargas Llosa, la “dictadura perfecta”. No militar, pero sí dueña de las llaves del Estado. Aquella cultura política —clientelar, patrimonialista— no desapareció; mudó de casa. Y no sólo a Morena: también anidó en oposiciones que aprendieron rápido los incentivos de las cuotas y los pactos en lo oscurito. Por eso hoy el país no enfrenta sólo una disputa electoral; padece una disputa cultural entre ciudadanía y cacicazgos que no se extinguen, se reciclan.

¿Puede el PAN ser noticia más allá de su relanzamiento?

El dato político del fin de semana fue que, por primera vez en mucho tiempo, la nota principal la dio un partido de oposición. No es menor. Pero el titular dura 24 horas; lo que cuenta es el capítulo siguiente:

¿Se acabará de verdad el monopolio de los padrones locales?, ¿Habrá elecciones internas con árbitros creíbles y padrones auditables?, ¿Se fijarán posiciones claras —sin ambigüedades— en vida, familia, libertades y Estado de derecho?, ¿Se formarán cuadros nuevos o veremos a los mismos de siempre con logo recién planchado?

Si las respuestas son tibias, el 2027 volverá a ser un plebiscito entre el oficialismo con músculo territorial y una oposición que llega tarde, dividida y con discurso prestado.

Veracruz, Hidalgo y la pedagogía del cinismo

La tragedia por lluvias en Veracruz e Hidalgo dejó algo más que destrucción: dejó expuesta una forma de hacer política. Videos muestran a la Presidenta pidiendo “acordarse cuando voten”, justo mientras pobladores reclamaban ayuda. ¿Habrá sanción? No. El mensaje que se educa es otro: lucrar con la desgracia paga, y paga bien. La eliminación del Fonden y la improvisación logística exhiben que la prevención es mala clienta del marketing. La comunicación de crisis no se improvisa; y la empatía no se simula desde la ventanilla del automóvil.

Campeche: cuando el poder pide listas

La exigencia de la gobernadora Layda Sansores a un medio local para que entregue nombres de periodistas críticos y la ofensiva judicial contra voces incómodas no es una anécdota: es el síntoma. El poder que demanda listas de disidentes no busca diálogo, busca disciplinar. Y cuando desde tribunas oficiales se usa tiempo y recursos para denostar, se cruza la línea entre gobierno y propaganda. La libertad de expresión no se defiende con discursos dominicales; se protege todos los martes, cuando llegan los oficios y las presiones.

Reformas en curso: el tablero se mueve

En el Congreso avanza una secuencia de ajustes —Ley de Amparo, Ley Aduanera, paquete económico— que reconfigura el terreno para 2027. No hay que engañarse: cada modificación que reduce contrapesos o ensancha márgenes discrecionales tendrá efectos en la competencia política venidera. La oposición que no hace la tarea hoy, llora mañana.

Lo que sigue

México entra a una etapa de reacomodo profundo: Morena dirime sus querellas internas entre liderazgo presidencial y operadores territoriales; el PAN intenta sacudirse su piel vieja; MC calcula su precio; el PRI administra su obituario. En medio, ciudadanía cansada, instituciones bajo presión y un clima que, cada temporada, nos recuerda el precio de haber desmontado capacidades que sí funcionaban.

Renovarse no es cambiar de color; es romper con los incentivos que te llevaron al hoyo. El PAN tiene una oportunidad: volver a ser partido de causas y no de cuotas. Si la desaprovecha, no será por falta de logo, sino por sobra de caciques. Y frente a caciques, ya lo sabemos, no hay democracia que aguante… ni branding que la salve.

EL DATILLO

En el evento de relanzamiento del PAN fue notoria la ausencia de los dos únicos expresidentes de México emanados de dicho partido: Vicente Fox y Felipe Calderón. También brillaron por su ausencia dos excandidatos presidenciales, Diego Fernández de Cevallos, “El Jefe”, y Josefina Vázquez Mota, así como Ernesto Ruffo Appel, el primer gobernador de oposición en la era del PRI hegemónico.

Sus ausencias pueden tener diversas razones, pero en conjunto reflejan algo más profundo: hay aspectos del PAN actual que no convencen a sus figuras históricas. ¿Qué será lo que no les gusta del partido bajo el liderazgo de Jorge Romero? Por cierto, en su primera entrevista con un medio nacional tras el relanzamiento, Jorge Romero a pregunta expresa de la periodista Azucena Uresti en Grupo Fórmula— declaró que, para él, una familia puede estar conformada incluso por personas del mismo sexo o por sus mascotas, los llamados “perrihijos”.

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