El Ejército Será Determinante en el Futuro de Sheinbaum y de México
Derivado de los últimos eventos ocurridos en el combate al narcotráfico, en la estrategia llevada entre México y Estados Unidos, de las declaraciones cruzadas y tensión entre funcionarios de las dos naciones, del desempeño y ajustes realizados en la estructura del Ejército Mexicano, y del descontrol y enfrentamientos entre facciones del partido Morena, queda en evidencia que la presidenta Claudia Sheinbaum se encuentra acorralada, presionada y sin margen de maniobra.
De forma sistemática se ha negado a romper con López Obrador y todo su grupo, al menos es lo que demuestra en sus opiniones y defensa de personajes señalados por estar envueltos en corrupción y relaciones con cárteles de la delincuencia; esto ocurre, mientras que las acciones y objetivos de los norteamericanos avanzan, pues cada vez hay mayor presencia de elementos de las principales agencias en suelo mexicano, están logrando acumular una buena cantidad de información que permite llevar a juicio a responsables del contrabando de huachicol y drogas, se eliminan líderes de grupos, se destruyen narco laboratorios y comienzan a caer los llamados narco políticos.
Lo que mueve a la presidenta y sus intenciones verdaderas, siguen siendo una incógnita, el problema es que los tiempos se agotan y la tensión alcanza niveles no vistos, lo que hace prever un desenlace muy próximo.
La solicitud que efectuó Estados Unidos, de detención con fines de extradición de diez funcionarios de Morena del gobierno de Sinaloa, es lo que vino a acelerar el proceso de enrarecimiento de las relaciones entre los dos países; y la entrega voluntaria y aparentemente sin el consentimiento de las autoridades morenistas, de dos de esos diez, ha llevado la crisis a un punto de no retorno, que tendrá que desahogarse en una forma no convencional.
IMPORTANCIA DEL EJÉRCITO
Aquí es donde aparece el Ejército como un factor que puede llegar a ser determinante en el desahogo de las diferencias que afectan a las dos naciones, pero también de cómo aterrice la lucha en contra de la delincuencia.
En el 2018, a la llegada del nuevo gobierno, López Obrador rompió la institucionalidad, el orden y la disciplina del Ejército, convirtiéndolo en una estructura más de la 4T y de Morena; una estructura al servicio de sus intereses que dejó de lado su compromiso con el pueblo de México.
La institución que fuera orgullo nacional, fue sobornada y cooptada, mediante puestos y cargos dentro del gobierno federal y de algunos estados, así como por la asignación de tareas ajenas a sus funciones, que le ha permitido abundantes beneficios económicos para la institución, pero seguramente también para muchos de sus mandos.
La destrucción, que no transformación, la operó el general Audomaro Martínez Zapata, gran amigo y exjefe de seguridad personal de Andrés Manuel López Obrador en dos de sus campañas. Este militar tabasqueño fue designado en el 2018, titular del Centro Nacional de Inteligencia, el CNI, un año antes de que Hernán Bermúdez Requena fuera nombrado secretario de Seguridad en Tabasco. Los jaqueos realizados a la Secretaría de la Defensa Nacional y la información filtrada a los medios de comunicación, demuestran que desde el 2019 ya había información en el CNI de que Bermúdez Requena era señalado como cabeza del cartel de La Barredora. Extrañamente el general y el gobierno de Tabasco, dirigido por Adán Augusto López, aseguran no haber contado con la información.
Un detalle más, son los negocios del general Audomaro y su familia, dedicados a la comercialización y servicios de combustibles, entre otros.
La designación del general Luis Crescencio Sandoval como secretario de la Defensa, fue operado por Audomaro Martínez Zapata. De acuerdo a informaciones publicadas, el nombre del general Sandoval venía dentro de una larga lista y ocupaba uno de los últimos lugares, lo cual quiere decir que no era de los que tenían los mayores galardones, méritos militares y reconocimiento por sus pares, sin embargo, todo parece indicar que cubrió de manera plena los requisitos de Audomaro y de López Obrador, que fue la sumisión e incondicionalidad.
Esta circunstancia y el desempeño que tuvo el Ejército y su extensión, la Guardia Nacional, en la administración pasada, motivó que el gobierno de Estados Unidos lo ubicara como uno de sus objetivos en el combate a la delincuencia.
La llegada de la nueva administración y la designación de su secretario de la Defensa, no cambió de entrada la posición, sin embargo, la mayor disposición que mostró el gobierno de Sheinbaum permitió mejorar la colaboración y el intercambio de información. Los titulares de las secretarías de la Defensa Nacional y de la Marina, Ricardo Trevilla Trejo y Raymundo Pedro Morales Ángeles, han sostenido acercamientos con el Comando Norte de Estados Unidos, y su comandante Gregory M. Guillot.
El general Ricardo Trevilla, seguramente recibió como primicias, los objetivos, planes y algunos de los principales operativos que se visualizaban por parte del gobierno de Estados Unidos y del propio Comando Norte para fortalecer la seguridad continental y destruir la actividad de los cárteles que actúan en suelo mexicano. Convencido o presionado, el general secretario ha buscado mantener una relación más estrecha y colaborativa con los EU, con el consentimiento o no de la presidenta Sheinbaum.
Esta nueva actitud del Ejército, se vio fortalecida con una reestructura dada a conocer a inicios de este año, cuando se cambiaron cuatro altos mandos, la Subsecretaría de la Defensa Nacional, la Oficialía Mayor, el comandante de la Guardia Nacional y el Inspector y Contralor General. Estos ajustes se hicieron con la clara intención de fortalecer a la institución en su tarea de seguridad, pero, también buscando eliminar influencias de gobiernos anteriores y situaciones de corrupción.
Es muy importante entender que el Ejército es una institución disciplinada que está hecha para obedecer a sus superiores, pero no para que sus miembros abandonen su capacidad de pensar. Desde la llegada de López Obrador, se provocó una fractura al interior de la institución; una parte, formada por militares que aceptaron el “nuevo modelo de Ejército”, que los ha llevado a convertirse en constructores de las obras del gobierno y empleados burocratizados, y otra, constituida por militares que han cuestionado el abandono de sus principios y las tareas fundamentales de un militar, para convertirse en un sector más de la 4T. Expresan varios pensadores, que la obediencia, para que sea virtuosa, debe ser racional y promover el bien.
Otro aspecto que también es importante no perder de vista, es el hecho de que militares y marinos también podrían estar seleccionados para que carguen con la responsabilidad y costos de muchos de los actos de corrupción del gobierno de Morena, permitiendo que los verdaderos autores y narco políticos puedan quedar libres de culpa. Solo hay que ver lo que ha ocurrido con la trama del Huachicol, tan bien descrita por innumerables capítulos de los servicios informativos de Código Magenta.
LOS CASOS DEL MENCHO Y ROCHA MOYA
Ahora bien, hay dos momentos en los que el Ejército comenzó a tener un desempeño con el que intenta alejarse de la línea política del gobierno de Morena: El operativo de Tapalpa, Jalisco, en donde murió el líder del Cartel Jalisco Nueva Generación y; la entrega de los dos, de diez funcionarios del gobierno de Sinaloa, requeridos por la justicia norteamericana.
En el primer caso, en un texto anterior, describimos la molestia de Sheinbaum y de García Harfuch, por lo que parecía, no haber sido informados e invitados a ese gran momento. El segundo momento, muy reciente, fue evidente la sorpresa por la huida de los ex funcionarios de Rocha Moya, y hasta la indignación de algunos políticos morenistas que acusaron a la Secretaría de Seguridad de Harfuch por no haber vigilado de manera rigurosa, evitado que huyeran a los Estados Unidos los mencionados políticos. Esta es la parte que seguramente más les preocupa e indigna, que se convertirán en testigos protegidos, y abonarán más clavos con los que se cierre el ataúd de Morena.
La entrega coordinada de los dos ex funcionarios, no parece un hecho casual, sino algo planeado, y el Ejército es el que surge como candidato de esta operación.
La información que pueda proporcionar el general Gerardo Mérida, ex secretario de Seguridad de Sinaloa, quien por cierto creció al amparo del general Audomaro, es crucial para conocer la relación del gobierno morenista con los llamados Chapitos; para entender las presiones que ejercieron grupos de la delincuencia en contra de candidatos de oposición a Morena, con la intención de que abandonaran sus candidaturas; y para conocer los mecanismos y orígenes del financiamiento de muchas campañas electorales, en diferentes estados de la República.
Enrique Díaz, ex secretario de finanzas, vendrá a completar la película de los dineros sucios de Morena. Recursos provenientes del narcotráfico y aplicados en campañas electorales.
Para aquellos que piden pruebas y más pruebas, y se tapan los ojos para no ver los abundantes datos que la prensa mexicana ha generado a lo largo de estos años, habrá que esperar que la ceguera ideológica y convenenciera que padecen miles de morenistas, desaparezca frente a las pruebas que presente la justicia norteamericana.
Varios funcionarios de los Estados Unidos han anunciado que el requerimiento presentado contra los diez funcionarios del gobierno de Sinaloa, no es más que el inicio de una estrategia que contempla más denuncias y señalamientos. Habrá que esperar.
De esta manera, el futuro de México, de Sheinbaum y de Morena, se encuentra en manos del Ejército Mexicano. En buena medida dependerá del grupo que tome el control final de la estructura militar. Los que se vieron beneficiados por la 4T, que se aliaron a viejos militares que ya tenían relaciones no lícitas con la delincuencia organizada, o la milicia honorable, de muchos años, que ha resistido los embates de la 4T, respaldada por nuevas generaciones y mandos.
Pero también dependerá de las políticas que mantenga Estados Unidos con México, en materia de seguridad y narcotráfico. Como lo hemos comentado en otras ocasiones, normalmente lo que impulsa la mayoría de las acciones en los gobiernos no es el deber ser, sino lo que les conviene y aquello que tienen definido como sus estrategias políticas y geopolíticas. No hay que olvidar esto, para no desilusionarnos.

