Desarmando la Comunicación
El editorial de la Fundación Yo Influyo del 14 de mayo es formidable por la agudeza de pensamiento y los vértices que descubre el autor al escudriñar en el mensaje del Papa León. Es aprender a escuchar para luego comunicar evangelizando toda la vida social, económica y política, en un ambiento de sordos.
Los preparativos para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se reiteró, a instancias de la invitación de SS Francisco, pero el Papa León XIV aportó lo suyo, la visión del nuevo Papado que vale mucho revisar con algo más de detenimiento.
La consigna resultó clarísima: “Desarmar la comunicación de todo prejuicio, rencor, fanatismo y odio…”
No es solo una figura retórica o una expresión que va más allá de la semántica o la filología. Es, en principio, una tremenda y sentida súplica del Pastor que ama a la grey, pero al que también le duele el entorno de todo lo que hoy se informa y se comunica. Es ir más lejos de encontrar el escándalo de “la nota”.
Precisamente, cuando diversos liderazgos de corriente de opinión transmiten, desde la única cara prejuiciosa y sarcástica de los prejuicios ideológicos, políticos o, incluso, religiosos, la invitación es a honrar la comunicación que está libre de rencores, de fanatismos compuestos por ideas que nunca han funcionado, pero que alguien se empeña en que sí son viables. Es abandonar, por desarme total, los odios que se siembran cada día en discursos y proclamas de venganza porque alguien se percibe como propietario del destino de una familia, de una empresa, de instituciones o de un país.
Y es a la vez, desarmar las acciones que se derivan de ese mecanismo de rencor y maledicencia, porque cuando la furia inunda las neuronas, se abren los espacios para los golpes y las balas por cualquier accidente o incidente de tránsito.
Es desarmar a los políticos que cuando son objeto de algún mal, el mecanismo inmediato es la venganza, regresando un mal mayor, algo que cause un peor daño que, en análisis último, acaba por golpear a todas las familias del país.
No es suficiente con las acciones para desarmar la comunicación. Es, como decía el santo de la Casa de Loyola, ejercitar la virtud contraria para que las cosas en la familia, la sociedad, la economía, la tecnología, la cultura y la política, marchen mejor que hoy.
León XIV lo ejemplifica con precisión. Hay que purificar la comunicación de la agresividad, porque, en efecto, una comunicación ruidosa, gritona, escandalosa y de musculatura amenazante, lo que hace falta en nuestro tiempo es generar y potenciar una comunicación capa de escuchar para comprender, no para contestar. Urge desarrollar un nuevo modelo de comunicación donde se pueda recibir y acoger la voz, el sentimiento y el corazón de quienes más lo necesitan, porque los débiles, dice el Papa León, ellos no tienen voz. Y esto implica también el compromiso y la conciencia de los medios masivos de comunicación constituidos como empresa.
Finalmente, para nosotros, los ciudadanos de a pie, con la enorme importancia de las redes sociales, hoy somos mucho más comunicadores en el sentido de tener una audiencia o en el de reproducir lo dicho en ellas. De esta forma, todas y todos, estamos convidados a “purificar la comunicación de agresividad”

