Una Isla que Sufre y Sueña
La poesía es habilidad que pocos tienen. Ante lo inefable, es mejor dejar de buscar la precisión conceptual y el último análisis. Las palabras que mejor describen el momento de las lágrimas o la sorpresa que brinda la Esperanza, provienen de poetas.
El que aquí escribe no tiene ese don. Sin embargo, al intentar pensar en el querido pueblo cubano, mortificado por tantos años y por tantas cosas, me surgen unas torpes líneas que comparto a continuación:
El pueblo cubano amanece con el sol en la frente y amargo sabor en los labios.
El dolor se pasea por venas y arterias ductos resecos que anhelan bondad.
No hay pan en la mesa, no hay luz en el cuarto, silencios que pesan más que el calor del verano.
Manos ajadas reparten lo escaso como en última cena, que presiente el final.
La asfixia se alarga desgarra membranas, pero el corazón inquieto sabe que es preciso soñar.
Soñar, no distraerse, resistir sin odio, sostener el alma, no ceder al miedo, andar con Esperanza.
Soñar con congrí, con trabajo honesto, con sonrisa franca, y abrazo sincero.
Soñar con dignidad con pan y luz eléctrica, con justicia y hermandad, frente al mar mirar con fe.
Así es, ¡busco un camino que no sea cerrar los ojos!
¡Quiero ver entre las sombras, la certeza que presiento, la amistad que me sostiene y que regala libertad!
Isla herida, isla tierna, no te hundas: guarda el sueño que te anima.
Que nadie robe tu futuro, ni manipule tu pasado, que nadie nunca afirme que la lucha ha terminado.
La ceiba en “El Templete” nos nutre por debajo.
Ahí está la fuerza que hoy necesitamos.
Ni Martí ni Varela construyeron solos.
La belleza desarmada, frágil, tímida y discreta sea nuestra salvación. Amén.

