Las Artimañas de los Tiempos Políticos
Todos vemos, leemos y sabemos, pero solo miramos desde lejos…
Desafortunadamente no hay opciones, no hay contrapesos; no existe hasta este momento fórmula que nos dé la respuesta a algo más certero sobre las propuestas de los partidos políticos y sus candidatos. Hoy el escenario político se ha convertido en un tianguis electoral: todos gritan, se señalan, se ofenden, se aplauden, se promocionan; todos son los buenos, los expertos en el escenario electoral. Ahora los candidatos salen a visitar al ciudadano, a saludarlo, abrazarlo y escucharlo; buscan un encuentro cercano con aquel que durante meses abandonaron, ignoraron y hasta bloquearon para no verlo ni oírlo. Ellos mismos nos ponen hoy ante la realidad que vivimos: la necesidad de analizar sus perfiles y evaluar si realmente están preparados para desempeñar un puesto público.
En estos tiempos preelectorales todos ocupados por salir en la foto, regalando abrazos a cualquier ciudadano se encuentre en el camino, recorriendo calles y barrios y apurados por ser vistos, leídos y considerados, algunos se las dan hasta de intelectuales, los expertos, los pulcros y grandes servidores de la nación. Muchos aspirando y suspirando por el nuevo cargo, porque según su propio juicio su trayectoria es intachable y merece reconocimiento y aplausos por parte de la sociedad.
No hay variables significativas ni diferentes a otros procesos electorales. Lo que se avecina para este 2027 será más de lo mismo: candidatos “de a pie”, como dicen algunos, como si hacer recorridos por las calles de su ciudad fuera la gran hazaña que se les debe reconocer, aplaudir y hasta premiar. Lo convierten en un gran favor que les hacen a los ciudadanos, como si se bajaran del aposento para convertirse en simples y ordinarios seres humanos. ¡Qué ironía! Siempre hay quien les aplaude y lo ve como un acto verdaderamente lleno de humildad. Pues llegan a su casa, te dan un volante, una dádiva o una calcomanía, y ya sientes que hacen una gran aportación de su parte para con los ciudadanos.
Ante esta reprobable situación, es evidente que no hemos avanzado en nuestra preparación y capacidad de elegir, escudriñar e investigar a quienes vamos a votar, ante este escenario es necesario revisar qué currículo tienen, qué han hecho por tu barrio, colonia o ciudad, qué tan honesta ha sido su trayectoria, cómo ha sido su historial político y ciudadano, su preparación académica y profesional. Para muchos, su decisión basta con aceptar como masa a cierto candidato por el simple hecho de pertenecer a determinado partido, como si eso fuera garantía de su desempeño político. Ya se ha demostrado que los candidatos pueden resultar ser ladrones, asesinos, corruptos, o peor aún: narco-políticos.
Muchos de los que reciben apoyos sociales por parte del gobierno, han optado en muchos casos por votar por Morena, impulsados por el miedo a perder ese dinero, sin considerar lo que ello implica. Se dejan llevar por lo que dicen las redes sociales, careciendo de un análisis objetivo de la información.
Otros siguen a candidatos políticos por fanatismo e idiosincrasia; creen que un apoyo económico es razón suficiente para darles su voto, comprometiendo el presente y el futuro del país sin medir las consecuencias. Es triste ver cómo muchos defienden posturas de partidos totalmente adversas al bien social. Algunos, obstinadamente, siguen aferrados a desafiar y a perder lo que ya habíamos avanzado como nación.
Es evidente la decadencia que vivimos en el sector social político y económico; la crisis en tantos frentes es señal clara de que vamos en retroceso. Actuar igual y ofrecer lo mismo, o nada nuevo, para cambiar esquemas políticos es vivir aferrados al error y a la mentira. Prometer que todo mejorará con los mismos métodos, las mismas palabras, los mismos discursos y los mismos individuos es repetir la historia y seguir caminando en el mismo círculo. Vivimos ya un nuevo proceso electoral: mismas mañas, mismas propuestas, mismos actores.
El reto es grande, las batallas son distintas, y la congruencia entre lo que nos dicen y lo que hacen sigue siendo muy distante y difícil de creer. En lo personal, veo muy complicado un cambio real en el escenario; pero por ahora, todos los partidos políticos —los negros como los blancos— hacen un festín y juegan con el futuro de quienes hoy habitamos este país.
¿Qué podemos hacer?
Sin embargo, mirar desde lejos no puede ser la única postura. El verdadero cambio político no comienza en las cúpulas ni en los recintos legislativos: comienza en el ciudadano que decide informarse antes de marcar una boleta. Y eso, a diferencia de muchas reformas, no requiere ningún permiso.
La propuesta es sencilla en su forma, aunque exigente en su fondo: votar con criterio. Esto significa buscar y leer el currículo real de cada candidato —no el que ellos mismos publican en sus redes, sino el que se construye con hechos verificables: sus votaciones, sus declaraciones patrimoniales, su historial en cargos anteriores—. Significa contrastar fuentes, dudar de la primera noticia que aparece y resistir la tentación de votar por quien mejor caiga o por quien más prometa. Significa, en pocas palabras, tratar el voto como lo que es: el instrumento más poderoso que tiene un ciudadano.
Hay iniciativas ciudadanas que ya apuntan en esta dirección: plataformas digitales que recopilan y organizan información sobre perfiles políticos de manera accesible; colectivos de educación cívica que trabajan en colonias y escuelas para enseñar a leer una propuesta de gobierno más allá del eslogan; periodistas de investigación que documentan lo que los candidatos prefieren que no se sepa.
Los políticos se aprovechan de la desinformación porque les resulta rentable. Cada ciudadano que investiga, que comparte información verificada con su familia o su comunidad, que se niega a cambiar su voto por una despensa o una calcomanía, está reduciendo ese margen de maniobra. No es una solución instantánea ni espectacular, pero es la única que no depende de que los de arriba decidan cambiar: depende de nosotros. Y eso, en un país acostumbrado a esperar que alguien más resuelva, ya es en sí mismo un acto revolucionario.

