Una noticia sobre el reparto de ayuda por parte de grupos mafiosos en Italia a los más dañados por la crisis económica de la pandemia nos ofrece, como pocas veces, una oportunidad para alertar sobre la manipulación, ineficacia y daños profundos que una acción populista del gobierno puede causar a quienes dice defender.

 

Uno de los efectos de la pandemia del coronavirus es que al haber afectado a todos por igual emparejó el piso. La tarea siguiente será reconstruir economías, tejidos sociales, propuestas de desarrollo humano al futuro y eso permite ver con mayor claridad las rutas y previsibles resultados.

 

Cada sociedad definirá las acciones a emprender, de acuerdo a sus necesidades y capacidades de convocatoria para servir a sus semejantes.

 

Así hemos visto propuestas de largo aliento y alcance, como el Acuerdo Nacional lanzado por el Consejo Coordinador Empresarial y la suma de acciones solidarias entre organizaciones ciudadanas, entidades religiosas y empresarios que son incluyentes y buscan articular esfuerzos.

 

Pero hay dos propuestas de solución que preocupan porque al final no solo rompen el tejido social, sino forman comunidades rehenes para fines electorales o delincuenciales. Para eso se valen de procedimientos similares.

 

Es el caso del dinero en efectivo que el Presidente López Obrador regala en sus programas favoritos y los miles de millones de pesos que ha anunciado que entregará por única ocasión a los pequeños comercios para enfrentar la crisis económica.

 

La otra es la que mafiosos en México han emulado de sus pares en Italia, entregar despensas y dinero en efectivo en zonas pobres y elegidas convenientemente.

 

López Obrador ha acelerado la entrega de dinero en efectivo a sus programas clientelares y promete que además entregará a pequeños comercios 3 millones de créditos “a la palabra”, de 25 mil pesos cada uno, pagaderos en 3 años para “reactivar” la economía.

 

Además entregarán dinero en efectivo para créditos en Infonavit y Fovissste para que los trabajadores autoconstruyan sus casas, con lo cual se pega directamente a la industria de la construcción, la cual ha previsto este año se perderán 500 mil empleos.

 

Para ser sujetos del crédito los aspirantes deben estar inscritos en el padrón del “Bienestar, preferentemente”, el sello electoral del régimen.

 

Las pequeñas y medianas empresas en México pueden ser consideradas aquellas que tienen desde 1 hasta 50 empleados, para las cuales 25 mil pesos no les garantizará ninguna viabilidad.

 

No serán empleos formales; el dinero prácticamente se estará regalando por una sola ocasión y el plazo de los tres año para pagarlo vencerá justo antes de las elecciones presidenciales de 2024. Además con una tasa preferencial sin ningún beneficio para el erario.

 

Es decir, no se trata de un plan de reactivación económica, se trata de formar una clientela electoral, sin un proyecto alternativo de vida, cuya oferta más cómoda será votar por la continuidad de López Obrador.

 

En el caso de los mafiosos mexicanos – al igual que los de Italia – han comenzado a entregar ayudas a comunidades necesitadas en 10 estados, según lo publicado en medios y la proliferación de videos producidos por la criminalidad organizada.

 

Entregan despensas o dinero en efectivo, a cambio de lo cual quedarán como rehenes y dependientes de ellos.

 

Tampoco les va a generar empleos ni alternativas de desarrollo.

 

Del gobierno es una responsabilidad inherente procurar el bienestar de toda la población, no solo de unos cuántos, para quienes convierte en clientela para los fines de su grupo.

 

Un resultado así es exactamente el buscado por los grupos de mafiosos, pero solo para incrementar su poder, excluyente, sin importarle nada más.

 

De fondo, esas dos prácticas mafiosas solo manipulan a las clases más necesitadas, rompen la unidad y armonía de las familias y a la sociedad y lejos de solucionarles sus problema de fondo, los deja frágiles y en el límite de la legalidad.

 

Por las respuestas del Presidente a las acciones de los mafiosos, pareciera que solo les reclama competencia y no se asume como autoridad.

 

“Bájenle y piensen en sus familias” dijo en su mañanera del 20 de abril al ser cuestionado por la ayuda que han repartido grupos del narcotráfico.

 

"Estamos atendiendo lo del coronavirus pero desgraciadamente seguimos teniendo problemas con homicidios, ni siquiera porque existe esta situación del coronavirus se han calmado, entonces que no vengan ahora a decir estamos entregando despensas, no, mejor bájenle, bájenle y piensen en sus familias", dijo.

 

"Ustedes mismos, los que se dedican a esas actividades, si me están escuchando, si me están viendo, hay que tenerle amor a la vida, es lo más sublime, es una bendición, entonces dedicarnos a cuidarnos, a cuidar las vidas de los demás y las vidas propias, no las despensas".

Los cárteles al igual que el sentido populista solo buscan el control de la gente, comprar su lealtad en medio de la tragedia, para ambos es una inversión.

 

En ninguno de los dos casos hay una solución de fondo a los más pobres, se busca una dependencia, el salvavidas económico es la manera de engancharlos el mayor tiempo posible de sus vidas.

Por eso en ambos casos es una forma mafiosa de obrar.

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No. 297

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