EL AUTORITARISMO DE SHEINBAUM
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EL AUTORITARISMO DE SHEINBAUM

“Ley Mordaza”, nuevo intento por callar voces críticas

El declive de la democracia como el sistema político menos malo de los conocidos, ha venido aparejado en los últimos tiempos por un fortalecimiento de los sistemas duros, los autoritarismos. Estos han aprovechado el enojo y la insatisfacción social; el incumplimiento, los engaños y la corrupción de gobiernos llegados por la vía electoral, para presentarse como la alternativa que vendrá, ahora sí, a cumplir todos los sueños y a satisfacer todas las necesidades acumuladas por los sufrientes pueblos.

Encabezados por los nuevos mesías, estos gobiernos han logrado llegar al poder, teniendo como estrategia la conformación de dos listas: La primera, formada por las carencias de la comunidad, y la segunda, un listado de promesas para atender esas carencias; para esta segunda lista, no existe limitación alguna, puede ser tan larga como alcance la imaginación y la credulidad de los futuros gobernados.

Hay que destacar que la mayoría de los nuevos gobiernos autoritarios ya no llegan por la vía violenta, usan los remanentes de la democracia, y una vez instalados, destruyen todo lo que los pueda amenazar y hacerles perder el poder, como las instituciones de gobierno y de justicia y, de manera muy particular, los mecanismos y medios que permiten la libertad de expresión, de opinión y de manifestación de las ideas. Es decir, se convierten en los enterradores de lo que queda de la democracia.

Desde hace siete años, el proceso en México es muy claro, el gobierno de la 4T se hizo del poder y ahora lucha por no perderlo, lucha por consolidar un sistema autoritario sostenido por cuatro patas: 1. El engaño, 2. Las dádivas, 3. Las alianzas con la delincuencia y 4. La destrucción y/o control de todas las instituciones que puedan ofrecer elementos de justicia y defensa de los derechos. Es un sistema que se sostiene, como lo aceptaron cínicamente los venezolanos Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el colombiano Gustavo Petro, pero también López Obrador y Claudia Sheinbaum, en mantener pobre al pueblo, dado que sus movimientos políticos los sostienen precisamente los pobres (por eso las dádivas de subsistencia y el freno al verdadero desarrollo); si los pueblos logran salir de la pobreza, dicen ellos mismos, en ese momento dejan de apoyar movimientos como la 4T.

Así, los autoritarismos llegan con las promesas de sacar de la pobreza al pueblo, promover el desarrollo, acabar con la corrupción y transparentar todas las decisiones del gobierno, pero en realidad, como lo demuestra la realidad, se convierten en los gobiernos más corruptos, mentirosos y traidores de la historia.

Acorralado por su propia suciedad, y por el gobierno norteamericano, en México, Morena y la 4T tratan ahora de mantenerse a flote, echando “toda la carne al asador”, como se dice coloquialmente, e intentan que sea la sociedad y no ellos, la que se quede contra la pared y sin margen de maniobra, ante el riesgo de que Sheinbaum y la 4T continúen perdiendo popularidad.

La corrupción, las alianzas con cárteles de la droga y tráfico de huachicol, que se ha dado a conocer en medios informativos, mostrando testimonios y pruebas, y que han justificado que al gobierno de Sheinbaum sea acusado de narcogobierno, ponen en riesgo el proyecto de la 4T, en la antesala de las elecciones del próximo año, en las que se disputarán 17 gobiernos estatales y la Cámara de Diputados.

La última jugada, es impedir que el ciudadano puede tener acceso a informaciones contrarias a la narrativa oficial de Sheinbaum y Morena, tapar la boca a los medios críticos para así aislar al ciudadano, dejándolo en estado de indefensión informativa. Con la llamada Ley Mordaza, literalmente al ciudadano se le taparían los oídos y la boca, convirtiéndolo en un zombi social.

Con esta ley, el gobierno a través de las nuevas instituciones morenistas, decidiría que informaciones podrían llegar a la sociedad y cuáles serían censuradas, canceladas, criminalizadas, bajo el pretexto de proteger los derechos de las audiencias para que nadie las engañe ni les cuenten mentiras. De esta manera, la libertad y capacidad de elegir que tienen las personas, simplemente por ser personas y no porque ese derecho se lo otorgue alguna ley, serían borradas de un plumazo.

Esto no es nuevo ni es producto de la imaginación, la historia reciente de Venezuela es aleccionadora en este sentido. La vena autoritaria también ha aparecido en varios gobiernos europeos, los cuales han intentado evitar perder el poder, convirtiendo en un delito lo que es un derecho humano: la libertad de expresión y de información. Los periodistas que han terminado en la cárcel por ejercer ese derecho, es ejemplo claro de esta ola autoritaria que recorre el mundo.

Sheinbaum puede negar una y mil veces que ella no es autoritaria, que no intenta acabar con la libertad de expresión y de opinión, pero las evidencias dicen lo contrario.

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