Negociación o Muerte

Negociación o Muerte

Cerca del mediodía del pasado 22 de febrero, México se empezó a paralizar poco a poco; una ola de violencia recorrió el país, como una muestra de poder y un mensaje implícito, negociación o muerte.

El detonador fue la noticia, al principio no oficial, de que Nemecio Oseguera, alias El Mencho, había muerto en un operativo militar del gobierno federal, en el pueblo mágico de Tapalpa, Jalisco.

El Mencho, de 59 años de edad, fue uno de los principales responsables de la violencia y los asesinatos que padece México, al encabezar uno de los carteles criminales más importante en la historia del país, y uno de los más influyentes del mundo, como lo demuestra su presencia determinante en 27 estados de la República y en por lo menos 40 países. Dedicado al contrabando de drogas, de huachicol y de personas, el CJNG ha sido catalogada como una de las organizaciones más violentas y sanguinarias.

De ese tamaño es el significado de lo ocurrido hace unos días; acto, por cierto, con el que el gobierno mexicano de la señora Claudia Sheinbaum, rompió de forma clara y evidente con la línea marcada por el anterior presidente, Andrés Manuel López Obrador de “abrazos no balazos”.

Eso es lo que pudimos ver, pero hay muchas dudas y preguntas en torno a los hechos ocurridos. ¿En verdad fue la presidenta la que tomó la decisión del operativo? ¿Estuvo enterada del desarrollo de los acontecimientos? Esto es porque sucedieron algunos eventos que no cuadran dentro de la secuencia de hechos.

Como premisa, es obvio que el gobierno mexicano entendía el alcance del operativo, entonces por qué la presidenta realizaba una gira por el estado de Coahuila, con diferentes eventos en materia de vivienda, salud y programas sociales, y no se encontraba en algún lugar adecuado, rodeada de sus asesores y equipo, atenta a tomar las decisiones que se requiriesen, en razón del operativo.

Por qué la presidenta no estaba resguardada y protegida. Era lógico que el cartel más violento y sanguinario, tendría algún tipo de plan o protocolo ante acciones del gobierno u otros actores, que pusieran en riesgo la integridad de sus liderazgos; recordemos lo que ocurrió con Ovidio Guzmán, hijo del Chapo que, reconocido por el propio López Obrador, fue liberado por mandatario para evitar que hubiera violencia en Sinaloa.

Contra toda lógica, la presidenta se encontraba en un ambiente fuera de control y seguridad, entre gritos y rodeada de una muchedumbre, en San Pedro de las Colonia, Coahuila. Ahí fue cuestionada sobre si El Mencho estaba muerto, ella no desmintió ni confirmó el rumor, solo alcanzó a decir que el Gabinete de Seguridad informaría más tarde. Si alguien hubiera tenido la intención de atentar en contra de la mandataria del país, seguramente ese escenario podría haber sido aprovechado.

La realidad es que el pasado 22 de febrero estuvo lleno de ausencias y vacíos de información. La autoridad no se mostró en control de la narrativa.

Al día siguiente, durante la conferencia mañanera, la presidenta Sheinbaum participó de manera marginal, como si solo quisiera confirmar que sigue encabezando el gobierno, pero se negara a tener un papel protagónico en los hechos.

Omar García Harfuch complementó y ofreció algunos datos, pero el que llevó la voz cantante fue el secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, mediante una descripción de acontecimientos pobre, básica, en la que quizás lo más destacado fue que se le quebró la voz en el momento de hablar de los soldados caídos.

Luego de haber transcurrido varios días, el propio gobierno solo se ha aceptado que los Estados Unidos intervinieron con intercambio de información, que no hubo presencia extranjera de ningún tipo en el operativo, y nos aseguran que El Mencho murió a consecuencia de sus heridas y que no lograron llevarlo a tiempo a un hospital para que fuera atendido. Nadie ha visto el cuerpo de El Mencho, los norteamericanos extrañamente han actuado de forma muy mesurada, incluso el propio presidente Trump. Da la impresión de que no quieren afectar más la estabilidad del gobierno mexicano, ni contradecir de forma evidente su narrativa.

No obstante, hay rumores de todo tipo: que el gobierno mexicano eliminó al narcotraficante para evitar que fuera a proporcionar nueva información sobre los políticos de Morena involucrados en el huachicol y narcotráfico; que de común acuerdo, los gobiernos de Estados Unidos y de México, lo eliminaron para evitar que desde prisión pudiera seguir operando el cartel; que el operativo y la muerte de El Mencho se efectuó para evitar que el CJNG realizara atentados para boicotear el mundial de futbol, entre otros.

En todos estos rumores hay elementos creíbles y algunos no tanto, lo que si podemos concluir es que el CJNG tiene una organización importante, que es capaz de realizar planes de contingencia y que los actos violentos que realizó fueron solo una muestra de su poder, es decir que su capacidad es mucho mayor. Entonces, surge la pregunta, por qué no la usó. Por un lado, porque posiblemente supieron que El Mencho ya estaba muerto, pero principalmente porque no desean quemar la plaza, sino mantener su poder sobre ella.

Algunos analistas piensan que lo peor está por venir, debido a la violencia interna que se puede desatar por el enfrentamiento entre los aspirantes a tomar el liderazgo, y que el mundial de futbol puede ser el gran escaparate donde ellos podrán actuar. Ciertamente esto escenarios son posibles. Sin embargo, hay que reconocer que El Mencho construyó un cartel que opera con razonables niveles de inteligencia, por esa razón seguramente entienden que después de lo ocurrido deben de reorganizarse. Hasta ahora han actuado con mesura, paciencia y control, y parecieran esperar la respuesta a su mensaje codificado del 22 de febrero: quieren negociación o quieren desatar la violencia y la muerte por todo el territorio nacional.

Independientemente de la realidad de lo ocurrido, lo que surge como una verdad incuestionable, es que el poder de El Mencho, como antes fue el del Chapo y muchos otros, no se entiende sin el apoyo y la participación de los políticos corruptos, que operan como sus aliados y, muchas veces, como sus verdaderos jefes.

El gobierno de Estados Unidos ha presionado al gobierno de Claudia Sheinbaum para que actúe en contra de los carteles de la delincuencia organizada, y sin este factor, muy probablemente seguiría la política de “abrazos y no balazos”; hay que aclarar que esto nos es ninguna especulación, pues fue la propia presidenta quien lo declaró al principio de su administración.

Entonces, podemos lanzar una pregunta más, el gobierno de Estados Unidos del presidente Donald Trump, ya está satisfecho con lo obtenido hasta este momento, y permitirá que se dé un reacomodo en el CJNG y que los narcopolíticos acepten la invitación para alcanzar nuevas negociaciones y alianzas. Suena difícil de imaginar.

México y su población viven uno de los momentos de mayor fragilidad, pues se encuentra a merced de diversas fuerzas enfrentadas entre sí: El gobierno de Estados Unidos, el CJNG y los demás grupos de la delincuencia, Así como las diferentes facciones de la 4T enfrentadas por el poder y la riqueza del huachicol y otros recursos. Pareciera que el futuro de México, en buena medida, depende de lo que ocurra en los próximos meses en los Estados Unidos, tanto de los resultados de las elecciones intermedias, como de que siga o no el presidente Trump, debido a la posibilidad de un juicio político o proceso de destitución, o incluso, debido a su muerte por algún atentado. Esta última posibilidad, recientemente la acaba de señalar el propio presidente Trump.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *