En un cambio de táctica para presionar al Presidente Andrés Manuel López Obrador y generar mayores simpatías, el movimiento feminista radical puso la defensa de las mujeres ante la violencia como su prioridad, pero sin abandonar sus exigencias de legalización del aborto y uniones entre personas del mismo sexo.

 

Abrieron una convocatoria a un paro de mujeres para exigir un freno a la violencia para el próximo 9 de marzo y los últimos días un sinnúmero de actores sociales y políticos se han sumado.

 

La incapacidad, enojo y desprecio de López Obrador y su gobierno (autodefinido de izquierda) por las exigencias del movimiento radical feminista lo tienen colocado frente a una opinión pública irritada y sin respuesta frente al fenómeno.

 

La auténtica izquierda radical, con apoyos internacionales, lo rebasó.

Sorprendidas y desesperadas

 

La polarización por convocatoria al paro del 9 de marzo permite definir con mayor claridad los grupos de presión actuantes y los grupos de respaldo.

 

El movimiento feminista radical inició desde noviembre del año pasado una serie de protestas en la Universidad Nacional Autónoma de México para exigir freno a la violencia de género y a los feminicidios. Desde el día 4 de ese mes las Mujeres Organizadas de la Facultad de Filosofía y Letras (MOFFyL) mantienen tomado ese plantel y en las semanas el movimiento se fue ampliando

 

A finales de enero, el EZLN organizó varias reuniones por su 26 aniversario en los territorios bajo su control, una de las cuales fue con miles de feministas nacionales y extranjeras para coordinar acciones. Hubo registros de que tan solo en logística para este evento, los zapatistas aseguran haber gastado más de 120 mil pesos.

 

Diversas informaciones publicadas coinciden en afirmar que hubo participantes extranjeras; hubo consumo de drogas; no se permitió la entrada a ningún varón adulto y el discurso oficial fue de identificación plena con las radicales. En redes sociales y en portales de poca visibilidad o para consumo propio de grupos radicales quedó registrada la participación de líderes del movimiento feminista radical de la UNAM y semanas después las acciones violentas en la máxima casa de estudios fueron calificadas por el rector Enrique Graue como desestabilizadoras.

 

El Presidente López Obrador acusó una mano negra detrás del movimiento, pero sin identificar a los titiriteros. Luego acusó a los conservadores.

 

Tres desafortunados asesinatos de mujeres ocurridos las últimas semanas, el último de una menor, encendieron una indignación generalizada y con ese clima a su favor las feministas radicales lanzaron la convocatoria al paro del 9 de marzo para exigir que cese la violencia.

 

Esa convocatoria ha sido respondida favorablemente por muchas instituciones, sectores y personalidades principalmente por la indignación ante la violencia, la impunidad que llegó a límites insospechado con el asesinato de la menor Fátima a manos de una pareja.

 

Es altamente probable que en una actitud pragmática muchos de esos actores respaldaran al movimiento al ver a López Obrador contra las cuerdas en términos de popularidad, pero sin deslindarse de las demandas de fondo de las feministas radicales. Asumieron lo políticamente correcto.

 

Las feministas radicales al verse desbordadas, han reiterado que su exigencia de fondo es la legalización del aborto, las uniones entre personas del mismo sexo y la difusión de la llamada ideología de género. Han rechazado los respaldos de lo que ellas llaman “la derecha”.

 

Una nueva protesta violenta de las feministas radicales (encapuchadas y con el pañuelo verde al cuello) el domingo 23 de febrero terminó en destrozos e incendios a la sede del Poder Judicial en Hermosillo, Sonora.

 

Al interior del Gabinete, solo la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero ha asumido una actitud de apoyo a la convocatoria. Ella ha sido la principal promotora de esos grupos y ha encabezado sus demandas desde antes de que llegar al Gobierno.

 

En síntesis: la presunta defensa de las mujeres en contra de la violencia es una táctica para ganar mayores simpatías y presionar a López Obrador.

 

En síntesis: es inobjetable la exigencia ciudadana de frenar la violencia en general, la que sufren todos los días hombres y mujeres y por eso la convocatoria al paro del 9M ha encontrado tanto respaldo social.

 

Las feministas radicales no han cambiado ni cambiarán ni sus objetivos ni sus tácticas violentas de lucha, ya lo demostraron en Hermosillo el domingo pasado, en donde aparecen con el torso desnudo y la leyenda “aborto legal” escrita en sus cuerpos.

 

El Presidente López Obrador no ha dado una respuesta, solo ha dicho que no cambiará sus convicciones por el movimiento radical feminista y peor aún, no tiene estructura para responder, su partido Morena, está en medio de un pleito y en la indefinición absoluta.

 

La izquierda internacional y el EZLN aliados con feministas radicales y con respaldo político desde el gobierno federal tienen al Presidente López Obrador contra las cuerdas mediáticas, solo una auténtica participación ciudadana podrá responder a las reales exigencias de la sociedad mexicana a favor de la paz y la unidad.

 

Se trata de ofrecer propuestas alternas para construir la paz, que convoquen a la unidad de hombres, mujeres y familias enteras. De hecho hay ya varias propuestas que comienzan a circular en redes, generadas en distintas ciudades, México, Puebla, Guadalajara.

 

Hay quienes proponen: "conmigo si cuenten ese día, vamos a ayudar a quienes lo necesitan"; otros promueven postales con una mujer embarazada y le leyenda; “ni una más desde el seno materno”.

 

Las fuerzas más sanas de la sociedad están en posibilidad de hcaer del paro del 9M una auténtica protesta por la violencia y no dejar en manos de grupos feministas radicales y violentos una manipulación del tema.

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No. 290

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