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La Reforma para Claudia y los Suyos

Después de la reforma al Poder Judicial, se aproxima lo que podría ser la batalla interna más significativa entre el “claudismo” y el “lopezobradorismo”: la tan anunciada reforma electoral, que ya tuvo un primer episodio con la eliminación de la reelección legislativa y municipal, así como con la restricción al nepotismo en la sucesión de cargos públicos.

Por cierto, en este último punto, Sheinbaum sufrió una derrota: la entrada en vigor será hasta 2030, y no en 2027 como ella deseaba. Adán Augusto López y Ricardo Monreal movieron sus piezas, y el Partido Verde amagó con romper su alianza con Morena. ¿La razón? San Luis Potosí —el único estado que gobiernan— tiene en Ricardo Gallardo una apuesta para su sucesión. Si el cargo debe recaer en una mujer, tiene a su esposa, la senadora Ruth González; si es hombre, a su padre, el diputado federal Ricardo Gallardo Juárez.

El primer paso rumbo a esta nueva reforma electoral fue el nombramiento de Pablo Gómez Álvarez como presidente de la comisión especial encargada del tema. Hasta hace unos días, Gómez encabezaba la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), un organismo que —desde el sexenio anterior— ha operado más como un instrumento de golpeteo político que como una entidad de combate al crimen financiero.

En su lugar, al frente de la UIF queda Omar Reyes Colmenares, un policía cercano a Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC). Reyes Colmenares era director de Prevención y Reinserción Social de la SSPC, y previamente ocupó cargos de inteligencia y seguridad en la Ciudad de México.

Ahora, Pablo Gómez encabezará la reforma electoral, pero no estará solo. Sheinbaum ha sumado a otros funcionarios a esta comisión. Lo interesante es que varios de ellos son cercanos a AMLO. ¿Busca distraerlos de las decisiones clave del gobierno o busca consensos para evitar “derramamientos de sangre”?

Además de Gómez, la comisión está integrada por Rosa Icela Rodríguez (Secretaría de Gobernación), José Peña Merino (Agencia de Transformación Digital), Ernestina Godoy (Consejería Jurídica), Lázaro Cárdenas Batel (Oficina de la Presidencia), Jesús Ramírez Cuevas (Coordinación de Asesores) y Arturo Zaldívar (Política y Gobierno de la Oficina Presidencial).

Entre los leales a Sheinbaum están Peña Merino, Godoy y Cárdenas Batel. Por el lado de López Obrador, figuran Ramírez Cuevas y Zaldívar. Rosa Icela, aunque más afín al expresidente, juega un rol institucional y tiene especial interés en esta reforma, pues busca la gubernatura de San Luis Potosí en 2027. Pablo Gómez, por su parte, es un político pragmático; si bien guarda cercanía con los “morenistas puros”, deberá ceder en algunos puntos ante la presidenta.

La ausencia de expertos en materia electoral, legisladores o representantes de la oposición no sorprende. Tal vez se sumen algunos después, pero no desde el arranque. Lo que sí llama la atención es que no se incluyó a nadie del actual INE, a pesar de su clara subordinación a la 4T, ni del Tribunal Electoral, convertido ya en apéndice del oficialismo.

¿Qué esperar de esta nueva reforma electoral?

Muy sencillo: todo el pastel para la 4T. La lucha será ver qué decoración se impone: la del claudismo o la del lopezobradorismo.


La oposición, como siempre, no está invitada a la fiesta.

EL DATILLO

Aunque fue usado como cortina de humo por el gobierno, el caso de Israel Vallarta empieza a generar dolores de cabeza. Su liberación no solo reabre el debate sobre el sistema de justicia, sino que salpica a figuras hoy en decadencia dentro del oficialismo, como las ministras en retiro Olga Sánchez Cordero y Arturo Zaldívar. Además, revive los famosos “montajes” televisivos en los que participaron Televisa y Carlos Loret de Mola.

Ya hay reclamos fuertes entre quienes hoy visten la camiseta de la 4T. Y la presidenta Sheinbaum ya está molesta.

La pregunta es: ¿a quién culparán ahora?

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