Hombres y Mujeres
Uno de los problemas que está afectando a la familia es el respeto a los roles del padre y de la madre, o sea, el papel del hombre y la mujer.
En el propio sentido de la palabra no se le puede llamar familia a una pareja que vive con perros o gatos en lugar de hijos.
No se llama familia a una madre soltera con un hijo, pero se reconoce la labor de muchas mujeres que se esfuerzan por sus chicos, pero en una responsabilidad compartida se necesaria del padre para el buen desarrollo de los hijos. Siempre será muy difícil para la mujer el esfuerzo para sustituir la falta del padre.
Y mucho menos se llama familia a la unión de dos hombres o de dos mujeres, aunque adopten hijos, lo que es una aberración.
En la actualidad este feminismo exacerbado se ha empeñado en degradar la imagen del varón, generando un grave problema a los niños, quienes no saben que rol tienen en la familia, no saben cómo identificarse que la mujer ha tomado una posición dominante y a veces dictatorial; perdiendo la ternura, propia de su naturaleza.
Exigen al hombre que se someta, que haga tareas que ella no quiere hacer, que asuma rasgos que no le corresponden dada en su esencia, que sea débil; esto ha generado que los niños no se identifiquen con su papá con la imagen varonil, tomando actitudes femeninas y, al mismo tiempo, la mujer no se sienta complementada.
El hombre tampoco es feliz, pues no está haciendo lo que necesita y debe hacer de acuerdo a su ser. El jefe de la familia tomar decisiones, ser el sostén no solo económico, sino moral que da firmeza y valores, la voz firme, fuerte que pone límites, que dirige que da servicio con amor, ese es su papel.
No quiero decir que no pueda cooperar en las labores del hogar, pero hay otras que son propias, como arreglar las cosas que se descomponen en la vivienda, lo que, dadas sus cualidades, se da más en el hombre, como el hecho de cargar cosas que son más rudas y que le son más propias.
Algunas mujeres han convertido al hombre en un “papanatas” a quien no admiran ni respetan; han perdido su esencia femenina, su capacidad de maternidad, de dar amor y ternura de protección y servicio.
La ideología de género ha logrado ensoberbecer a la mujer que llenó sus expectativas con humo de grandeza, el trabajo de la casa le humilla, el atender a los hijos y al esposo le degrada, eso es lo que le han hecho creer. Y ha caído en un vacío en una superficialidad que la ha hecho manipulable, sumamente manipulable.
Su rechazo a la maternidad la hizo promover el aborto. Esa es la propaganda que, en todas las revistas femeninas, se han transmitido “no me quemé las pestañas tantos años en la escuela para quedarme como sirvienta en una casa”.
El “empoderamiento” y la “realización” son los eslogan a los que más se recurre para su convencimiento.
Poco a poco algunas chicas se han ido dando cuenta de que están siendo manipuladas en lo más interno de su ser, no se sienten identificadas con el menosprecio a los hombres y ellas no se sienten plenas con esa imagen degradada de la mujer.
Se ha estado promoviendo un antagonismo muy fuerte entre el hombre y la mujer; el hombre al verse menospreciado a quien, además, no le gustó sentirse el macho despreciado, mientras la mujer tiene todo el poder. En la actualidad hay más hombres golpeados, maltratarlo, ofenderlo en su virilidad y “no pueden mover un dedo” o verlas feo, creándose un antagonismo que puede llevar a la misoginia. Pero, si en la familia se logra transmitir una formación firme en valores trascendentes, los niños podrán crecer con la firmeza de poder decir no, al medio ambiente nocivo, a las ideologías perversas que le degradan y poder ser la verdadera esperanza de nuestro país.

