El Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti (Hermanos todos) considera que el populista “desprecia a los débiles”, los utiliza demagógicamente para sus fines, lo mismo que los “liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos”.

 

Directo, el sumo pontífice señala que el “populismo” o “populista” se ha convertido en una “polarización de la sociedad dividida” llegando al “punto de pretender clasificar a todas las personas, agrupaciones, sociedades y gobiernos a partir de una división binaria: “populista” o “no populista”. Si buscamos ejemplos más concretos recordemos la frase de Andrés Manuel López Obrador: “o conmigo, o contra mí”.

En la encíclica, el Papa explica que “ya no es posible que alguien opine sobre cualquier tema sin que intenten descalificarlo en uno de esos polos, a veces para descreditar injustamente o para enaltecerlo en exceso”.

 

El pastor de la grey católica dice que el populista “ignora la legitimidad de la noción de pueblo” y la lleva “a eliminar” la palabra “democracia” y establece que “Pueblo no es una categoría lógica, ni una categoría mística, si lo entendemos en el sentido de que todo lo que hace el pueblo es bueno, o en el sentido de que el pueblo sea una categoría angelical. Es una categoría mística […] Cuando explicas lo que es un pueblo utilizas categorías lógicas porque tienes que explicarlo: cierto, hacen falta. Pero así no explicas el sentido de pertenencia a un pueblo. La palabra pueblo tiene algo más que no se puede explicar de manera lógica. Ser parte de un pueblo es formar parte de una identidad común, hecha de lazos sociales y culturales. Y esto no es algo automático, sino todo lo contrario: es un proceso lento, difícil… hacia un proyecto común”.

 

Considera que hay “líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo, su dinámica cultural y las grandes tendencias de una sociedad. El servicio que prestan, aglutinando y conduciendo, puede ser la base para un proyecto duradero de transformación y crecimiento, que implica también la capacidad de ceder lugar a otros en pos del bien común”.

 

El populista “deriva en insano” cuando la habilidad de una persona por “cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su servicio personal y de su perpetuación en el poder”.

 

“Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población. Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad”.

 

El Papa recalca que “los grupos populistas cerrados desfiguran la palabra “pueblo”, puesto que en realidad no hablan de un verdadero pueblo. En efecto, la categoría de “pueblo” es abierta. Un pueblo vivo, dinámico y con futuro es el que está abierto permanentemente a nuevas síntesis incorporando al diferente. No lo hace negándose a sí mismo, pero sí con la disposición a ser movilizado, cuestionado, ampliado, enriquecido por otros, y de ese modo puede evolucionar”.

Otra degradación de un liderazgo es “el inmediatismo” que responde a exigencias populistas en orden a garantizar votos o aprobaciones, pero sin avances en una tarea ardua y constante que genere a las personas los recursos para su propio desarrollo, para que puedan sostener su vida con su esfuerzo y su creatividad” y recalca el Papa “estoy lejos de proponer un populismo irresponsable” y considera que “los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras”, pues el trabajo es quien promueve el bien del pueblo, “es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna”.

 

Por ello insisto en que “ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo”.

 

Porque “no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo”. En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo”.

 

“No hay de hecho vida privada si no es protegida por un orden público, un hogar cálido no tiene intimidad si no es bajo la tutela de la legalidad, de un estado de tranquilidad fundado en la ley y en la fuerza y con la condición de un mínimo de bienestar asegurado por la división del trabajo, los intercambios comerciales, la justicia social y la ciudadanía política”.

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No. 319

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SIRVIENDO A LA SOCIEDAD

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