Un Llamado Permanente Desde el Silencio del Corazón
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Un Llamado Permanente Desde el Silencio del Corazón

Desde el interior y lo profundo de nuestro corazón Dios nos hace un llamado permanente y silencioso, un llamado que no se calla o se apaga, es un fuego ardiente, que solo los hombres de fe pueden experimentar. Esa es la Gracia Santificante, para aquellos que aceptan vivir en la verdad, porque solo Cristo es el Camino la Verdad y la Vida.

Entonces ese llamado y mandato de “ser Santos en toda nuestra manera de vivir” nos lo recuerda San Pedro 1:15, que debemos vivir cada momento de nuestra vida con un inmenso amor para con nuestra familia, amigos, trabajo, es decir en todas nuestras circunstancias de vida e incluso hasta con nuestros enemigos. Pues recordemos que también nos pide amar a nuestros enemigos. Entonces el Señor nos demanda una actitud de disposición al amor, a ese amor que solo él sabe entregar.

Dios nos da una enseñanza simple a través de sus parábolas, para que podamos entender y hacer vida su voluntad, nos instruye para que a través de su palabra vivamos sus mandatos, desafortunadamente los católicos nos conformamos con un conocimiento escaso de la Palabra de Dios, leemos poco la biblia y desconocemos por lo tanto las Sagradas Escrituras. No reconocemos la enorme trascendencia que tendría para nuestra vida saber lo que nos pide Dios, pues de ello depende el que podamos alcanzar la vida eterna.

Como pretender ser sal de la tierra si no lo conocemos, sino tenemos sabor, si en nosotros mismo reina la tibieza y el pecado. Tampoco podremos ser luz que brille y alumbre a los que vive en tinieblas y obscuridad.

Pues bien, el testimonio de vida es necesario para aspirar a ser santo, debemos por tanto conocer la voluntad divina, ya que sin el alimento de vida que nos da el conocerlo y amarlo a través de su Palabra, nuestro esfuerzo puede ser vano.

Que nuestro corazón busque como una necesidad espiritual y alimento permanente conocer lo que Dios nos revela en la Biblia, que cada día nos demos un espacio para leer y meditar qué nos pide y qué es lo que nos otorga Dios como regalo especial para nuestra alma. Él toca siempre nuestra puerta y si le abrimos el entrará y cenará con nosotros. Recordar a San Jerónimo: “Desconocer las escrituras es desconocer al mismo Cristo”. No seamos católicos insensatos que por nuestra ignorancia rechacemos la sabiduría que Dios nos quiere revelar para vivir según él nos pide a lo largo de nuestra vida.

El mundo de hoy vive una profunda ausencia de Dios, la violencia nos arrebata esa esperanza y fe en el amor misericordioso que solo Dios puede ofrecer. Debemos estar convencidos de que Dios es amor y todos estamos llamados a la perfección. Debemos desear que el mundo que hoy vivimos se convierta para nosotros en un camino de santidad.

No olvidemos que esta es su creación y solo él se nos revela para salvarla y para salvarnos, y que algún día gocemos de los misterios divinos que nos prometió. Vivamos con esa confianza plena en su amor inmenso que trasciende el tiempo y el espacio que hoy nos toca vivir.

San Agustín decía con sumo ingenio: el océano es inmenso, pero nadie puede sacar más agua que la que quepa en su cántaro. Que el esfuerzo de cada día por ser un buen alfarero nos lleve a moldear un buen cántaro para la eternidad.

Dispongamos nuestro corazón y nuestra alma a permanecer firmes en la búsqueda incansable del amor divino. Emprendamos la marcha diaria hacia lo eterno y que, a través del silencio y la soledad, logremos escuchar lo que nos pide y pueda habitar nuestro corazón.

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