Suspenden Líneas de Celular por ¿Seguridad?
En Facebook circula una carta en la que JUAN Ciudadano pide a la Presidenta una explicación, pero no por celular, pues por cuestiones de seguridad le fue suspendida la línea.
Carta de Juan Ciudadano
Carta que Juan Ciudadano le envió a la Presidenta porque le suspendieron su línea del celular por disposición del Gobierno de la 4T
Monterrey, Nuevo León, 17 de agosto de 2026
Dra. Claudia Sheinbaum Pardo
Presidenta de los Estados Unidos Mexicanos
Presente
Me dirijo a usted con el respeto que merece su investidura, aunque debo confesarle que en este momento me resulta bastante difícil comunicarle ese respeto por teléfono, porque hoy me suspendieron mi línea celular.
Mi delito es gravísimo.
No robé.
No extorsioné.
No secuestré.
No falsifiqué facturas.
No desvié recursos públicos.
No hui del país.
No aparecí en ninguna carpeta de investigación.
Ni siquiera estacioné el automóvil en doble fila.
Mi peligrosa conducta consistió en algo muchísimo más temerario: no vinculé mi teléfono dentro del plazo que el gobierno dispuso.
Y por esa razón, después de años pagando religiosamente mi servicio, comprando equipos, pagando impuestos, recargas, planes, IVA, IEPS donde corresponda y todas las demás contribuciones que el Estado mexicano encuentra formas creativas de cobrarme, alguien decidió que mi teléfono debía guardar silencio.
No porque yo hubiera cometido un delito.
Si no, precisamente, para combatir a quienes cometen delitos.
Confieso que todavía estoy tratando de comprender semejante prodigio de lógica gubernamental.
Según entiendo, como existen delincuentes que utilizan teléfonos celulares, la solución consiste en identificar a todos los ciudadanos que utilizamos teléfonos celulares.
Es una idea formidable.
Siguiendo esa misma doctrina, como los asaltantes utilizan automóviles, pronto tendremos que enviar una fotografía de nuestra cara cada vez que carguemos gasolina.
Como algunos criminales usan zapatos, supongo que las zapaterías deberán solicitar CURP, identificación oficial y una fotografía sosteniendo el periódico del día antes de vender unos mocasines.
Y puesto que los delincuentes también comen tortillas, no quiero imaginar los requisitos que habrá que presentar próximamente en la tortillería.
Presidenta:
Me dicen, además, que no debo preocuparme.
Que el procedimiento es seguro.
Que mis datos estarán protegidos.
Que todo se hace por mi bien.
Y que, técnicamente, no están solicitando datos biométricos.
Solamente debo mostrar mi rostro frente a una cámara para demostrar que soy yo, realizar una llamada “prueba de vida”, permitir que un sistema compare mi identidad con mi documentación y acreditar que la persona que aparece en la pantalla es efectivamente quien dice ser.
Pero biométrico no es.
Naturalmente.
Eso sería otra cosa.
Debo admitir que admiro profundamente esa extraordinaria capacidad de nuestro lenguaje administrativo.
Uno coloca la cara frente a una cámara para que un sistema compruebe que la cara pertenece al ciudadano de la identificación…
pero no estamos hablando de biometría.
Estamos hablando de una “prueba de vida”.
¡Qué alivio!
Durante algunas horas llegué a preocuparme pensando que mi rostro pudiera convertirse en un dato identificable.
Pero ahora comprendo que mientras se le llame “prueba de vida”, mi cara deja instantáneamente de ser mi cara y se convierte, supongo, en una especie de trámite espiritual.
A este paso podríamos resolver muchísimos problemas nacionales simplemente cambiándoles de nombre.
La inseguridad podría llamarse “percepción dinámica de protección ciudadana”.
La extorsión podría convertirse en “aportación económica involuntaria”.

