En unos meses el país pasó de vivir una elección democrática a lidiar con un gobierno con actitudes autoritarias, de culto a la personalidad y prejuicios, empeñado en aplicar un proyecto ideologizado, excluyente y que no resuelve los problemas de fondo que vive el país.

Se ha dedicado a destruir parte del andamiaje del viejo sistema y ha mantenido aquello que le sirve para consolidar uno nuevo en donde se repiten historias, corruptelas para mantenerse en el poder.

 

A un año del gobierno de Andrés Manuel López Obrador las promesas hechas en su campaña siguen sin cumplirse, las justificaciones diarias sobre las herencias del modelo neoliberal como origen de todos los males; las resistencias de sus adversarios, los conservadores han comenzado a generar cierto desencanto.

 

Primero aseguró que los primeros frutos de sus planes sociales se verían en seis meses; después que a fines de este año y ahora pide un año más de gracia.

 

Frente a sus fracasos y la realidad adversa ha asumido un control de daños en el discurso, una administración de las promesas, de la esperanza.

 

Ello ha causado una reacción natural en ciertos sectores de la sociedad que han buscado formas de expresar su inconformidad con el nuevo gobierno y el régimen que pretende implantar.

 

Esas movilizaciones para mostrar inconformidad con el Presidente han servido para desahogo, pero corren el riesgo de generar pesimismo y derrotismo al no lograr cambios en el gobierno, por lo mismo pueden radicalizarse más.

 

Muchos ciudadanos mantienen la esperanza de que una vez destruido lo que hicieron los gobiernos anteriores habrá progreso y se acabará la corrupción. Su peso se ve en las encuestas.

 

Ciertos líderes e instituciones de sectores importantes han optado por la negociación con el Presidente, con la esperanza de influir.

 

Se han incrementado las críticas serias de líderes y comunicadores y algunas campañas en redes sociales.

 

Pero hasta ahora esos esfuerzos han sido aislados, han prevalecido protagonismos y no se ha dado un esfuerzo serio, coordinado en la búsqueda de un gobierno que promueva la unidad, que construya con todos los sectores y que promueva una mayor participación ciudadana.

 

La participación ciudadana ha sido y será un factor fundamental en el 2020.

 

El objetivo estratégico será generar un efectivo contrapeso cívico, político y de opinión pública, con firmeza, que haga viable una mejor sociedad y un mejor gobierno.

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No. 283

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