Sonatina bolivariana
LA GACETA DE LA IBEROSFERA. La izquierda está triste… ¿qué tendrá la izquierda? Se aferra con nostálgica fe vintage al orden mundial de 1945. ¡Oh! ¡Qué bello año! ¡1945! Cuando Cuba era un bonito destino turístico para Estados Unidos y a Fidel Castro aún no le había salido ni la barba. Que aún faltaban 14 años para la Revolución Cubana. No había en toda América Latina guerrillas, ni terrorismo yihadista, ni entrenamientos soviéticos. Que todavía el indigenismo comunista de jersey con bolitas no decidía los destinos de la región. Ni siquiera Irán era un depredador islamista aliado con la izquierda latinoamericana, sino una bonita monarquía bastante amiga de Occidente, con bellas muchachuelas vestidas de alegres modelitos de falda y blusa, disfrutando de cafés y tertulias como si el mundo aún fuera joven y libre. ¡Oh! ¡1945! ¡Tiene razón la izquierda!
Pero, un momento: ¿por qué recuperar el orden mundial de 1945? Vayamos más lejos aún. Quizá podríamos volver a las reglas del Tratado de Qadesh entre Ramsés II y Hattusili III del 1259 a. C. O qué sé yo, a la pax romana, o al Tratado de Mesilim del 2550 a. C., cuya garantía de cumplimiento era la amenaza de maldiciones de los dioses a quien violase lo pactado. Que ya estoy viendo a Trump considerar que si su ejército pone un pie en Venezuela, el dios Ningirsu actuará tal y como especifica la maldición en el tratado; es decir, que los cadáveres de los traidores serán apilados en llanuras para que los buitres los devoren. O quizá se enfadará la diosa Ninhursag dejando infértiles a las mujeres americanas. O Enki, dios de los gráciles humedales, se afanará en secar ríos en su cólera divina, y matará de sed a la nación que ose romper la prestigiosa legalidad internacional de Qadesh vigente.
Si he entendido bien a la coral soplapóllica, nada en el mundo ha hecho peligrar la gran paz posterior a 1945 salvo Donald Trump. Hay que ver lo que se aprende con la izquierda posmoderna. Todo era una balsa de agua. Ni la revolución cubana, ni Chávez robando Venezuela a los venezolanos, ni los cárteles de la droga de Colombia y México comprando a trozos el mismo Occidente que inundan desde finales del siglo XX con su interminable tonelaje de sustancias asesinas. Ni la revolución yihadista iraní que financia la guerra sucia contra Occidente y su cultura cristiana desde hace décadas. Nada de eso perturbó la paz mundial ni alteró el orden jurídico global de 1945 para la izquierda. Tan solo Trump. Todo se ha ido al infierno en enero de 2026 porque Trump logró sacar al cara-morsa de su madriguera sin tener que emplear más que un par de horas de fuegos artificiales, sin víctimas civiles ni grandes destrozos en las infraestructuras.
Me conmueve el llanto de las plañideras europeas. Todos los que han estado viviendo de los aguinaldos bolivarianos, poniendo una vela a Occidente y otra al diablo, que ahora están que trinan porque vuelve el imperialismo, dicen, y están deseando empezar la danza antiyanqui. Me conmueven porque dicen estar dispuestos a dejarse la piel por el pueblo venezolano, pero olvidan que el pueblo venezolano está de feliz borrachera para celebrar la caída de Maduro, y que sus opiniones foráneas e interesadas se las pasan por donde el culo adquiere su nombre. Que se ha dado el caso de señoritos españoles neocomunistas del Madrid de los políticos insultando a exiliados venezolanos cuando festejaban la caída del dictador en las calles españolas, y acusándolos de ser malos venezolanos. Que yo me pregunto cómo puede ser buen venezolano un español, más aún, un español tonto.
Llaman los zurdos a las puertas de la ONU y a su orden mundial de 1945. Suerte con eso. Si no hay amenaza climática inminente en el proceso, ni lenguaje no inclusivo, ni riesgo de islamofobia en la crisis venezolana, la ONU seguirá a lo suyo, dando cursillos de nuevas masculinidades mientras los progres se refieren a ella como si fuera la misma institución de 1945, la que sucedió a la Sociedad de Naciones, y no como un chiringuito folclórico asustaviejas liderado por el zumbado de Guterres, que pinta tanto en el orden mundial como el chat de Terra en las comunicaciones del 2026.
¿Cuál es la soberanía de las naciones infiltradas hasta las cejas de mafias corruptas y corruptoras lideradas por gobiernos extranjeros? ¿Cuál es la soberanía de las naciones que acogen con alegría a terroristas financiados por dictaduras islamistas y bolivarianas? ¿Cuál es el orden mundial que deja todo en manos del desorden, sólo para que ningún intelectual ensobrado pueda decir que Estados Unidos es el policía del mundo? Creía que no había nadie más alejado del mundo real en 2026 que José María Aznar, pero admito que la izquierda de mírame y no me toques le va a la zaga editorial tras editorial.
Todo es mucho más sencillo. Maduro ha caído. Si te parece que algo está mal en esa buena nueva, el averiado eres tú. Dínoslo desde El Helicoide y sin llorar.

