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El Derecho a la Vida Desde la Posverdad

Como sostiene la Maestra Nélida Zaitegi, de la Universidad de Barcelona, en la actualidad, el ser humano nace, crece y es educado para cumplir las Tres “C’s”: Para formarse como Consumidor, Contribuyente y Competitivo de acuerdo con las “reglas” de la posverdad.

El resultado es visible en nuestro tiempo. Por ello mismo, el llamado “Derecho a la Vida” de contar, solo adquiere la posición de un rasgo de oratoria sin fondo, porque lo relevante en la vida de las personas, son los prototipos de “éxito” que proponen los medios, las redes y algunos personajes que sostienen que cantan, como en el caso de ciertos corridos tumbados.

La vida de la persona humana y de todas las personas, deja de adquirir un sentido profundo de la vida como decía Víktor Frankl, porque desde la infancia, la personalidad se va construyendo en orden al nivel de impuestos que el ciudadano debe entregar “para ser gobernado” y sostener, usualmente, a toda una casta dorada integrada por la alta burocracia que, como ahora, siempre argumenta la austeridad como bandera política.

Finalmente, el ciudadano es formado por el sistema, no para potenciar sus cualidades y virtudes temporales y trascendentes, sino para ser competitivo de acuerdo con las normas del mercado, que multiplica las ofertas y posiciona en el marketing una serie de marcas, de forma tal, que las necesidades creadas son mucho más valoradas que la vida humana.

Y, dentro de este mare magnum, bastan unos cuántos argumentos consumistas y soberbios para que, un grupo de personajes al levantar la mano, estén trozando la vida de un nuevo ser.

Lo perverso, en mi opinión, resulta cuando ves a una madre “celebrando” el asesinato de su hijo en el propio vientre. Y al hacerlo, grita llega al paroxismo de las tragedias, pero sonríe con una alegría intimidante para cualquier otro ser humano, porque se festina también la venta de los fetos para producir cremas y ungüentos de belleza.

Entonces, en mi opinión, puede pasar y podemos esperar cualquier barbarie, cualquier estupidez mayúscula, porque quien acaba con la vida humana en el seno materno, puede comportarse en la forma más funesta que cualquier puede llegar a imaginar.

Porque, cuando se ausenta el respeto a la vida de la persona humana, no tendría por qué extrañarnos los millones de productos químicos, de pastillas de fentanilo, las toneladas de marihuana o los homicidios múltiples en las escuelas, los parques, los salones de fiesta o los servicios funerarios.

Cierto. Esto habla de los niveles de putrefacción en las sociedades, de la ausencia de valores de orden superior, de una legislación que proteja al inocente asesinado, en vez de liberar al violador. Hoy, el abrazo y agradecimiento desde esta columna al grupo de legisladores del Congreso del Estado de Guanajuato que pusieron a la vida humana como prioridad. Gracias a ustedes

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