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Trump, Arrinconado por Netanyahu

Todo es por poder y dinero

Quién gana y quien pierde en la guerra entre Israel e Irán, bueno, pues como ocurre normalmente, los que ganan son las elites que gobiernan las principales naciones del mundo, y los que pierden, son las poblaciones de los países involucrados que día a día ven destruidos sus patrimonios y sufren la muerte de sus familiares.

Las guerras, en la generalidad de los casos, son un tema de poder y de dinero que se disfraza de patriotismo, de defensa del territorio y sus recursos, de defensa ante un supuesto agresor más poderoso, de competencia por aspectos de tecnología o para mantener o conquistar el liderazgo y poder en una región concreta.

La guerra entre Israel e Irán no es muy diferente, aunque tiene sus particularidades y destaca que en ella se puede estar jugando el futuro de la humanidad.

Son muchos los intereses, protagonistas y factores que juegan en esta guerra, además de que tiene antecedentes que se ubican en muchos siglos atrás, pero para no provocar mayor confusión, antes de las reflexiones y conclusiones últimas, nos referiremos de forma muy descriptiva a las circunstancias del pasado más reciente, y evitaremos hacer énfasis en las cuestiones religiosas.

COMIENZAN A SURGIR LAS NUEVAS ESTRUCTURAS DE PODER

Hay que señalar que después del triunfo de la revolución de 1917 en Rusia, donde el comunismo tomó el control, y desde allí exportó esa ideología a diversos países, el mundo poco a poco se fue aglutinando alrededor de dos pensamientos dominantes, el socialismo y el liberalismo económico.

La Segunda Guerra Mundial, asocia momentáneamente a los actores principales de esos dos bloques, URSS, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, para vencer a Alemania y sus aliados, y después, como naciones triunfadoras de la guerra, se reparten el mundo.

Basados en acontecimientos reales, pero también en una intensa campaña propagandística de muchas décadas, el pueblo judío se alzó como la víctima de esa guerra, y el signo de aquello que no debía repetirse nunca más. El fenómeno de la dispersión de las comunidades israelíes por el mundo, que se había iniciado desde épocas remotas antes de Cristo, producto de la segunda gran guerra, vuelve a ocurrir, con el matiz de que ahora, muchos de esos migrantes, retornan y se dirigen a las tierras que consideraban su origen.

Solo pare recordar algunos datos históricos importantes para estas reflexiones, en 1947 la ONU adopta la resolución 181, en la que propone que en el territorio de Palestina se conformen dos estados, uno árabe y otro judío, aunque fueron los árabes los que se opusieron por considerar que no había sido consultada la población, historiadores y analistas reconocen que la distribución de tierras que se propuso, se efectuó de manera absurda, lo que en buena medida, junto a otros intereses políticos, impidió la consolidación del estado palestino, y con ello se sembró la semilla de la conflictividad del Medio Oriente, que permanece hasta nuestros días. La presencia y los intereses de las potencias europeas, que tenían muchos siglos metidas en esa zona del mundo agravó aún más el escenario. En 1948, los israelíes lograron su independencia, lo que vino a agudizar las tensiones.

Solo para que se note lo absurdo de la propuesta práctica de Naciones Unidas, establecía crear un estado palestino con territorio discontinuo, dentro de otro estado que era el israelí. Para colmo, en ese momento había más habitantes palestinos, que vivían desde muchos siglos atrás en esas tierras, que los judíos reincorporados por la guerra y las migraciones.

Estados Unidos fue uno de los varios países en donde se refugiaron una gran cantidad de migrantes judíos, que, al paso de los años, permitió la creación de una de las comunidades con mayor influencia económica y política. Como muestra de lo anterior, allí se encuentra actualmente el influyente “lobby israelí”, conocido como AIPAC, que ha logrado tener un control decisivo de muchos de los acuerdos del Congreso Norteamericano y de estructuras del gobierno. Para tratar de explicar la importancia de esto, se debe de entender que dentro del país que es considerado el más poderoso del mundo, opera una instancia supranacional no oficial, que siempre actúa en beneficio de otro país, Israel. No se puede dejar de mencionar también que muchos de los grandes capitales, no solo de Estados Unidos, sino del mundo, son de origen judío, con todo lo que ello significa en la generación, uso y destino de la riqueza. Esto no tiene que ver nada con teorías de la conspiración, sino con realidades concretas.

Por otra parte, hay que decir que actualmente, dentro del gobierno de Benjamín Netanyahu, se encuentran muchos de los representantes más radicales del sionismo, que es la ideología que mueve la política israelí, y que abanderan un proyecto nacionalista y expansionista que se conoce como el “Gran Israel”, el cual, basado en pasajes bíblicos, propondría contener los territorios completos o partes importantes de algunas naciones, dentro de ese estado judío. A final de cuentas, aquellas que están ubicadas entre los ríos Éufrates y el Nilo, aunque hay muchas discusiones respectos a territorios y áreas en concreto, en términos generales estaríamos hablando de que los países afectados sería Irak, Arabia Saudita, Jordania, Siria, Líbano y Egipto.

Fue el propio promotor del estado de Israel y fundador del sionismo, Theodor Herzl quien llegó hablar del estado judío que abarcara la tierra prometida. Si bien es cierto que esta idea no quedó como una propuesta fundacional, la realidad es que se mantuvo hasta llegar a lo que ahora, un gran número de judíos, lucha por alcanzar: El “Gran Israel”, que por cierto es un proyecto que los evangélicos de muchas partes del mundo, particularmente de Estados Unidos, respaldan.

Después de los diferentes movimientos y guerras que han surgido a lo largo de varias décadas en la región (solo hay que revisa un mapa), se ha acabado con mucha de la riqueza y capacidad militar de los países más importantes de esa zona, algunos de los cuales  significaban un freno para los intereses expansionistas o de poder de Israel-Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y ahora, nuevamente, Alemania De todas esas naciones poderosas, solo queda en pie Irán, un país que no es árabe, sino persa, con una gran extensión de territorio, cerca de cien millones de habitantes y mucha riqueza.

Acusada de financiar a los hutíes de Yemen, a Hezbolá de Líbano, y a Hamas de Palestina, de contar con armas nucleares, Irán es un país musulmán de mayoría chiita, gobernado por los ayatolás, dirigentes religiosos. Según la información difundida desde hace mucho tiempo, todas esas acusaciones al parecer son ciertas, excepto la de las armas nucleares, pues hasta la propia Tulsi Gabbar, directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, aceptó que Irán no contaba con ningún tipo de arma nuclear, aunque hay que destacar que, en horas recientes, en un mensaje en redes aseguró que fue mal interpretada y que en realidad Irán esta a muy poco de lograr un arma nuclear.

Netanyahu y el propio director de la Organización Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, con diferentes tonos, pero tuvieron que desdecirse sobre que había armas nucleares en Irán. La declaración inicial del primer ministro israelí, era que habían realizado un ataque preventivo a Irán por el riesgo de ser atacados con armas nucleares, hace unos días, tuvo que cambiar el discurso, y ahora dijo que, Israel atacó a Irán porque contaba con misiles balísticos.

EL FACTOR TRUMP

Entonces, quién es Donald Trump, el enemigo del llamado “Estado Profundo” de Estados Unidos, un mentiroso que siempre ha formado parte de esa instancia de poder, o es un gobernante inepto. La pregunta está en el aire.

Debido a su mala experiencia por las enormes complicaciones que tuvo en su primer mandato de gobierno, ocasionado por los grupos de poder enquistados en todos los niveles de la administración, Trump impulsó en su segunda campaña alejarse del modelo de gobierno establecido en su nación, y generar uno nuevo, uno que estuviera preocupado por la soberanía del país más que por los intereses internacionales y el globalismo, de esta manera, Estados Unidos ya no sería el responsable de la seguridad global; un gobierno ocupado en atender las necesidades de su población más que apoyar a instancias y proyectos internacionales; un gobierno que regresara a los valores que permitieron que Estados Unidos fuera una gran nación; un gobierno, dijo, que sería recordado por las guerras en las que no había participado.

El pueblo norteamericano le otorgó el triunfo. Bajo el slogan, movimiento social y cultural conocido como MAGA (Haz a los Estados Unidos grande otra vez), arrasó y logró el control del Senado y la Cámara de Representantes.

Aunque muchos analistas, en su momento, consideraron que, con la llegada de Trump al poder, al gobierno del país más poderoso del mundo, había que dar por muerto al globalismo y su tendencia belicista, al control del sistema financiero global, al aprovechamiento de la riqueza de las naciones solo por las potencias mundiales, así como a las presiones para que las nuevas propuestas culturales generadas a través del wokismo fueran implementadas en cada país, la realidad demuestra que los que abanderan esas propuestas, aún tienen mucha presencia y coordinación, no solo en Europa y Canadá, sino en el mismo Estados Unidos y se encuentran incluso dentro del gobierno de Trump.

LOS DOS BLOQUES TOMAN PARTIDO

Este es el escenario, recorrido de manera muy rápida, dentro del cual se presentó el ataque de Israel a Irán. Periodistas y analista consideran que esto nunca habría ocurrido si Israel no tuviera la certeza de que los Estados Unidos iban a correr en su auxilio, entonces qué ha pasado. Israel e Irán se han propinado golpes muy importantes en instalaciones de abastecimiento de energía, en aeropuertos, oficinas gubernamentales y militares, pero la impresión que se tiene es que Israel va perdiendo la guerra, y Estados Unidos aún no llega a salvarlo.

Algo pasa, pues la Marina y la Fuerza Aérea estadounidense han movido portaaviones y han puesto en el aire, aviones de diferentes tipos y funciones, y literalmente tienen rodeado a Irán; de la misma manera en el “Situation Room” de la Casa Blanca se han reunido varias veces el equipo de seguridad con el presidente Trump e incluso han anunciado que ya se tiene la aprobación del presidente, pero falta el banderazo.

El presidente ha sido contradictorio y errático en varias ocasiones, señalando que saben dónde se esconde el Ayatola Jamenei y que si quisieran lo podrían matar; que puede tomar la decisión de atacar a Irán o no tomarla; ha demandado la rendición incondicional de Irán y señalado que el tiempo de la negociación ya pasó y, a los pocos segundos vuelve a abrir la puerta para realizar negociaciones.

Por su lado, Irán ha dicho que puede negociar siempre y cuando Israel deje de bombardear el país; y Netanyahu ha asegurado que la guerra continuará y que el error cometido en otras ocasiones ha sido negociar.

Gran Bretaña, Francia y Alemania han sido muy discretas en su actuar, siendo las principales impulsoras de las guerras, ahora se cubren bajo la sombra de Trump, pues saben que una catástrofe los puede arrastrar.

En la visión de analistas militares, es claro que Netanyahu y sus aliados le pusieron una trampa al presidente norteamericano para que se viera involucrado en el conflicto, pero también que Trump no quiere la guerra, no solo porque así lo prometió a sus votantes, sino porque significaría entrar a un desgaste económico y militar, que muy probablemente ya no aguantaría Estados Unidos. Trump recibió un país quebrado por una deuda que ya resulta insoportable para las finanzas nacionales, por ello, se propuso incrementar la inversión y reducir el gasto.

Debido a los fracasos de los primeros meses, como la continuación de la guerra de Ucrania, las políticas anti inmigrantes que se le han revertido y la imposibilidad de reducir el gasto gubernamental, entre otros, Trump está urgido de éxitos y lo último que necesita es una guerra que nadie sabe como termine, pero de la que seguramente él está consciente que sería su final.

Por su parte, Rusia y China se han mostrado mesurados ante el mundo, llamando a la negociación, pero con la certeza de que en la medida que avance el conflicto, ellos se verán beneficiados. Por ejemplo, si en algún momento el Estrecho de Ormuz se viera cerrado, el precio del petróleo se iría a las nubes y las ganancias serían enormes para Rusia.

Aunque formalmente la guerra es entre Irán e Israel, la mayoría de los internacionalistas opinan que es seguro que atrás de Israel está la inteligencia y abastecimiento de algunos materiales de Estados Unidos y de Gran Bretaña, de la misma manera que detrás de Irán se encuentra Rusia, China, Pakistán y Corea del Norte

El presidente Trump se encuentra acorralado y cometió el grave error de morder el anzuelo y adelantar decisiones para un supuesto ataque, y ahora no encuentra como salir del atolladero, como echar reversa.

Es probable que no hayan imaginado la capacidad armamentística de Irán, también es posible que Trump considerara que al hacer el anuncio de que podría participar con Israel en los ataques, Irán retrocedería, y Rusia y China aflojarían el respaldo al país persa.

También existe la posibilidad de que Netanyahu y Trump apostaran al derrocamiento del Ayatola Jamenei mediante una nueva “revolución de colores”. Estos movimientos que se demostró en países de Europa Oriental y Medio Oriente que fueron impulsados y financiados desde fuera para poder tomar control de esos países y sus riquezas; solo que no contaban con que Irán cortaría el internet para evitar las comunicaciones y la coordinación para un golpe de estado, además de que han conseguido detener a varios agentes del Mossad israelí operando dentro de su territorio.

Entonces, al parecer, todas esas suposiciones estuvieron equivocadas y ahora Trump se encuentran en medio de un avispero, y ante la presión, ha tenido que anunciar que será en dos semanas, cuando tome la decisión de qué hacer frente al conflicto de Israel e Irán. Este anuncio que, dada las circunstancias, parece poco serio, le otorga tiempo y espacio para buscar alternativas de solución. Sin embargo, el anuncio tiene lecturas y consecuencias importantes.

  • En primer lugar, qué va a pasar con Israel, que anunció el agotamiento de los misiles usados por sus sistemas defensivos, por lo que a partir del domingo es probable que los drones y misiles balísticos iraníes ingresen libremente a territorio de Israel
  • Ante esto, qué hará Israel, quien también estaría acorralado y podría usar un arma nuclear, aunque fuera de tipo táctico, es decir, de potencia inferior a las de tipo estratégico.
  • Si esto lo llegara a realizar Israel, definitivamente se estaría al borde de una guerra nuclear amplia, es decir, que podría involucrar a muchos otros países.
  • El anuncio del gobierno de Trump, por otro lado, parece mandar el mensaje de que reconoce que esa guerra no se la puede ganar a Irán, y a los que están atrás, y se ubica en una peligrosa posición de debilidad.
  • Otra lectura es que el presidente norteamericano prefiera asumir el costo de “recular”, que puede ser inferior al costo de enfrascarse en una guerra. Aun así, no podría abandonar a Israel a su suerte, sin pagar un costo altísimo que muy probablemente sería dejar la presidencia en los siguientes meses.

Como se acostumbra decir, esta historia continuará, pero hasta donde va, no parece tener un final positivo para el presidente Donald Trump, quien deberá de agudizar su creatividad para encontrar una salida que le permita sobrevivir al tsunami que está a punto de caerle encima.

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