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Violencia Fuerte, Paz Duradera

Recuerdo que, cada vez que en las clases de la universidad se hablaba de convocar a los países en conflicto, a los grupos ideológicos violentos o a comportamientos fuera de la gobernabilidad, el resultado era reprimir, sancionar, expulsar y abrir espacios, frecuentemente, para un conflicto mayor.

Las cosas no han cambiado mucho. Rusia-Ucrania, la franja de Gaza, Los Ángeles, Irán o México. De pronto, nos acostumbramos en el caso local, a ver a las fuerzas armadas deambulando por las calles con armas de alto poder, creyendo que esos rondines son sinónimo de paz y tranquilidad social. Nada más errático.

Lo he sostenido en otras oportunidades. La paz es una tarea artesanal que se va construyendo cada mañana.

La paz no es estar quietos, callados, resignados a lo que sea y con una capacidad de aguantar todo el mal que se le ocurra a alguien. La paz tiene sus procesos y es fundamental comentarlos, formarlos y hacerlos parte consciente de nuestra vida.

Un primer paso, haciendo mías las palabras de SS León XIV, es hacer labor de albañilería social para tender puentes efectivos, resistentes y sellados con buena voluntad. En vez de actuar contracorriente de todo como lo hace un pequeño y disminuido senador que ha metido en problemas a su partido, su presidenta y a todo el cuerpo diplomático por el número de insensateces progresivas que emergen de un extraño pensamiento soberbio.

Por lo mismo, en un segundo momento, es necesario pedir luces, informarse, leer un poco, contrastar las ideas de quienes piensen diferente; analizar sus razones y estar abierto a dialogar con lealtad y hombría de bien, con deseos de “hacer paz”, difundirla y convertirla en un sistema de vida.

No se trata, considero, de oír o dejar de hacerlo con los corridos tumbados o las canciones que pregonan loas a la deshonestidad, la violencia o la drogadicción. La dirección de nuestra comunicación y acciones tienen un destinatario fundamental: las y los jóvenes Con ellos, los adultos tenemos que aprender a ser “faros de esperanza y de paz”, citando de nuevo a León XIV, para redescubrir los valores superiores y rebasar la tristeza, la resignación y el aislamiento

Creo, al final del día, que todos aquellos que podemos ejercer un liderazgo para el bien común de la sociedad mexicana, necesitamos hablar, comentar, dilucidar y ver la construcción de la paz duradera, como una prioridad desde la familia. Por eso creo que la paz es el camino.

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