El Coordinador de la Bancada Albiazul y presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política en el Congreso del Estado tiene entre otras funciones ser enlace con los demás poderes; pero hoy esta función se encuentra fracturada debido a la falta de liderazgo de su titular, Luis Ernesto Ayala Torres.

 

Con la “reingeniería” en el órgano legislativo se destituyó a funcionarios y colocaron en su lugar incondicionales del “pastor” del Congreso; Christian Cruz Villegas, secretario General del Congreso; Alberto Padilla Camacho, asistente de Ayala Torres y suplente en el Comité de Ética del Congreso; Jorge Cano, quien, a pesar de no contar con estudios en comunicación, se le colocó como titular de relaciones públicas y en la coordinación de comunicación social.

 

Seamos claros, el “pastor” tiene la obligación de “conducir las relaciones políticas con los otros dos poderes del estado, con los ayuntamientos de la Entidad, los poderes de la Federación o de otros Estados y demás organismos y entidades públicas, nacionales e internacionales”; para ello, los diputados, principalmente de su bancada, deben atender los problemas legislativos tomando en cuenta a los otros poderes y el conducto es el presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política.

 

 Sin embargo, el descontento de los diputados al manejo político y a las aspiraciones políticas de Ayala Torres al 2024, mismas que ha puesto por encima de sus obligaciones legislativas, ha generado que los 21 diputados azules prefieran atender sus necesidades prioritarias o de su grupo político interno en el blanquiazul.

 

De ahí que Aldo Iván Márquez Becerra y sus seguidores en el Congreso ocupen su tiempo en presentar iniciativas de Ley con miras a su promoción al 2024 -tiene esperanzas de que prevalezca el poder del ex gobernador Miguel  Márquez y líder de la “cofradía arcoíris”- y lo mismo hacen legisladores como Miguel Salim Alle, Noemí Márquez Márquez, Víctor Manuel Zanella Huerta, Laura Cristina Márquez Alcalá, Rolando Fortino Alcántar Rojas, Armando Rangel Hernández, Angélica Casillas Martínez y Janet Melanie Murillo Chávez

 

Y bien, los legisladores han pasado a ser grupos partidistas convertidos en franquicias que se reparten el botín de los cargos públicos, se benefician a través de contratos, concesiones, licencias, exenciones, condonaciones y nombramientos en puestos clave -si no véase a Jorge Cano, Alberto Padilla y Christian Cruz- con postulaciones a cargos legislativos, reformando leyes y reglamentos que beneficien sus intereses y muchos otros beneficios indebidos e ilegales como el otorgamiento de honores inmerecidos que los favorecieran a ellos o a sus allegados.

 

Bajo este sistema político decadente y antidemocrático se puede entender como en el Congreso del Estado de Guanajuato ha quedado acéfalo el liderazgo político de Luis Ernesto Ayala, quien para consolidar y buscar la candidatura al 2024 renuncia a trabajar por los intereses de su partidos y de la sociedad.

 

Incluso viejos aliados como Miguel Salim Alle han preferido hacer su propia agenda política, otros como Aldo Iván Márquez Becerra -apoyado por Juan Carlos Alcántara Montoya “El Charly” a quien se suma Víctor Manuel Zanella Huerta, José Alfonso Borja Pimentel y Rolando Fortino Alcántar Rojas-; pero otros, como Armando Rangel Hernández, ya curtido en la política azul, construyen su propia agenda.

 

El programa legislativo, para Luis Ernesto Ayala y sus aliados en puestos claves del Congreso, está solo para lograr la candidatura al gobierno del Estado en 2024; pero han cometido el error de olvidarse de las estructuras de su partido, de los demás poderes, de los mismos legisladores, pero sobre todo se han olvidado de los guanajuatenses. Pero es imposible que Luis Ernesto logre sus anhelos del 2024.

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No. 407

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SIRVIENDO A LA SOCIEDAD

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