INE: Extensión de Morena
El escándalo del INE tiene una importancia que es fundamental reconocer, pues lo que resulte de este caso impactará de manera determinante, para bien o para mal, el futuro nacional. Debido a que en nuestro país nos hemos acostumbrado al cinismo, a los escándalos que surgen un día sí y otro también, y al robo permanente de nuestros recursos, es necesario que evitemos que está situación que se vive en torno al órgano electoral, pase a formar parte del anecdotario político y de las frustraciones de los mexicanos, pues pude ser una de las últimas oportunidades que tenga esta generación para evitar el quiebre final de México.
No es exagerada esta expresión, pues si la presunta, casi demostrada, corrupción en el INE, no nos hace reaccionar como sociedad, y tomar una decisión firme e inquebrantable de repudiar al gobierno de Morena y negar nuestro apoyo a todo político que en el futuro intente llegar a ocupar espacios de poder bajo sus siglas, difícilmente algo más nos podrá conmover.
Alguien podrá decir: Pero es que en toda organización social hay líderes buenos y malos; el problema es que no podemos arriesgarnos. Me explico, son tantos los involucrados y tan abundantes las informaciones de cómo el gobierno y sus políticos de la 4T han traicionado a la sociedad mediante una desenfrenada corrupción, que solo un individuo que comparta estos criterios de abuso y mentira, puede aspirar a conseguir una posición dentro de ese partido.
Alguien que intenta alcanzar un espacio de poder en Morena, es alguien que conoce con cierto grado de profundidad las entrañas del partido, por eso, en estos tiempos no hay espacio para una ingenuidad que nos lleve a pensar que un político determinado quiere ser diputado o gobernador por Morena porque es un idealista, una persona con vocación de redentor que piensa corregir el mal desde dentro.
Por qué es tan importante el caso del INE, trataré de explicar el punto. Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y lo que va de la administración de Claudia Sheinbaum, Morena y su 4T han desmantelado la infraestructura institucional que los mexicanos tardaron mucho tiempo en construir.
Una de las instituciones en la que se invirtieron años y mucho esfuerzo en lograr que su operación dejara de ser una simulación y sus estándares de desempeño se elevaran hasta conseguir convertirse en un verdadero instrumento político de justicia social que permitiera, mediante el voto ciudadano, premiar o castigar a un político, dependiendo de su desempeño, de su honestidad y trabajo, y garantizara que esa voluntad popular fuera respetada, fue precisamente el órgano electoral.
A estas alturas, uno se pregunta por qué el “establishment” de nuestro país, en su momento, cedió en muchos ámbitos de la política, la economía y la educación, pero se resistía con fuerza a efectuar reformas que permitieran conformar una institución electoral que llevara a cabo elecciones creíbles y confiables. La respuesta es básica, el órgano electoral, en ese tiempo, como ahora, se encontraba al servicio de los intereses políticos del grupo en el poder; personas que no les importaba el ciudadano, sino tener el control absoluto; de esta manera el órgano electoral era usado como una puerta que se abría y cerraba a conveniencia del poderoso.
Así funcionó durante muchos años en el sistema priísta, conocido como de la revolución, hasta que la presión social con sus aspiraciones democráticas, vencieron las resistencias, y consiguieron reformas que terminaron por consolidar un modelo democrático, con un órgano electoral que eran la clave de todo el nuevo sistema.
Para muchos es frustrante aceptar que la democracia y el instituto electoral que se había logrado establecer, fue precisamente la puerta por donde entró Morena. López Obrador solo tuvo que prometer y expresar lo que los mexicanos querían escuchar, de tal manera que le abrieran la puerta, la destrucción de todo el sistema institucional democrático, social, educativo y de justicia, apoderarse de la riqueza y del país como si fuera suya, vincularse al narcotráfico y a la delincuencia organizada, fue lo que ocurrió después.
Por las razones expuestas, se debe destacar que México ya no es una nación democrática, ya no tiene un sistema de justicia o de salud pública; todo se sostiene en la mentira, en declaraciones y en fingir que somos algo que ya no somos ni tenemos. El Instituto Nacional Electoral está tomado por la 4T y Morena. Al respecto, desde la llegada de Guadalupe Taddei, debido a sus vínculos y relaciones, se presentaron denuncias, surgieron dudas sobre si sería capaz de actuar con pulcritud. La información surgida en los últimos días, sobre su involucramiento en una trama de corrupción y de conflicto de intereses, solo viene a confirmar las sospechas, y a validar denuncias, anteriores y recientes.
Guadalupe Taddei, su supuesto chofer o cómplice, y el grupo que ha conformado dentro del INE, no solo defiende los intereses de Morena, son parte de Morena, pues piensan y actúan igual que ese partido. Las pruebas están presentadas, por si alguien las necesita.
La 4T y Morena serán capaces de cualquier cosa para no entregar ese espacio, para no entregar las llaves y la puerta por la que entraron a desgobernar México, y que ahora quieren sellar para que jamás nadie, diferente a ellos, pueda ingresar y expulsarlos. La presidenta Sheinbaum demanda que se investigue y que se aclare lo ocurrido, y es que Morena tiene que ganar tiempo para operar, y lograr que Taddei permanezca, pero si es necesario sacrificarla, hacerlo con la condición de que llegue alguien con su mismo perfil, con sus mismas credenciales. Lealtad inquebrantable a Morena.
Es una batalla que Morena buscará no perder, pero también es una batalla que la sociedad debe ganar, por lo menos en alguna medida, si quiere un futuro inmediato con un poco de esperanza, con posibilidades de desarrollo.

