Si algo deja el VI Congreso Nacional Extraordinario de Morena celebrado este domingo es el rompimiento interno al primer nivel entre el Gobierno y su partido; y la definición de dos bandos: el de Yeidckol Polevnsky contra todos los demás.

 

La operación para recuperar el control del partido partió de un desafío legal a las autoridades electorales al convocar a un evento previamente desautorizado; la alianza de prácticamente todas las corrientes opositoras; la designación temporal de una dirigencia nacional y la amenaza de presionar a las autoridades electorales si no se les autoriza.

 

Técnicamente es un golpe interno.

La presidenta del Consejo Nacional, Bertha Luján perfiló la profundidad de la división y la técnica del golpe para suplantar a Yeidckol Polevnsky (Citlalia del Carmen Ibañez Camacho).

 

La nota de La Jornada es ilustrativa:

“Además, la presidenta del Consejo Nacional, Bertha Luján, reveló que Polevnsky incumplió un acuerdo político.

 

“Precisó: Hubo por ahí un árbitro que nos sentó (a ella y a Yeidckol) a la mesa y ahí salió un acuerdo de unidad para emitir una sola convocatoria, firmada por ambas, y quedaban sin efecto los congresos emitidos por el CEN y el consejo, y convocar a uno solo para atender la sentencia del tribunal. Sin embargo, agregó, esperaron hasta el último momento que Polevnsky ratificara la convocatoria.

 

“Luján explicó que Yeidckol sí les envió un documento con observaciones sobre la imposibilidad de realizar el congreso. Querían que no se realizara, pero nos adelantamos y acreditamos la firma de 141 consejeros, de manera que si se anula, tenemos más de la mitad convocando”.

 

Aunque confuso en muchos de sus términos, el Congreso designó a nuevos funcionarios en la dirigencia nacional interina (para unos 4-5 meses), entre los cuales destacan desde personajes de las corrientes ideológicas más radicales hasta militantes nuevos y hasta adversarios de López Obrador.

 

La designación de Alfonso Ramírez Cuéllar como presidente interino concede un lugar a una corriente que desde la época de Luis Echeverría tripula organizaciones campesinas para intermediar millonarios recursos del presupuesto federal.

 

Ramírez Cuéllar, fundador y dirigente hasta hace poco de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA) ha hecho mancuerna durante décadas con José Narro Céspedes, quien ha dirigido la Unidad Democrática Nacional y la dirigencia nacional del Partido del Trabajo.

 

Narro Céspedes llegó a admitir en 2008 que bajo su presidencia, el PT estrechó las relaciones con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que en ese entonces era un grupo de narcotraficantes amparados en una guerrilla de inspiración marxista y que durante 15 años siguieron una tradición de enviar jóvenes mexicanos a adoctrinarse en Cuba, Venezuela y Colombia.

 

Cuéllar y Narro fueron quienes respaldaron y promovieron a las organizaciones que hace unas semanas, a nombre de productores del campo- presionaron con movilizaciones en el Palacio Legislativo de San Lázaro para conseguir presupuesto.

 

La respuesta del Presidente López Obrador ha sido de crítica y de negativa a las demandas de esos grupos en particular.

 

Hoy, Ramírez Cuéllar fue designado dirigente del partido de López Obrador.

 

El Congreso buscó darle la vuelta a la sanción de las autoridades electorales, al relevar integrantes de su dirigencia nacional electos desde 2015 y que han permanecido desde entonces. Ese año, López Obrador era presidente y Polevnsky secretaria general.

 

En noviembre de 2017, López Obrador se separó de su cargo para ser candidato presidencial y Polevnsky, secretaria general, asumió desde entonces las funciones de presidenta.

 

Se mantuvo a 11 integrantes del CEN electo en 2015; designó a otros y mantuvo a Polevnsky como secretaria general.

 

La lista de nombres de los designados es poco clara, pero entre algunos de ellos destaca la diputada federal por el estado de México Xóchitl Nashielly Zagal Ramírez formada al interior de un grupo llamados Los Puros, liderados por Daniel Serrano Palacios, un operador del ala ideológica radical de Morena.

 

Enrique Dussel, uno de los principales defensores y promotores de la llamada teología de la liberación, que iría a la cartera de Formación Política; Estudios y Proyecto de Nación, habría quedado a cargo de Janix Liliana Castro Muñoz, de cuya trayectoria se conoce que es enfermera, activista en Oaxaca y que se unió a López Obrador en 2006 en el bloqueo de Paseo de la Reforma tras perder las elecciones; Mexicanos en el Exterior quedó a cargo de Martha García Alvarado, activista de Morena en Los Ángeles, California.

 

La cartera de Indígenas y Campesinos quedó a cargo de Edi Margarita Soriano, consejera nacional de Morena en Morelos desde 2015, ex secretaria de Mujeres en Morena Morelos y quien firma desplegados como presidenta de una organización que se llama Mujeres por la Cuarta Revolución Social A.C.

 

Los mensajes de los dirigentes denotan una urgencia por recuperar el control del partido, pues se acercan los tiempos para las definiciones de las candidaturas federales en 2021.

 

Pero la decisión final de esta disputa ya no está en Morena, los bandos han judicializado el caso desde octubre pasado y las autoridades electorales instruyeron a la dirigencia a renovar su padrón de militantes y reafiliar a sus militantes antes de realizar cualquier otro movimiento.

 

Por ello y como cierre de la táctica golpisa, Bertha Luján, presidenta del Consejo y aspirante a la dirigencia nacional pidió unidad a los asistentes, advirtió que las decisiones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) son “políticamente cuestionables”, “son inatacables y nos dejan sin ningún recurso jurídico para podernos defender”.

 

“Necesitamos movilizarnos y hacer presión para que el tribunal deje de emitir impugnaciones políticamente cuestionables, porque el hecho de buscar hasta debajo de las piedras un motivo para cancelarlo tiene que ver con el dolo, y tiene que ver con una intervención interina”, lanzó Luján.

 

Están desesperados.

 

¿Qué sigue para Morena?

Lo primero es que debe esperar una nueva resolución del Trife que avale o no el golpe técnico del fin de semana.

 

De no avalarlo, se podrían esperar movilizaciones para presionar al Trife, como lo advirtió Luján.

 

En el fondo se disputan el presupuesto de este año, más de mil 653 millones de pesos y la posibilidad de controlar las candidaturas al 2021 (Mochila Política 102. Morena: el dinero, la marca y el riesgo del naufragio).

 

Si el Trife resuelve a favor de Polevnsky y se cubren los plazos legales para la reafiliación, definición de estructura (dirigencias estatales, municipales y distritales del partido), a ella le correspondería dirigir el proceso de la elección federal de próximo año.

 

Si Yeidckol gana el pleito legal entonces ella y Cuauhtémoc Cárdenas cobran fuerza y obligaría a López Obrador a negociar candidaturas y posiciones. Quizá Porfirio Muñoz Ledo analiza los mismos escenarios para decidir si se queda o se aventura de nuevo con Cárdenas Solórzano.

 

Para quienes quedarían fuera resulta legalmente impensable formar un nuevo partido, quizá lo más aventurado sería que todos se trasladaran a cualquiera de los nuevos partidos satélites, el PT, el PVEM o el PES.

 

Lo contrario, sería el naufragio.

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